Quili Malal: La espera de Chihuido

<span style="text-transform:uppercase">Los 180 habitantes conocen la obra. El paso del tiempo los pone entre la esperanza y la desconfianza.</span>





SUPLEMENTO ENERGIA

Rómulo Navarrete tiene 95 años, cuatro más que la última vez que habló con “Río Negro”, y pese a que ya no es tan locuaz como entonces, todavía tiene “un montón” de anécdotas para compartir. Pero ahora la que lleva el ritmo de la conversación es su esposa, Rosa. A la sombra, bajo el tinglado en su chacra, en medio del silencioso valle a orillas del Agrio, casi al final de Quili Malal, recuerdan una vez más con orgullo que llegaron con nada y cómo convirtieron un árido monte en tierras productivas para frutales, nogales, verduras y la crianza de animales. Todo parece igual, sin embargo algo sí cambió. Ahora ya no tienen tantas ganas de que los muden si es que la presa Chihuido se hace (ver mapa).

El próximo 24 de abril se abrirán los sobres con las ofertas de las empresas interesadas en levantar la mole de cemento. Si la obra es adjudicada, se destrabará un listado casi interminable de construcciones que deberán ser completadas en 60 meses. Entre ellas, claro, está la presa. La pared –de 105 metros de altura– se montará 5,5 kilómetros al este de la confluencia de los ríos Agrio y Neuquén. Se embalsará agua formando un lago artificial de 182 kilómetros cuadrados, por lo que se inundará Quili Malal, Agrio de Medio, Bajada del Puente, Villa del Agrio y algún sector de chacras de Bajada del Agrio. Una vez en funcionamiento, las cuatro turbinas tipo Francis de eje vertical aportarán al sistema interconectado 637 MW de potencia instalada.

Es por esto que la romántica idea de la inundación, que dejará para siempre al pueblo bajo el agua, pierde sentido ante la realidad de los quilimalenses. Algunos de sus pioneros llegaron en la década del 40 y lo levantaron literalmente todo con sus manos. “Ya estamos viejitos, qué vamos a hacer allá si ya no tenemos fuerza para trabajar la tierra. Además hace años que no sabemos nada nuevo, nada más lo que escuchamos en la radio”, dice Rosa y termina con una risita corta. Sólo uno de sus siete hijos (tres varones y cuatro mujeres) vive aún en Quili Malal.

Los quilimalenses son amables y respetuosos, pero ni el más optimista puede asegurar desde su convicción última que la obra se realizará. Sin embargo nadie pierde la esperanza. Es raro lo que ocurre, porque el tiempo de indefiniciones da la impresión de haberlos atado de pies y manos a la espera de que la obra llegue definitivamente y tengan que dejarlo todo. Lo viejo y lo nuevo. “No queremos perder nuestra historia como pueblo”, dice María Teresa Pedrozo, directora de la escuela única, y explica cómo todo quedó tieso: “Cuando en el 2008 se hizo la asamblea y nos explicaron, con maquetas y dibujos, cómo iba a ser el nuevo Quili Malal hubo mucha expectativa y movilizó bastante. Incluso decidimos hacer plantines de álamo para cuando nos trasladen. Los plantines ya tienen dos metros y siguen en la huerta de la escuela”.

La maestra lo explica claro. “Estamos en un momento complicado”, dice, y agrega que no quieren perder “la historia como pueblo”, pero reconoce que “no podemos avanzar en materializarla, porque todo lo que se construya, lo que se plante lo que se planifique puede quedar abajo del agua o no, porque no tenemos certezas de que esto se realizará”.

Los jóvenes que se quedan en la localidad son más optimistas. Y lo son pese a que hasta a sus abuelos, a su edad, ya habían escuchado del tema. “Ojalá que se haga porque nos dijeron que va a traer trabajo y va a haber más movimiento”, dice David (21) que trabaja –“porque no me queda otra”– en la Comisión de Fomento. “Quiero ganar mejor, capaz que con esto puede ser”, se esperanza David que, pese a tener un hijo, no puede dejar la casa de sus padres. Walter Melo (22), padre de Thiago de siete meses, dejó de estudiar para dedicarse a la forrajería y tampoco está convencido de que las obras lleguen tal como las prometieron cuando tenía 17. “Muchos creen que va haber trabajo para todos, pero yo no creo que sólo por vivir acá te manden al embalse. Cuando todo empezó (por el 2008) hubo cursos de capacitación, pero como ayudante de albañilería. Después se cortó”, recuerda.

