Postales de un festival inolvidable

Música, ritmos y la alegría de compartir cinco días intensos.

Redacción

Por Redacción

Hebe Rajneri

Una escena para el recuerdo, ante un auditorio repleto y atento.



Alegría. Eso es lo que se transmite. Los músicos, ahí en el escenario, y el público, en sus sillas. Todos forman parte de una suerte de rito que se repite y se renueva cada año. Todos parecen disfrutar.



Los músicos, en el escenario. De EE. UU., de Colombia, de México, de acá no más. Todos sonríen ante la partitura, todos demuestran que están haciendo lo que más les gusta en la vida.



Esa sensación se desparrama hasta las butacas, donde el público se engancha con los sonidos de las marimbas, vibráfonos, con la batería, con el piano, el bajo. Cada año, este festival organizado por Fundación Cultural Patagonia logra superarse, logra renovar la propuesta y lo que es más importante, logra afianzar la relación con los fieles que cada noche llenan la sala del Auditorio, con los estudiantes que se deleitan ante los «grandes» que vienen, y con ese público anónimo que cada vez más disfruta de esos sonidos y de la alegría que se contagia.


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