¿Qué sucede con víctimas y familiares cuya vida cambia en un segundo?
Inundaciones –como la reciente en Luján–, accidentes aéreos, avalanchas, derrumbes y naufragios han golpeado también a la región. ¿Qué sucede con las víctimas y familiares, cuyas vidas cambian radicalmente en un segundo? La psicología aporta algunas respuestas, pero cada historia de vida es única.
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com
Roca, noche del 1 de septiembre de 2002. El profesor de Educación Física Julio López tiene 45 años y está sentado frente a un televisor. Cansinamente, se deja llevar por el zapping. Cabecea. De golpe, la pantalla arroja el fatigado y a veces grave “Último momento” del noticiero. Y esta vez lo sacude: una avalancha de nieve ha sepultado en un cerro barilochense a un grupo de estudiantes de Educación Física de la Universidad Nacional del Comahue.
A las 8 de la mañana del 2, ya en Bariloche, Julio y su esposa reconocen el cadáver de su hija María Gimena, de 21 años.
Otra noche –la del 18 de mayo del 2011– en otro lugar del Valle, Fernando Pulozzi también está frente al televisor y también cultiva el zapping. Tiene 63 años. Comerciante. Exreportero gráfico. Al caer la tarde, su hijo Fernando, “Fer”, de 32 años, lo llamó desde el Aeroparque de Neuquén. Es técnico en válvulas en una empresa petrolera. Tiene entusiasmo por su trabajo. Se especializó en EE. UU. y Brasil. Y pasión por sus dos pibes.
–Viejo, estoy embarcando. Te llamo desde Comodoro Rivadavia no bien llegue…
Dos horas después, vuelve el “Último momento” a la pantalla. Un avión de la aerolínea Sol con rumbo a Comodoro Rivadavia se había estrellado contra la meseta rionegrina.
–Me di cuenta enseguida, ahí estaba “Fer”. Me invadían… no sé qué cosas. Aún hoy no las puedo describir, pero algo me estaba invadiendo. Llamé a mi nuera. Le pregunté por “Fer”, me di cuenta de que no sabía del accidente y no le dije nada… Colgué. Mi vida comenzaba a cambiar. “Fer” no podía estar sino muerto –dice Pulozzi.
Y relata Julio López:
–A las 6 de la mañana llegamos a Bariloche con mi esposa. Viajé con la presunción de que Gimena estaba muerta. Era algo que me iba invadiendo. Pero callé, mi esposa aún abrigaba esperanzas…
–No sé, no sé, en todo caso por la naturaleza de lo sucedido –responde Julio López al desmenuzar la presunción de que Gimena estaba muerta.
Y recuerda Pulozzi:
–Yo no podía pensar que quizá “Fer” se había salvado, no sé… Además, las primeras informaciones eran muy confusas. Que el avión no iba a Comodoro sino que venía de Comodoro a Neuquén… Yo estaba paralizado, invadido por tantas cosas. Recuerdo que… ¡puta madre!…
Pulozzi se hunde en un silencio que agita la línea, la comunicación…
–¿Dejamos?
–Mire, cuando revivo esas horas, me siento cada vez más invadido por todas esas cosas que a veces me cuesta describir. Dolor, vacíos… Me han hablado de eso. Sí, es todo eso pero es mucho más. No sé. ¿Qué le decía?…
–Que recordaba algo…
–Sí, recuerdo que en el 76, no me acuerdo bien la fecha, salíamos de Cutral Co con el “Zorrito” (mi hermano más chico, que murió tiempo antes que “Fer”) de cubrir una carrera de autos. Los dos éramos fotógrafos del “Río Negro”. De golpe escuchamos que un avión de YPF había caído en la meseta y todavía no se sabía el número de muertos. Me acuerdo que con el “Zorrito” dijimos: “Pobre gente, en estos accidentes no se salva nadie”. ¿Sabe cómo me acordaba de ese hecho la noche de lo de “Fer”?…
(N de la R: El accidente al que se refiere Pulozzi ocurrió el 14 de abril de 1976, cuando un Avro turbohélice de YPF se precipitó a tierra. Trasladaba personal de la empresa. No hubo sobrevivientes: 37 muertos. Las causas de la tragedia se hundieron en la noche larga de la historia. El hecho permanece muy arrinconado en el pasado. A los fines de estas líneas, “Debates” procuró contactarse con familiares de las víctimas. Fracasó).
–El periodismo enseña mucho, los fotógrafos nos curtimos, vemos mucho de feo –reflexiona Fernando Pulozzi.
–¿Entonces?
–Y… muchas veces me preguntan si vi los restos de “Fer”, si fui al lugar del accidente. Ni fui ni vi. Yo sé cómo se resuelven estas cosas, ponen un montón de huesitos… no sé, lo que se encuentra. Preferí quedarme con la imagen de “Fer” compinche mío, era un enamorado de su trabajo y siempre me contaba cómo trabajaban en EE. UU., todo lo que hace a válvulas, cilindros… Largas charlas… Un enamorado de sus pibes, de su esposa. Yo miraba por su ojos. Tengo otras dos hijas bárbaras, cinco nietos que son todo… pero él no está más, ¡nunca más estará! Me dicen que el tiempo, que ayuda…
–¿Se hizo tratar psicológicamente?
–No, no. No sé por qué… Hay días que soy un robot. “¿Cómo estamos ‘Picha’?”, me dicen mis amigos y conocidos, que es un saludo… no sé. De pibe me dicen “Picha”. Y yo disimulo. Sigo la vida pero hay días en que soy un robot, hago las cosas mecánicamente, robotizado. Dicen que el avión no estaba en condiciones, que no sé qué… Yo sólo sé que “Fer” no está más…
Los relatos de Julio López y Fernando Pulozzi integran la palabra “invasión”. La tragedia que penetra de golpe. Abrupta. Franquea sin piedad la vida a veces para siempre. Y también integran el concepto de “robotizado”.
Julio López coincide en esta definición.
–Durante un mes o algo más, yo estaba… estaba. Era como estar robotizado. Hacía cosas, llenaba horas haciendo esto o aquello. Automáticamente, seguía, seguía…
–Alguien tiene que seguir estando, suele decirse para esos tiempos. Es decir: alguien mantiene la vertical…
–Es posible, ¿pero qué vertical puede haber ante tanto desgarro? Yo seguía, seguía… No era huir, no. Pero un día me derrumbé y ya había tragedia… se imagina ¿no?…
–¿Se trataron?
–No, no, nos tratamos. Quizá fue un error. Tenemos otros dos hijos, un varón y una mujer. Ella sí se trata en relación a la muerte de Gimena. En casa hablamos mucho de ella: mi nieta de cinco años conoce toda la historia… y fotos, fotos… Sí, claro, hubo una causa judicial y se probó la irresponsabilidad con que había actuado el guía que los conducía… sí, sí… ¿Le cuento algo?
–Claro.
–Nos ayudó mucho el hecho de que mi esposa y yo somos docentes. Y el docente es gente muy solidaria, palpa el dolor, la carencia, el sufrimiento todos los días. ¿Qué más le puedo decir?… Nada…
(N de la R: en la avalancha de nieve murieron nueve jóvenes. En el accidente de la aerolínea Sol, 22).
Tragedias en la región
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com
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