Neuquén es la clave para entender el Terrorismo de Estado en la Argentina

La dictadura de la región fue la que vivió el país, dice el historiador Pablo Scatizza que está convocado en estos días para hablar sobre las particularidades del golpe de Estado en la norpatagonia, a 50 años del golpe cívico militar. Polemiza sobre la existencia de la triple A en Neuquén y dice que en todo el país están poco visibilizados los centros de detención clandestina.

Por Shirley Herreros

Pablo Scatizza es docente e investigador de la UNCO, doctor y licenciado en Historia. Desde 2006 estudia la represión en la región y a veinte años de haber iniciado este camino sostiene que lo que pasó en la dictadura en la Argentina, en todas sus dimensiones, se puede entender y conocer con los datos de la historia local y de la norpatagonia: cómo funcionó la represión y la dictadura en el país.

Invierte la mirada y sostiene que, lo que ocurrió en Neuquén, en el Alto Valle y en la cordillera, pasó en todo el país; a diferencia de la línea de trabajo que plantea que en la Patagonia «también» hubo represión, desparecidos, torturas, centros clandestinos, sobrevivientes y exilios.

Hace diez años presentó el libro «Un Comahue Violento», editado por Prometeo y desde entonces publicó otras tres obras con la Red de Estudios de la Represión y Violencia política, que nuclea a unos 50 investigadores de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay.

Los ingresos y egresos de la vieja cárcel federal (ex U9) son la evidencia de cómo la represión estatal comenzó en 1975 con el encarcelamiento de presos y presas políticas (foto Matías Subat)

La dictadura en la región fue la que se vivió en el país


«Hace 15 años era muy claro que la gente no sabía qué había pasado acá en la dictadura. Ahora mediante los casos en los juicios y gracias a que se ha hecho mucha militancia y estudio, se conoce. En la Norpatagonia, en Neuquén, Río Negro, la famosa Subzona 52 donde se desplegó el plan ofensivo de la última dictadura, se dio con mucha intensidad. En términos absolutos quizás no con la misma intensidad que en Buenos Aires y en los grandes centros urbanos, pero en términos poblacionales, sí, con la misma lógica, con la misma dinámica, en la cual la tarea de inteligencia era sustancial para poder desarrollar el plan represivo. Se ha comprobado cómo la tarea de inteligencia permeaba y se ramificaba por toda la sociedad conducida, obviamente, por las fuerzas armadas, por las policías y por las fuerzas de seguridad, la SIDE y el destacamento de inteligencia. Había todo un entramado de inteligencia e información previa al accionar represivo: no fue una represión a tontas y a locas, había una tarea de inteligencia de quiénes eran las personas, con quién se conectaban, qué hacían, qué contactos tenían, dónde trabajaban, qué estudiaban, qué pensaba del gobierno, o dónde militaban».

«La red se terminaba armando con el secuestro, detención, interrogatorio bajo torturas, con el poder obtener más información y continuar con los ratios represivos: lógica de inteligencia, represión, interrogatorio bajo tortura, desaparición o asesinato, esto caracterizó a la dictadura. Esta sistematicidad del plan represivo, nos permite dar cuenta cómo fue la represión estudiándola desde Neuquén o desde la Patagonia. Se puede dar cuenta del despliegue represivo de la Patagonia no para contar que acá también pasó, sino para dar cuenta cómo se produjo a nivel nacional».

Pregunta: Por ejemplo?

Respuesta: «Sabemos que el plan represivo se empieza a desarrollar a partir del 75, con el decreto de aniquilamiento. El gran tubo de ensayo que fue el Operativo Independencia de enero del 75, después en octubre, con el decreto de aniquilamiento las fuerzas de seguridad policiales y penitenciarios quedaron bajo el mando de las fuerzas armadas y se autorizó a las fuerzas armadas para intervenir en seguridad interior. Antes del golpe, empiezan a intervenir en la represión interna, en la persecución de la oposición política y acá queda claramente patentado en el libro de ingresos y salidas de la U 9″ (la ex cárcel federal de Neuquén).

