“¿Quién nació primero?, ¿el ñoqui o el que lo amasó?”

Redacción

Por Redacción

La receta para hacer un buen ñoqui tiene que ver con agua o leche y harina, a veces alguno que otro huevo, un poco de manteca y finalmente las herramientas fundamentales: un palo de amasar y una mesada donde armar la mezcla. Le agregamos una pizca de sal y hacemos el pastón que luego amasaremos en forma de pequeños tubos, y allí iremos cortando ese largo tubo en trozos más pequeños, tan pequeños que se llaman gnocchi (italiano) que significa nudo, nudillo de la mano. El ñoqui es pequeño y tradicionalmente se come los días 29 de cada mes, y el nacimiento del porqué se produce este acontecimiento se remonta al siglo VIII y tiene que ver con un médico llamado Pantaleón (hoy san Pantaleón), y el ritual tanto de comer como de poner dinero debajo del plato está ligado a una tradición de pedir a este santo nuevos milagros o dádivas. En Argentina la comunidad italiana se reunía los 29 de junio para celebrar las fiestas de San Pedro y San Pablo comiendo ñoquis. Pero como todo en nuestro idioma tiene varias interpretaciones, y en este lejano lugar del mundo e inclusive en Uruguay también, un ñoqui es el apodo que se le da a un empleado público puesto a dedo y que, casualmente, sólo se lo ve los 29 cuando va a cobrar. De allí me surgió la pregunta sobre quién nació primero, el ñoqui o el que lo amasó, y viendo cómo se origina el ñoqui, trate de entender qué ingredientes se necesitan para generar un ñoqui estatal. Toda la sociedad habla de ñoquis, e inclusive este último tiempo hay debates sobre la cantidad de ñoquis que tendría nuestro municipio de Bariloche. Los oficialistas niegan que ellos hayan nombrado cientos de personas este último tiempo y desde la oposición se les plantea que dejen de acrecentar la plantilla municipal con contratos y más contratos y que usen el personal que actualmente tiene la comuna. Volviendo al ñoqui estatal, la receta, creo yo, podría ser la siguiente: generar en el entorno del futuro ñoqui una educación donde el trabajo y el colegio no sean tomados como necesarios para su desarrollo como ser humano; hacerlo aprender desde chico que es mejor tomar atajos que transitar por un camino más largo donde, seguramente, pueda encontrarle valor a su sacrificio; que entienda que la solidaridad es cosa de otros, que él se tiene que salvar a sí mismo y los demás que se arreglen; quedarse con algo que no es suyo, traicionar a un compañero, es simplemente hacer justicia, porque su vida no fue todo lo buena que debería de haber sido; la mentira es el mejor recurso para mantenerse y andar de un lado para otro, haciendo nada, distrae a los demás que piensan que está haciendo algo. No sé si me faltó algún ingrediente, pero creo que, si se mezcla todo lo dicho, se puede conseguir un muy buen ñoqui estatal. Pero la pregunta sigue latente: ¿quién nació primero?, ¿el ñoqui o el que lo amasó? La respuesta es cruel y sencilla a la vez: el que hace entrar gente de más en la administración pública para asegurar sus apetencias políticas y usarlos partidariamente, e inclusive haciéndolos que hagan nada salvo que él los mande a hacer algo que le convenga, ese sujeto nació primero que el pobre ñoqui, que en definitiva es una monstruosa creación de los inescrupulosos que, ante la falta de convocatoria y apoyo popular real, se aprovechan de todo aquel que reúne las condiciones para ser un buen ñoqui, condiciones que antes fueron generadas por el que amasa el ñoqui, que muchas veces le pide un porcentaje de su salario para entrar al Estado o lo transforma en un súbdito que hará todo lo que le manden, aunque tenga que ver inclusive con actos violentos. Para evitar que un ser humano sea degradado a la condición de ñoqui, primero hay que sacar a los que los amasan y crean estos ñoquis, luego darles trabajo y dignidad a nuestros vecinos, a nuestros pueblos. De allí en más se le va a hacer mucho más difícil al creador de ñoquis convencerlos de meterse en una olla hirviendo, que terminará de cocinar a ese ser humano y lo abandonará a su suerte cuando ya no le sirva a sus propósitos. Jorge Luis Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche

