Primera directora mujer, tras una vida de lucha
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RÍO DE JANEIRO.- En la favela en la que creció, Graça Foster buscaba entre la basura botellas y latas para costear sus estudios y llegar lejos. Los años y el esfuerzo la hicieron la primera presidenta de Petrobras, cargo que ahora abandona en medio de un escándalo de corrupción. Foster tenía 20 años cuando comenzó a labrar su carrera en Petrobras, subió cada escalón hasta el mando de la empresa, que asumió hace tres años. Maria das Graças Foster prefiere que la llamen Graça. A sus 61 años, es casada y tiene dos hijos. Es amante del rock de The Beatles y Janis Joplin, hincha por el club Botafogo y ya desfiló varias veces en el carnaval de Rio de Janeiro. Asegura tener tatuajes “en lugares que la ropa impide mostrar”. Hay quien dice que tiene en el brazo tres grandes estrellas del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), el partido de la presidenta Dilma Rousseff. Fue Dilma, su amiga de años, quien la colocó en el cargo en 2012 y es ahora quien le informó de su salida, un mes después de ratificarla exaltando su “ética”. Así, la ahora ex presidenta de Petrobras combina su historia de éxitos profesionales con una infancia dura en las favelas de Rio de Janeiro. Hasta los 12 años vivió y trabajó en esas zonas empobrecidas y violentas, “recolectando papel, botellas y latas que vendía para comprar material escolar” y ayudar a su familia, según contó en una ocasión el diario Valor. Conocida por su fuerte temperamento –llegó a ser comparada por esto con Rousseff– y su fama de trabajadora infatigable, Foster se precia de conocer al dedillo Petrobras gracias a su larga trayectoria en la empresa. Llegaba muy temprano a su oficina y salía muy tarde en la noche, incluyendo fines de semana. Lejos de ser una espectadora, centralizaba buena parte de las operaciones de la mayor empresa de Brasil. “Soy extremadamente disciplinada, trabajo y estudio mucho hasta para una conversación simple. Por eso exijo”, dijo en un foro en 2012. Por eso, el mercado exigió desde que se destapó la olla de corrupción la cabeza de Foster, cuya “mano de hierro” quedó en entredicho. (AFP)