«El último ingreso de un preso común fue en abril del 74. Luego entraron el 24 de diciembre 21 personas y luego a partir de noviembre de 1975 se producen más de un centenar de ingresos hasta marzo, bajo órdenes de la Sexta Brigada de Montaña o de la Policía Federal. Y entran hombres y mujeres en una cárcel que era solo de varones. O sea, eran todos presos y presas políticas. En abril de 1976 eran 109 y 185 los prisioneros en 1977, con esta condición».

Scatizza integra la Red de Estudios sobre Represión y Violencia Política (RER) (foto Matías Subat)

«Luego con la resolución de la Junta Militar se dispuso la división territorial del país. Eso marcó que había una conducción centralizada y una ejecución descentralizada. Con tensiones, y esto lo hemos visto en los juicios con casos concretos de secuestros que hizo la policía de Neuquén y Oscar Reinhold (jefe militar de la subzona) que lo cuestionó porque eran sus subversivos, o lo que sucedía en la comisaría séptima de Cipolletti. Había una conducción de la Junta Militar que entraba en tensión con los comandos de zona, o de las subzonas con las áreas en esta dinámica de conducción centralizada y ejecución descentralizada: había matices, se adjudicaban la propiedad de los subversivos y esto se replica en la subzona 52 donde tuvo mucho impacto: 130 víctimas en juicios, más de 50 desaparecidos y desaparecidas; una treintena de imputados habla de un despliegue que en términos de la población que había entonces, fue importante».

«Y después la articulación con la cárcel de Rawson fue clave, porque funcionó como la cárcel política para todo el país y la conexión con Neuquén fue muy importante como se vio en cada juicio».

P: Hasta que se implementó Caseros, Rawson y Bahía Blanca eran los destinos de las presas y presos políticos de la región…

«Tenía que ver con la hipotética peligrosidad de la militancia. Hay hipótesis respecto a las militancias desde la hipótesis militar. Toda la gente más vinculada con el ERP y el marxismo, por más que entraran todos en la bolsa de víctimas y subversivos, para muchos policías, para muchos militares, esa raigambre peronista que tenía Montoneros los hacía diferentes; siempre desde la hipótesis militar. Había una cuestión de «recuperable» mientras que el ERP, PRT eran considerados marxistas, irrecuperables, eran apátridas, marxistas, subversivos. Muchas de las que estaban sindicadas acá o vinculadas al ERP o al PRT fueron llevadas rápidamente a Bahía Blanca. Hay circuitos que se armaron relacionadas con las hipótesis que ellos tenían. Siempre lo manejamos en términos de hipótesis, porque nunca hablaron los militares. Siempre una vinculación como una persona del ERP de acá les podía servir en Bahía Blanca para continuar con esta lógica de Inteligencia de secuestro, tortura, interrogación, más secuestro, hasta la desaparición, o en algunos casos también, la liberación. Justamente con los del ERP o los del PRT no hubo tantos, acá al menos en la región».

P: Fue Neuquén un lugar de asiento del Plan Cóndor?

Algo que estudiamos en la Red de Estudiosos de Represión (RER) y lo sacamos en el último libro que se llama Cartografía de la Represión en América Latina (2025) es que hay como una coordinación y una transferencia de la expertisse represiva, de agentes de inteligencia más allá del plan Cóndor. A veces no tiene que ver con el plan Cóndor. Había una permeabilidad de información, o sea, el MIR y el PRT estuvieron ligados políticamente y las áreas de inteligencia lo sabían, a veces no necesariamente pasaba por el esquema del Plan Cóndor.

Hay un paralelismo entre esto y el tema de la Triple A. Acá me han generado dudas ciertos atentados que se adjudicaban a la Triple A o a personas que decían serlo y que tenían que ver con esa depuración interna del peronismo que Perón ordenó en el 73. Hubo fuerzas paramilitares o paraestatales que reaccionaban represivamente, pero no es que López Rega levantara el teléfono y dijera, reprimime a tal o secuestrame a tal: sí eran fuerzas paraestatales, pero no necesariamente eran vinculadas a la Triple A.