Jorge Luis Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche


La receta para hacer un buen ñoqui tiene que ver con agua o leche y harina, a veces alguno que otro huevo, un poco de manteca y finalmente las herramientas fundamentales: un palo de amasar y una mesada donde armar la mezcla. Le agregamos una pizca de sal y hacemos el pastón que luego amasaremos en forma de pequeños tubos, y allí iremos cortando ese largo tubo en trozos más pequeños, tan pequeños que se llaman gnocchi (italiano) que significa nudo, nudillo de la mano. El ñoqui es pequeño y tradicionalmente se come los días 29 de cada mes, y el nacimiento del porqué se produce este acontecimiento se remonta al siglo VIII y tiene que ver con un médico llamado Pantaleón (hoy san Pantaleón), y el ritual tanto de comer como de poner dinero debajo del plato está ligado a una tradición de pedir a este santo nuevos milagros o dádivas. En Argentina la comunidad italiana se reunía los 29 de junio para celebrar las fiestas de San Pedro y San Pablo comiendo ñoquis. Pero como todo en nuestro idioma tiene varias interpretaciones, y en este lejano lugar del mundo e inclusive en Uruguay también, un ñoqui es el apodo que se le da a un empleado público puesto a dedo y que, casualmente, sólo se lo ve los 29 cuando va a cobrar. De allí me surgió la pregunta sobre quién nació primero, el ñoqui o el que lo amasó, y viendo cómo se origina el ñoqui, trate de entender qué ingredientes se necesitan para generar un ñoqui estatal. Toda la sociedad habla de ñoquis, e inclusive este último tiempo hay debates sobre la cantidad de ñoquis que tendría nuestro municipio de Bariloche. Los oficialistas niegan que ellos hayan nombrado cientos de personas este último tiempo y desde la oposición se les plantea que dejen de acrecentar la plantilla municipal con contratos y más contratos y que usen el personal que actualmente tiene la comuna. Volviendo al ñoqui estatal, la receta, creo yo, podría ser la siguiente: generar en el entorno del futuro ñoqui una educación donde el trabajo y el colegio no sean tomados como necesarios para su desarrollo como ser humano; hacerlo aprender desde chico que es mejor tomar atajos que transitar por un camino más largo donde, seguramente, pueda encontrarle valor a su sacrificio; que entienda que la solidaridad es cosa de otros, que él se tiene que salvar a sí mismo y los demás que se arreglen; quedarse con algo que no es suyo, traicionar a un compañero, es simplemente hacer justicia, porque su vida no fue todo lo buena que debería de haber sido; la mentira es el mejor recurso para mantenerse y andar de un lado para otro, haciendo nada, distrae a los demás que piensan que está haciendo algo. No sé si me faltó algún ingrediente, pero creo que, si se mezcla todo lo dicho, se puede conseguir un muy buen ñoqui estatal. Pero la pregunta sigue latente: ¿quién nació primero?, ¿el ñoqui o el que lo amasó? La respuesta es cruel y sencilla a la vez: el que hace entrar gente de más en la administración pública para asegurar sus apetencias políticas y usarlos partidariamente, e inclusive haciéndolos que hagan nada salvo que él los mande a hacer algo que le convenga, ese sujeto nació primero que el pobre ñoqui, que en definitiva es una monstruosa creación de los inescrupulosos que, ante la falta de convocatoria y apoyo popular real, se aprovechan de todo aquel que reúne las condiciones para ser un buen ñoqui, condiciones que antes fueron generadas por el que amasa el ñoqui, que muchas veces le pide un porcentaje de su salario para entrar al Estado o lo transforma en un súbdito que hará todo lo que le manden, aunque tenga que ver inclusive con actos violentos. Para evitar que un ser humano sea degradado a la condición de ñoqui, primero hay que sacar a los que los amasan y crean estos ñoquis, luego darles trabajo y dignidad a nuestros vecinos, a nuestros pueblos. De allí en más se le va a hacer mucho más difícil al creador de ñoquis convencerlos de meterse en una olla hirviendo, que terminará de cocinar a ese ser humano y lo abandonará a su suerte cuando ya no le sirva a sus propósitos. Jorge Luis Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche

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