¿Qué nos gusta del mundo?

BARILOCHE

Cuando uno escucha despotricar sobre nuestro país a argentos muy viajados parecen todos coincidir en temas puntuales de cómo viven en otros países a diferencia del nuestro, y eso me llevó a buscar esas ventajas de las que hablan y entre las cuales encontré la estabilidad, que les permite andar sin sobresaltos con los precios y salarios, o la seguridad, la educación y la salud, en este caso casi todas pagas, ya que así debe ser.


En Argentina la educación y la salud son gratuitas, lo que le permitió al hijo de un obrero llegar a tener un título universitario y luego obtener algún Premio Nobel; la Justicia tiene dudosos fallos hacia los pobres y muy certeros hacia el poder concentrado, en eso podríamos intentar algún cambio; la producción industrial, que es destrozada cuando un gobierno importa hasta escarbadientes, y luego cuesta mucho convencer a quien se fundió gracias a las políticas de importación indiscriminada de volver a encender las máquinas; las policías de todo el país traen viejos vicios de hace más de 100 años protegiendo al poderoso, tal cual lo hacían en los años 30, y pegando palo a su propio vecino, ya que la mayor parte de los uniformados viven en barrios periféricos o de clase media, y finalmente la estabilidad de la moneda, que tiene un alto contenido político “externo” en cómo han podido “vendernos” sus monedas y endeudarnos en las mismas, con planes de repago de deudas que en el mejor de los casos nos atan a tasas internacionales 6 o 10 veces más altas que en otras partes del mundo, y provocando falsas inversiones que nunca van a producción, sino a la especulación financiera, la cual gana mucho más si nuestra moneda se devalúa de forma constante y permanente.


En nuestro país la distribución del ingreso viene bajando desde los años 70, y la concentración de la riqueza viene también subiendo desde esos años. Esto ha impactado en todo tipo de comparación posible que se pueda hacer, nadie quiere explicar por qué en 1947 teníamos un avión a reacción fabricado en Argentina y luego retrocedimos hasta cerrar estas fábricas y proyectos, y comprar al extranjero. Si no comprendemos por qué hemos perdido tanto, no lograremos entender cómo salir de esta trampa, que nos hace mirar hacia afuera, cuando alguna vez fuimos nosotros la vidriera.


Jorge L. Fernández Avello
DNI 12.862.056


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