Problemas de competitividad

Por Redacción

La Argentina inició un camino de normalización de su economía con la renegociación de la deuda externa con los holdouts, el sinceramiento cambiario y fiscal, así como respecto a las retenciones a las exportaciones, entre otras. Compartimos estas medidas y aspiramos a que se encaren las que dimos en llamar “reformas de segunda generación”. O sea, aquellas que hagan a una mayor equidad tributaria y que puedan resolver la superposición de tributos nacionales, provinciales y municipales para nuestra producción federal.

Tenemos además asimetrías desde el punto de vista de la logística, la infraestructura y los trámites o burocracia, tanto para habilitar una obra, una fábrica, producir o exportar. Eso nos sitúa también en desventaja respecto de los países con los que nos toca competir.

Asimismo, afrontamos serios problemas de productividad y altos costos laborales no salariales y el acceso al crédito es muy dificultoso para las pymes, pero además caro en pesos.

Por ejemplo, si la industria de alimentos paga prácticamente 40% entre impuestos nacionales, provinciales y municipales y la de bebidas 50% (incluyendo impuestos internos por lo que la mitad de una botella de agua mineral son impuestos), ¿cómo va a competir con países que tienen menor presión fiscal?

Y a pesar de todo esto la Argentina vende su producción al mundo, que representa una oportunidad para transformarnos en un proveedor de alimentos y bebidas en cantidad y calidad, tal como el propio presidente Mauricio Macri visualiza al proponer convertirnos en “supermercado” del mundo.

Por eso, si queremos que la tasa de crecimiento de la Argentina sea sustentable, tenemos que completar esas reformas que el país necesita.

Para ello señalamos, básicamente, las siguientes líneas de preocupación:

En primer lugar, esta fuerte carga tributaria acumulada y las altas cargas sociales. Tenemos que accionar sobre los impuestos al trabajo y en la reducción de la burocracia costosa, ineficiente (muchas veces) y que es anticompetitividad y paralizante de las pymes que tienen que emplear más tiempo en “tramitar” que en “producir”.

Para lograr una industria competitiva y para generar empleo en la Argentina con producción nacional, cuando más controlemos la inflación más estabilidad tendrá la economía en su conjunto, más crecerá la inversión y mayor será la generación de empleo.

También se evitará la especulación por remarcaciones “preventivas” y se podrán dejar de lado todas estas actitudes que nacen más de la “sensación térmica” que de la realidad de la economía.

Se requiere, asimismo, un permanente diálogo social. La complejidad y velocidad de los cambios de este mundo moderno son grandes. Se impone la necesidad de nuevas respuestas desde el punto de vista de la producción y de la organización del trabajo por nuevas tecnologías, nuevos mercados y aún nuevos gustos de los mercados en general. Desde el punto de vista del trabajador, hoy la innovación y la tecnología requieren nuevas capacidades. Antes uno era empleable de por vida; la industria 4.0, la inteligencia artificial, la robotización y todos los fenómenos y procesos asociados requieren de permanente actualización de habilidades y oficios.

La experiencia internacional nos muestra que vamos hacia un mundo que demanda mucha productividad y por ende tenemos que trabajar juntos para ese logro en el caso de la industria argentina: si queremos agregar valor a nuestra producción primaria, la única respuesta es mejor educación y formación técnica, así como mayor productividad laboral para más y mejores empresas y empleo de calidad.

Ése es el modelo de país con el que Argentina puede marcar la diferencia, erradicando las asimetrías y distorsiones económicas y sociales, fomentando la iniciativa privada y el desarrollo de toda la sociedad sin excluidos ni marginales.

*Presidente de la Coordinadora de las Industrias de los Productos Alimenticios (Copal)


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