Retrato de la mujer humilde que tranquilizó a Borges

Cristina Banegas describe su personaje en la película "El amor y el espanto". La actriz supera el dolor con una intensa actividad en el teatro, la tevé y el canto.

Redacción

Por Redacción

Cristina Banegas cada domingo de junio y julio cantó tangos tradicionales por los centros culturales de Buenos Aires; sigue apareciendo en «Vulnerables», el unitario que Canal 13 (Aire Valle en la región) emite los martes a las 23, como la madre ex alcohólica y lesbiana de Gonzalo Pierna Molina (Damián De Santo).

Dirigida por Juan Carlos Desanzo, está filmando «El amor y el espanto» junto a Miguel Angel Solá. Es la dueña de la pensión «La Espera, viuda de Gómez e hijos», donde Jorge Luis Borges se refugia hostigado por un peronismo que tras ganar las elecciones, está asumiendo el poder en 1946.

Tercera semana de filmación. Carlos Torlaschi conduce la cámara sobre un carrito para un traveling suave y en diagonal, que va abriendo el cuadro a medida que Solá avanza en la escena.

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Jorge Luis Borges acaba de dejar el auto que lo trajo hasta un sur indefinido de la capital más europea de Sudamérica y cruza dubitativamente la vereda de lajones grises.

La pensión tiene abiertas las puertas. Igual golpea el llamador y entra registrando la reja que lo separa del patio, las plantas, la posición del sol, de los cuartos; quizás para memorizar, para acostumbrarse rápidamente a cada nueva imagen, a ruidos, a olores diferentes.

Ha abandonado la casa materna en busca de refugio y distancia.

Absorto está, cuando se topa -perramus y sombrero en mano- con una morocha de batón floreado chiquito, delantal con pechera, zapatos de tacón bajo.

– Buenos días, señor.

Borges se sorprende. Un par de ojos verdes, esperan respuesta.

– ¡Corten!!!

Contrapunto entre este Borges casi sin vida real, descifra Cristina, y una mujer sencilla, hospitalaria, real y concreta que limpia, cocina y recibe en la pensión a hombres y mujeres provenientes de los bordes de la ciudad, paisanos de los campos cercanos, de provincias norteñas.

Ella está viendo, viviendo los cambios que atemorizan al escritor, y no le teme al «aluvión zoológico» (categorización que, refiriéndose a quienes arribaron a Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945, acuñó el político Nicolás Repetto), no tiene ese pánico de clase que Borges tenía -y no sólo él- que estigmatizó tanto la relación con la cultura plebeya del peronismo en advenimiento.

– ¿Construyó así su personaje?

– «Me lo planteé en esos términos, como presencia tranquilizadora dentro de una pesadilla. Esta mujer, de alguna manera, lo serena y le dice que no les tenga miedo, son… (se queda buscando la palabra justa)».

«Hice una sugerencia en mi texto del libro, que Desanzo aceptó, decirle que: son gente de trabajo…».

«No sólo eran de otro color, tenían otros acentos, otras culturas, habitantes de otra clase social, sino que venían a ganarse dignamente la vida».

-Recientemente, en Escobar, miembros de la comunidad boliviana fueron atacados, robados y torturados, y declararon a los medios que no entendían, que eran gente de trabajo; vinimos a trabajar para mantener nuestras familias, dijeron.

La incomprensión con quienes llegan al país a aportar su capacidad laboral, su esfuerzo, sigue existiendo hoy como en 1946 y en la historia de la película.

– «Absolutamente. Y además crece, a medida que en Argentina está cambiando la composición social; se ha empobrecido la clase obrera, se ha dispersado. La llegada de bolivianos, paraguayos, chilenos, cambió el color de la piel de los inmigrantes, la cultura, los acentos, las voces, y esto es temido por la clase media y las clases altas».

-La incomprensión no cambia.

– «No cambia la xenofobia y creo que se agudiza, también. Mi personaje no tiene esa posición como una mirada consciente, sino que sus días transcurren en medio de los cambios.

«Vitalmente, desde su experiencia real como dueña de esa casona, que en algún momento del pasado inmediato vivió en mejor posición económica, no tiene ni el prejuicio que comentábamos, ni ese temor emergente».

En el fondo de los dulces ojos de Cristina Banegas hay lágrimas apiladas todavía.

Corría el verano, cuando su marido se ahogó mientras nadaba en un traicionero riacho del Delta.

Por eso prefiere estar sola y no da entrevistas. Por eso quizás, trabaje tanto.

Quienes la conocen, saben de su inmenso dolor y también de su esfuerzo por volver a mirar de frente, serena, entera y de pie. Como siempre lo hizo en los escenarios y en la vida.

Eduardo Rouillet


Cristina Banegas cada domingo de junio y julio cantó tangos tradicionales por los centros culturales de Buenos Aires; sigue apareciendo en "Vulnerables", el unitario que Canal 13 (Aire Valle en la región) emite los martes a las 23, como la madre ex alcohólica y lesbiana de Gonzalo Pierna Molina (Damián De Santo).

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