Presente

Columna semanal

Por Redacción

EL DISPARADOR

Qué querés que te diga, hijo… Esto a mí antes no me pasaba, las cosas eran más fáciles. Te voy a dar un consejo, pero primero te voy explicar algo. Cuando yo tenía veinte años, como vos, salí a recorrer el mundo. Entonces, no existían los problemas ni las preocupaciones que tienen ustedes ahora.

Fue así. Una tarde como cualquier otra, no sé bien cómo ni por qué, lo decidí: “Papá, me voy a Europa a conocer”. Mi viejo, que era de esos padres de antes, formales, que no te tuteaban aunque fueras un niño, me respondió casi sin mirarme: “Usted se las arreglará solo, señorito”.

Por dentro, yo pensaba, pero si siempre me las arreglé solo… Para ese entonces ya había leído a los clásicos rusos, los norteamericanos y, claro, a los argentinos de la alta literatura. Qué sé yo, Tolstói, Dostoyevski, Hemingway… Conrad, Borges… Quiero decir, ya tenía claro que uno vive como nace y como muere: solo. ¡Pero qué le iba a decir yo a mi viejo algo por el estilo! Te confieso, la verdad, que ya bastante conforme estaba con su indiferente respuesta, porque pensaba que iba a darme una bofetada. Ya te dije, antes era distinto.

En cambio, ustedes ahora andan todos preocupados de que si el trabajo será suficiente, que si los van a echar o si van a conseguir el aumento que esperan para comprarse un departamento o no sé qué… ¿Vos por qué te pensás que yo pude ser dueño de una propiedad antes de los 40 años? No fue por el trabajo, fue por herencia familiar. Pero bueno, tampoco me quedé anclado en la casa de mis padres, eh…

Me fui a Europa, donde no había los problemas que hay ahora, aunque, bueno, deberíamos siempre poner en contexto eso de la crisis, ¿no? Qué sé yo, hablan de problemas en los principales países europeos… Lo cierto es que la última vez que fui, hará cosa de un mes, Madrid estaba lleno de gente por todos lados comiendo en los restaurantes. En las calles de Roma había gente durmiendo pero tampoco eran tantos y, para mí, varios de esos tipos lo hacen por elección propia. Es como que no encajan en el sistema y se abandonan.

En cambio, vos ahora tenés que andar con miedo desde que pisás un aeropuerto, porque capaz te lo cierran por una amenaza de bomba -que uno nunca sabe si es verdad o no-, o preocupándote de si el avión se va a estrellar porque no sé quién lo tira contra una montaña. Por dios.

Lo que yo me pregunto, no es sólo qué será de vos en los próximos años. Aún peor, me preocupa qué va a pasar cuando por fin encuentres una mina que te aguante y, en una de esas, te cases y tengas hijos. ¿Cómo vas a hacer para mandarlos al colegio? Ni quiero pensar en conseguir un lugar digno para vivir, no esa pocilga en la que dormís…

Bueno, al fin o por fin, llego a una conclusión: lo mejor que podés hacer es colgarte una mochila al hombro y salir a recorrer. No sé, tomate un avión a Barcelona y después ves qué hacés, ¿no?

El hijo lo miró y musitó que iba a reflexionar sobre lo que había escuchado recién. Mientras, para sus adentros, pensó: “Este tipo usa su imaginación de la peor manera: para preocuparse de lo que no pasó. Pobre, está nostálgico por el pasado, ansioso por el futuro y se pierde el presente”.


Exit mobile version