Profesor del colegio incendiado: “con semejante historia algo tenemos que hacer”

Su idea es convertir la tristeza en acción para acompañar a directivos y docentes de la ESRN Nº 9. Con el dinero que se recaude se podrían adquirir los materiales didácticos perdidos.



En el material didáctico que se perdió, los elementos de librería y otros insumos que ardieron el pasado 4 de febrero piensa uno de los exprofesor del emblemático ESRN Nº 9 de Roca. En simultáneo a la reparación integral del edificio que impulsó la provincia, encaró una colecta para que la comunidad se involucre y aporte para la recuperación del establecimiento.

Horacio Fernandez fue profesor y presidente de la cooperadora durante décadas. Foto: Cesar Izza

Se trata de Horacio Fernández, quien fue profesor de Física y Química en el secundario durante 40 años. Además, muy vinculado a la institución como presidente de la cooperadora del que en ese entonces era llamado CEM 9. En su currículum, consigna también que egresó de dicho colegio en 1959.

Si fracasó la educación la culpa la tiene la población, propongo que nos acerquemos a la escuela. El Estado se ocupa de arreglar, pero podemos acercarnos a los docentes para que se sientan protegidos

Horacio Fernandez, exprofesor CEM 9

La propuesta del profesor es recaudar dinero para poder facilitar a los directivos la compra de todo aquello que conforma lo que el llama “la caja chica” de gastos.

Una historia y un presente

“Eran Jóvenes chacareros, comerciantes, profesionales que preocupados por la educación de sus hijos, hicieron todo lo posible para conseguir ese secundario. Son ellos, en verdad nuestros próceres, nuestros héroes, que quitándole tiempo a sus trabajos se agruparon detrás de ese ideal. Superando la ausencia del Estado, se lanzaron a la creación del primer Secundario del Alto Valle. Y el sueño se hizo realidad, fue concretada por asamblea el 6 de diciembre de 1941, donde se convocan al cuerpo docente integrado por universitarios y maestros. Las clases, con dos primeros años, comenzaron el 15 de marzo de 1942”, recordó Fernández.

El colegio funciona desde 1942, hace 78 años. Primero fue Instituto Secundario, luego Colegio Nacional anexo Comercial, CEM Nº 9 y actualmente ESRN Nº 9. “Con semejante historia algo tenemos que hacer”, remarcó el exprofesor.

“Propongo como primera medida que se abra una cuenta bancaria, para que cada vecino deposite su contribución, y sin bajar los brazos esperemos que el edificio esté nuevamente al servicio de nuestro futuro. (…) Mientras suceda podemos ir entregando nuestra ayuda a Mitre 929”.

OPINIÓN: “Roca se juega por un nacional”

Por Horacio Fernandez

Parece una consigna futbolera, pero no, fue nuestro emblema para luchar por el nuevo edificio del “Colegio Nacional”. Corría el año 1966 cuando nos reunimos padres y profesores para organizar la Cooperadora del colegio, liderados por la Sra. Esther Marcoccia, extraordinaria profesora y directora.

Comenzamos a trabajar, organizando eventos, rifas, etc., que nos permitieron juntar dinero para ayudar en la tarea diaria y así hicimos el techo del patio, arreglamos entre otras cosas, los baños, las instalaciones de gas, la biblioteca, pintamos las aulas…

En esos años los alumnos viendo nuestro entusiasmo se adhirieron al grupo siendo un aporte valioso. Sin olvidar nuestro principal objetivo: “la construcción del edificio del colegio”. Teníamos el terreno (Av.Roca y Gelonch), que lo había donado el presidente Juan D. Perón.

Ya en la década del 70, comenzamos a recaudar importantes sumas de dinero y decidimos proponer a los arquitectos de Gral. Roca, un concurso con premio monetario para hacer el proyecto del edificio.

Con dicho proyecto, empezamos a presionar en Viedma, a las autoridades actuales de aquellos momentos para su construcción, la que comenzó a fines de los 70 e inauguramos en 1984.

¡Esos días fueron emocionalmente intensos! Vimos ver a los jóvenes ingresar por esa entrada fantástica con su techo abovedado, dandole vida al querido edificio por el cual habíamos luchado durante 18 años… ¡¡¡18 años!!!

En esos momentos decidimos retirarnos, para dejar a otros que continuaran con el emprendimiento, y alejarnos un poco, para ver orgullosos, “de vez en cuando”, la hermosa silueta que conformaba ese querido edificio, su techo, sus ventanas, sus plantas. Pero ahora, una mañana, al despertarnos, nos enteramos que lo habían herido, que personas extrañas lo habían incendiado. Primero nos quedamos paralizados, con gran dolor, casi con lágrimas supimos que habían lastimado nuestro querido monumento.


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