Javier Milei volvió a apuntar contra Paolo Rocca por su encuentro con Lula da Silva: «Principio de revelación»

Luego de criticarlo en la Asamblea Legislativa, el presidente cuestionó la participación del CEO de Techint en la inauguración de una escuela técnica en Río de Janeiro.

Redacción

Por Redacción

La relación entre el Gobierno Nacional y el sector industrial sigue tensándose día a día. Luego de la polémica por la licitación del oleoducto en Vaca Muerta, Javier Milei volvió a apuntar contra el CEO de Techint, Paolo Rocca, a quien el jefe de Estado lo denominó como «Don Chatarrín de los tubitos caros».

El empresario argentino participó de un acto en Río de Janeiro por la inauguración de la Escuela Técnica Roberto Rocca en la localidad de Santa Cruz, en donde también dijo presente el mandatario de Brasil, Luis Inácio «Lula» da Silva.

La iniciativa fue llevada a cabo por la empresa Ternium como parte de una red educativa impulsada por el grupo para fortalecer la formación en áreas claves para el sector industrial.

“Fue muy importante recibir al presidente Lula en la inauguración de nuestra Escuela Técnica Roberto Rocca en Santa Cruz, donde tenemos un centro industrial que emplea a 8 mil personas y produce acero competitivo para Brasil y para el mundo”, expresó Rocca.


La reacción de Milei ante el encuentro de Rocca y Lula


“Principio de revelación. Fin”, reaccionó Milei a través de sus redes sociales luego de cruzarse con un video de Rocca y Lula inaugurando una escuela.

Hace un poco más de una semana, en su discurso para inaugurar el periodo legislativo en el Congreso, el presidente cuestionó de forma tajante a la industria nacional y principalmente a los empresarios.

«Sorprende la defensa encendida de los populistas en favor de la protección de la industria nacional subsidiada, la cual deja claro que son cómplices del saqueo de los argentinos. Muchos políticos, cuando insultaban en público a algunos de los industriales, lo hacían para negociar una coima más alta, no para rechazarla», detalló el mandatario.

El líder libertario hizo referencia a Rocca también: «¿Acaso les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero US$4.000 cuando se paga US$1.400 y que si no se accede a dicho capricho, se amenaza con adelantar el pago de dividendos para intentar poner en jaque al mercado de cambios?“.


Milei no cede ante el pedido de los industriales


La relación entre el presidente de la nación y la cumbre del empresariado argentino marcha sin pausa a un punto de no retorno, en medio de un escenario económico complejo para la economía real. 

En medio de su intercambio de improperios con la oposición el domingo a la noche, Javier Milei afirmó ante la Asamblea Legislativa que “desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista».

Los empresarios sintieron las palabras del presidente el domingo por la noche en el Congreso, como una afrenta. Una más. Por primera vez, las principales entidades de segundo grado que nuclean al círculo rojo empresario, decidieron levantar la voz y manifestar corporativamente su disconformidad públicamente.

La primera en expresarse fue la Unión Industrial Argentina (UIA), con un comunicado titulado «Sin industria no hay nación». En el documento, los empresarios exigen respeto como condición básica necesaria para cimentar el crecimiento, y hablan en nombre del sector productivo en su conjunto.

«En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país. El respeto es el punto de partida para reconstruir la confianza que la Argentina necesita, tanto puertas adentro como frente al mundo»

Por su parte, el titular de la UIA, Martín Rapallini, brindó una extensa entrevista con Infobae donde sin eufemismos reclamó: “Queremos que vuelva el Milei que decía que los empresarios son héroes”. A ello agregó que “yo veo que el empresariado argentino, en general, no ha sido quien fijó la política. Cuando recorro pymes, empresas de distinto tamaño y sectores, noto que lo que hacen es adaptarse; las condiciones cambian todo el tiempo y ellos buscan ajustarse a ellas».

Horas después, la que levantó la voz fue la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Se trata de la entidad que representa lo más encumbrado del empresariado argento: el verdadero círculo rojo. Allí conviven desde Hector Magnetto y Paolo Rocca, hasta personajes muy cercanos ideológicamente al presidente Javier Milei, como el CEO de Mercado Libre, Marcos Galperín.

El escrito de la AEA le marca al gobierno la cancha en relación «al mérito» del crecimiento económico: «Son las empresas privadas las principales responsables de la producción de la mayor parte de los bienes y servicios, de la generación de empleo, de las exportaciones, así como de contribuir a sostener mediante el pago de impuestos el funcionamiento del Estado», expresa el comunicado. En otras palabras: primero las empresas, luego el Estado.

demás, el círculo rojo le reclama al gobierno, y en particular el presidente de la nación, que establezca mecanismos para encontrar el diálogo, y apelan nuevamente al «respeto» como la llave necesaria para el consenso.

«Para avanzar hacia un crecimiento sostenido, es indispensable promover un diálogo constructivo y respetuoso entre el gobierno y el sector privado de modo de remover los obstáculos al desarrollo, así como de generar condiciones cada vez más favorables para la concreción de inversiones productivas en diferentes sectores de la actividad económica», señala el escrito de AEA.


El conflicto de Milei con los empresarios, marca distintiva de 2026


El desplante del presidente a los empresarios durante el discurso del domingo por la noche, es parte de una escalada que crece desde inicios de 2026. Milei los viene castigando discursivamente desde febrero, apelando a chicanas, descalificaciones públicas, y apodos despectivos con el nombre y apellido de los empresarios más importantes del país.

Fue a fines de enero, cuando el presidente arremetió contra Paolo Rocca en el marco de la licitación de los caños para uno de los ductos que sale desde Vaca Muerta, y bautizó al dueño de Techint como «Don Chatarrín de los tubitos caros».

La compulsa favoreció a la empresa india Welspun Corp., que ofertó los caños con un costo 40% más bajo que la empresa argentina y generó un enorme debate en torno a los efecto de la apertura sobre los costos y la eficiencia de la producción nacional, así como sobre el impacto en la mano de obra local.

Más tarde a mediados de febrero, y en el marco del cierre de la planta en San Fernando que dejó a 920 operarios en la calle, fue el turno del dueño de FATE, Javier Madanes Quintanilla, al que el presidente apodó como «Don Gomita Alumínica». La referencia al aluminio, se debe a que el empresario también es dueño de Aluar, que fabrica en el país laminas de aluminio para la industria.

El mandatario acusó a Quintanilla de haber hecho su fortuna «cazando en el zoológico», mientras que el ministro de economía afirmó: «entran cuatro gomas de China y tenés que cerrar, es decir que sos ineficiente». Días después del ida y vuelta con el empresario, el gobierno decidió bajar los aranceles a la importación de aluminio, lo que el mundo empresario interpretó como un golpe directo a Aluar.


La relación entre el Gobierno Nacional y el sector industrial sigue tensándose día a día. Luego de la polémica por la licitación del oleoducto en Vaca Muerta, Javier Milei volvió a apuntar contra el CEO de Techint, Paolo Rocca, a quien el jefe de Estado lo denominó como "Don Chatarrín de los tubitos caros".

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