Positivo, pero tardío

Por Redacción

Al fallar, hace más de dos años, a favor de “Río Negro” y en contra del gobierno de Neuquén en el caso que fue provocado por la utilización de la publicidad oficial en un intento de intimidar al periodismo independiente, la Corte Suprema de Justicia dejó sentado que ningún gobierno tiene derecho a discriminar de tal manera entre los distintos medios por razones políticas. Por ser cuestión de un principio básico de la democracia pluralista, dicha sentencia no debió de haber motivado mucha sorpresa, pero así y todo el gobierno nacional optó por pasarla por alto para seguir repartiendo la publicidad oficial según criterios impúdicamente partidarios con el propósito indisimulado de subsidiar a medios comprometidos con el kirchnerismo y boicotear a otros, en especial a la revista “Noticias” de Editorial Perfil que, a pesar de ser por lejos la más importante de su género, aún no ha recibido un solo centavo de la cantidad enorme de pesos que ha gastado el Estado para mantener informada a la ciudadanía sobre sus actividades. Por fortuna, luego de una demora inexplicablemente prolongada, por fin la Corte Suprema acaba de confirmar en efecto el fallo de septiembre del 2007, ordenando al gobierno “disponer la distribución de publicidad en las distintas publicaciones de Perfil, respetando un equilibrio razonable con otras de análogas características”, es decir tomando en cuenta factores como la tirada, en un plazo de 15 días. Según parece, el gobierno obedecerá, ya que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, afirmó que “los fallos se hacen para acatarse”. Pues bien: aun cuando en adelante el gobierno se resigne a repartir la publicidad según pautas menos parciales que las supuestas por los prejuicios ideológicos o personales de sus integrantes, quedarán las distorsiones que fueron ocasionadas por más de siete años de abusos flagrantes que, por omisión, fueron legitimados por la Corte Suprema. De resultas de la voluntad de los kirchneristas de premiar a medios amigos y castigar a los reacios a rendirles pleitesía, en los años últimos ha surgido un conjunto de pequeños imperios periodísticos que, a pesar de su incapacidad para conseguir muchos lectores o televidentes, han resultado ser muy lucrativos para los empresarios involucrados. Huelga decir que, de basarse la distribución de publicidad oficial en los “criterios objetivos y razonables” recomendados por Adepa, los beneficiados por la interesada largueza kirchnerista perderán una parte sustancial de los ingresos multimillonarios a los que se han acostumbrado, lo que los obligará a competir en condiciones de igualdad con los demás medios, enfrentándolos con un desafío inesperado que pocos estarán en condiciones de superar. La situación anómala que ha existido hasta ahora puede atribuirse a lo difícil que es para políticos de formación autoritaria entender que Estado y gobierno no son sinónimos. En Santa Cruz y, a partir de mayo del 2003, en el resto del país los Kirchner parecieron creerse dueños exclusivos del dinero aportado por los contribuyentes y por lo tanto facultados para usarlo tal y como se les daba la gana, colmando de decenas de millones de pesos a su diario favorito, “Página/12” y discriminando a aquellos medios que no les gustaban aunque tenían tiradas diez o hasta veinte veces mayores, con la esperanza de difundir así sus propias preferencias ideológicas o, por lo menos, poder disfrutar leyendo un equivalente contemporáneo del mítico “diario de Yrigoyen”. De este modo, el gobierno kirchnerista intentó construir un aparato propagandístico comparable con los creados por regímenes dictatoriales de partido único, pero sus esfuerzos en tal sentido no han sido demasiado exitosos debido al escaso profesionalismo de la mayoría de los aspirantes a erigirse en zares mediáticos. Asimismo, deberían haberse dado cuenta hace tiempo de que, en la Argentina por lo menos, hasta los “consumidores” de diarios y revistas que se sienten emotivamente comprometidos con el gobierno de turno son reacios a permitirse manipular por propagandistas oficiales, razón por la que, a pesar de las cantidades inverosímiles de dinero público con las que el gobierno ha procurado ayudarlos, la tirada de los medios kirchneristas sigue siendo llamativamente escuálida.


Exit mobile version