El pliego contempla la mudanza completa de la localidad con sus 180 habitantes. Está previsto que los trasladen unos cinco kilómetros al sur, a la zona conocida como El Bolsico, al pie de la barda. Allí a cada quilimalense se lo ubicará “tal cual” como está ahora, con los mismos vecinos. Habrá dos Quili Malal: la rural y la urbana, como ahora. Una a la izquierda y la otra a la derecha. En la memoria descriptiva de la obra está previsto hasta la marca de las canillas que tendrá cada vivienda.

En el nuevo Quili Malal se construirán 81 viviendas de uno, dos y tres dormitorios. Los pobladores definieron que no quieren viviendas iguales entre sí, manifestaron –dice el proyecto– que quieren “mantener las diferencias”. En la zona urbana las casas se entregarán con jardines sembrados y arbolados, para los que se trasladará la tierra fértil que –continúa el pliego– “de otro modo quedará cubierta por el lago artificial”. El detalle milimétrico de la obra incluye que “las mesadas de cocina serán de granito natural gris mara con bacha de acero inoxidable. Los artefactos cerámicos para baño serán de losa blanca con las correspondientes griferías monocomando FV y accesorios de atornillar, jaboneras, un portacepillo, dos toalloneros y un portarrollo de papel”.

A José Miguel Roa, un puestero de la zona, lo conocen todos, porque todos se conocen, pero fundamentalmente porque cruza el Agrio todos los días a caballo. “A veces también le tiro un carro”, cuenta animado. Don Roa forma parte de los que quieren mudarse. El cauce que él atraviesa de ida y de vuelta, de concretarse la obra, pasará a ser historia. “Mejor que nos muden, así nos hacen la casita nueva y ya nos quedamos allá”, dice breve, y termina con una sonrisa inconsciente. Altidoro López (61) es presidente de la Comisión de Fomento y puede con claridad señalar donde se ubicará la nueva localidad. “Allá –dice–, serán unos tres o cuatro kilómetros, al pie de la barda, es donde va a estar todo. Pero bueno, no hemos escuchado nada nuevo, sólo lo que dicen en las noticias”. Altidoro tiene algo de alfalfa, unos frutales y algunos animales, se encuentra cumpliendo el segundo mandato y, pese a que aclara que será “el último”, también está esperanzado con la realización de la obra, aunque, como al resto, sólo le queda “esperar”.

Las obras complementarias del pliego, que tiene un valor final de 12.650 millones de pesos, incluyen un Centro Cívico, una nueva escuela primaria, una secundaria, un registro civil, un museo, una iglesia, una sede del ISSN, una oficina del EPEN, un cajero automático y el destacamento de Prefectura Naval.

“La obra del 2020”

“Mi papá viajó una vez a Buenos Aires y le dijeron que era la obra del 2020. Es decir que en el 70, con Agua y Energía, ya se hablaba del tema. Yo creo que eso se va a terminar cumpliendo, es posible que se haga”. Lili Castillo Cáceres –se presenta como la primera mujer ladrillera de la provincia– ahora está en Bajada del Agrio, de donde es nacida y criada, “ayudando” a su madre con el almacén. Lili sabe que “la obra se va a hacer porque el país necesita energía”.

El proyecto original contempla que esta localidad, a 30 kilómetros de Quili Malal, sea la cabecera de la obra. Tiene 1.400 habitantes y alguna infraestructura menor producto de la mala herencia que les dejó el cambio de traza de la Ruta 40.

“Cuando se corrió la ruta todo se vino abajo”, reconoce el intendente Mario Castro, un exfutbolista entrerriano que se casó y se quedó. “La expectativa que tiene la misma gente es que salga Chihuido. Este pueblo ha quedado postergado siempre, porque precisamente muchas veces cuando intentamos gestionar obras, como la ruta (por la 14), se nos dijo que esperáramos porque se iba hacer la represa”, explica.

La localidad anhela recuperar la actividad que perdió con el corrimiento de la Ruta 40. “Siempre esperando a Chihuido nunca pudimos tener obras. A partir de la construcción va a haber otras empresas que se van a instalar, por eso la expectativa es grandísima”, agrega Daniel Pérez, secretario de Obras Públicas.

Los trabajos proyectados dentro del pliego para Bajada del Agrio incluyen 48 viviendas. Un jardín y una escuela especial. Además la ampliación de la primaria y adaptación de la secundaria como aerotécnica. Un edificio municipal nuevo. Un templo. Una delegación del ISSN, un registro civil y la ampliación del hospital.

Federico Aringoli

federico@rionegro.com.ar


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