P: Los atentados contra Libracos, el juzgado federal, la agencia Neuquén del diario Río Negro en 1975, puede que no hayan sido de la estructura de la Triple A?

No hay una prueba orgánica de que fueran parte de la Triple A ni parte de la obra de López Rega. No lo desmiento ni lo aseguro. Y no le quita gravedad al asunto, simplemente lo complejiza. Está el testimonio de que, en una reunión de la denominada Comunidad Informativa, Remus Tetu dijo que era el conductor de la Triple A en la región. La patota dependía de Remus Tetu, usaban el auto de la Remus Tetu, el Torino de la Universidad, cobraban de la Universidad, pero ¿levantaba el teléfono López Rega para decir algo? No lo sabemos. Falta esa conexión todavía. En marzo de 76 (el atentado al juez Arias fue el 16) ya no existía la Triple A, a López Rega se lo habían llevado a España y la Triple A se descabeza. Y seguían firmando como la Triple A; quiénes eran? Hay muchas cosas que no sabemos: que formaron parte del aparato paraestatal y estaban financiados por el Estado para reprimir al opositor , si.

Pablo Scatizza, historiador e investigador de la UNCO dice que la represión en la norpatagonia es una muestra de lo que ocurrió con la dictadura en el país (foto Matías Subat)

Si la migración chilena acá, perseguida por Pinochet y los contactos del MIR y el ERP fue observada por algún aparato del plan Cóndor, no sé. Que fue observada por el aparato de inteligencia, seguro, por el destacamento de inteligencia 182, por el Batallón 601, había una articulación de todo un aparato de inteligencia, había una comunidad informativa propio de la dictadura y acá en Neuquén, en el alto Valle quedó en evidencia.

P: Se avanzó con los centros clandestinos de detención y los centros de detención clandestina?

«Un aporte al la discusión nacional es que en muchos centros urbanos de mediana, baja o pequeña escala los centros clandestinos de detención, los campos de concentración, tipo La Escuelita, no fueron el eje sobre el que circuló la detención clandestina, sino los centros de detención clandestina.

«La mayoría de las víctimas que pasaron por La Escuelita, desaparecieron. Y hubo una articulación con La Escuelita de Bahía Blanca. Pero también la mayoría de las víctimas que pasaron por La Escuelita, previamente estuvieron en la Policía Federal, en la comisaría Séptima de Cipolletti, la cuarta de Cutral Co, la U9, centros que no eran clandestinos, lo que era clandestina era la detención. La cualidad de la clandestinidad está dado por la detención.

Pilar Calveiro marcó la cancha respecto de la experiencia concentracionaria y como el centro clandestino fue el eje de la detención clandestina. Pero hay un matiz: en los centros urbanos de baja dimensión, hay otros espacios que fueron más importantes y ni hablar para el sur.

En el primer nivel los centros clandestinos de detención, luego los centros de detención clandestina donde eran llevados tabicados, se los torturaba, algunos desaparecían incluso de ahí.

Y un tercer lugar que eran de paso: escuadrones de gendarmería, comisarías, donde estaban horas o días, con golpes o solo a la espera hasta recibir órdenes y no se aplicaba la faceta de interrogatorio, no era el elemento sustancial como en los otros dos. El cambio de escala de observación nos permitió esto y si uno se pone a ver con lupa lo que pasó en Capital Federal, Rosario, La Plata, Córdoba, también pasó esto aunque el volumen y magnitud que adquirieron los centros clandestinos de detención es ingente.


Pablo Scatizza es docente e investigador de la UNCO, doctor y licenciado en Historia. Desde 2006 estudia la represión en la región y a veinte años de haber iniciado este camino sostiene que lo que pasó en la dictadura en la Argentina, en todas sus dimensiones, se puede entender y conocer con los datos de la historia local y de la norpatagonia: cómo funcionó la represión y la dictadura en el país.

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