Reussi: “Fue un mensaje a la institucionalidad”

“Me buscaban a mí y sabían quién era”, afirmó.

Por Redacción

Marcelo Ochoa

VIEDMA (AV)- “Esto es un secuestro”, fue la primera advertencia de los dos encapuchados con tres armas de fuego que arrancaron un fuerte grito del juez Penal Carlos Reussi, en la madrugada del domingo. “Abrí los ojos y me encontré con la luz de una linterna y dos hombres con armas, capuchas y guantes al lado de mi cama y me pegué el susto de la vida”, confió.

Para el magistrado, esas eternas horas de extrema tensión a la que fue sometido junto a su familia fueron “un mensaje de impunidad que es necesario esclarecer, que no tiene que ver con una mera cuestión de inseguridad, que no quiere decir que no exista. A estos delincuentes les vino bien llevarse algunas cosas pero aún así me da la impresión que la idea era el mensaje para la institucionalidad y no sólo para la Justicia. Hay que saberlo leer, pero parece advertir que pueden hacer lo que quieran”.

“Me cuesta vincularlo con la delincuencia primaria que tenemos acá. Hay ciertos manejos que hablan de una preparación y de una capacidad de resolución de esta gente que no se ve en esta zona. No es esta la forma ni la capacidad operativa. Fue un juez y no un gran empresario porque la intención fue el mensaje. Buscaron el momento que yo estuviera. Me buscaban a mí y sabían quién era”, enfatizó. ç

En un momento de la exigencia del dinero le confiaron “sabemos quien sos” y a su esposa le agregaron que “su marido es un juez conocido que se está mandando algunas cagadas”.

Reussi relató que la noche del sábado regresó a su casa junto con su familia cerca de las dos de la madrugada y que a las cuatro se levantó para buscar un vaso de agua. Regresó a la cama, se durmió y despertó con la peor pesadilla que terminó varias horas después cuando los encapuchados los dejaron a todos encerrados en un baño -incluidos los chicos- y se dieron a la fuga con nueve mil dólares que -por seguridad un familiar le había pedido que los guardara en una pequeña caja de la casa- y una suma mucho menor también de moneda extranjera del juez. Le llevaron el reloj, la alianza, algo de ropa, perfumes, zapatos y zapatillas con un par de años de uso.

Modus operandi

Los dos delincuentes que permanecieron todo el tiempo encapuchados forzaron una ventana de la cocina y despejaron el camino de fuentes y platos de la mesada antes de ingresar.

Uno de ellos -el que vigilaba todos los movimientos y tenía dos armas- llevaba borceguíes negros de caña alta y el otro sólo medias probablemente con el doble objetivo de silenciar los pasos y no dejar huellas. Según el juez, “manejaron el grifo de la presión en forma permanente. Fue lo que más me sorprendió y habla de la profesionalidad. No me pegaron para marcar la autoridad ante un par de episodios ni para callarme cuando grité ni tampoco cuando pedían más plata. Por lo general el asaltante busca establecer un abismo de autoridad con la víctima para no dejarlo ni pensar a través del miedo por los golpes y para no ejercerla hace falta una preparación muy particular como observé en este caso”.

Interpretó que el que tenía las dos armas una en la mano y otra en la cintura “me demostró que no les importaba nada sino que estaban preparados para confrontar. La segunda arma no era para el robo sino para una eventual oposición con la Policía”.

El juez Reussi, quien pronto jurará como camarista, cree que el asalto lo cometió gente que no es de la zona.