Raquel, a los tres años, presa en la U9
Alfonsín pidió por ellos ante Harguindeguy.
Causa “la escuelita” II
Raquel Gass: “Primero nos llevaron a la Policía Federal, donde estaba Guglielminetti”. A su lado, su padre, César Gass
NEUQUÉN/CENTENARIO (AN/ACE).- El ingreso de María Teresa Besco quedó registrado en el libro de entradas de detenidos de la Unidad 9 la noche del 24 de marzo de 1976, día del golpe militar que encabezó el dictador Jorge Rafael Videla, en que fueron secuestrados por el Ejército en su casa del barrio Mariano Moreno. Pero no el de su hija Raquel Gass, entonces de tres años, y de su hermano Leandro, de nueve meses.
Raquel y Leandro fueron entregados al día siguiente a una familia amiga al día siguiente merced a una gestión del ex presidente Raúl Alfonsín ante el entonces segundo de Videla, el general Albano Harguindeguy y María Teresa, esposa de César Gass, el ex funcionario municipal de esta ciudad, siguió entre rejas cerca de un mes.
A los niños los recibieron inicialmente los Malaspina, conocidos de sus padres. Posteriormente se hicieron cargo de ellos los Besco. Alfonsín y Harguindiguy habían estudiado juntos en el Liceo Militar y eran conocidos. (Ver aparte)
Raquel, que reside en Buenos Aires, presenció la audiencia del viernes del juicio por “La Escuelita” II pero no pudo ver a los imputados, a varios de los cuales se los acusa de haber participado de secuestros, torturas y desapariciones ocurridas en ese tiempo en la zona, porque ninguno presenció el debate.
“Mamá no militaba en nada, buscaban a mi papá, que sí era militante, había presidido el centro de estudiantes de Humanidades de la UNC, pero le habían avisado que lo iban a ir a buscar y escapó. Previo revolver toda la casa y llevarse cosas y libros, los militares nos subieron a un camión del Ejército a mamá, mi hermano y yo. Lo sé porque lo ha relatado mi madre, naturalmente”, contó.
Fue determinante que el padre Juan Gregui, que estaba en San José Obrero, a la vuelta de la casa de los Gass, corriera detrás del camión tratando de impedir a los gritos el secuestro. No logró eso pero sí los obligó a “blanquear” la detención.
“Primero nos llevaron a la Policía Federal donde, para sorpresa de mi madre, estaba Raúl Guglielminetti, a quien conocía a través de unos tíos míos. ‘¡Flaca! ¿Qué hacés acá? Teresita, no mientas, ojo con lo que vas a decir, yo te conozco’, le dijo”, relató Raquel.
Teresa recuerda que fue el mismo Guglielminetti, en una actitud similar a la que tuvo con otra víctima, Orlando “Nano” Balbo, quien en una ocasión en un auto Fiat color crema, vestido con una remera celeste, la llevó a ser interrogada.
La madre de Raquel contó que en la Federal le mostraron varias hojas con un detalle de las cosas que habían sacado de la vivienda a allanarla, pero cuando quiso leerla para verificar si lo que habían puesto era correcto la interrumpieron y dijeron que firmara y listo.
“El padre Gregui avisó a cuantos pudo de la detención de mi madre, particularmente llamando a mi abuelo Adolfo, que estaba en Buenos Aires y era –hasta esos días– diputado nacional. Él llamó a Alfonsín y éste a su vez a Harguindeguy para que pidiera por mamá. Eso la salvó”, comentó Raquel.
Otro hijo del fallecido senador Adolfo Gass, Sergio Leonardo, fue secuestrado y permanece desaparecido. Raquel destacó que semanas después de interceder por ellos, Alfonsín llamó a Harguindeguy para pedirle por la libertad de Zelmar Michelini y de Héctor Gutiérrez Ruiz, senador y diputado uruguayos respectivamente, y que le respondió: “no me llames más, no molestes más, te la pasás pidiendo por subversivos”. Pocos días después ambos fueron asesinados. (Ver aparte)