Riquezas no visibles



Roberto Samar*

El desafío es exigir políticas de Estado que cuestionen la realización simbólica del genocidio de los pueblos originarios.

Somos un país multilingüe ya que, además del español y las lenguas de migración, en este territorio conviven más de catorce lenguas indígenas. La publicación “Lenguas indígenas de Argentina” del Inadi sostiene que en este país se habla quechua, guaraní, qom l’aqtaqa, wichí, nivaclé, chorote, áonek, mapuzungun, español, entre otras muchas lenguas.

Sin embargo, tendemos a negar la diversidad de culturas que conviven en el territorio y las riquezas de las distintas cosmovisiones. Esto se debe a que hay una mirada dominante que se impone y un genocidio que se perpetúa simbólicamente negando nuestras raíces indígenas.

Este ocultamiento es consecuencia de que los pueblos indígenas vivieron un genocidio del cual hoy padecen sus consecuencias. Muchos negaron sus raíces y su identidad para sobrevivir. Escondieron ceremonias, saberes, conocimiento e incluso su idioma.

Siempre es oportuno recordar que el 60% de la población actual desciende de pueblos indígenas, sin embargo, muy pocos son conscientes de ello.

Según la antropóloga y especialista en genocidio y políticas indígenas, Diana Lenton, “venimos sosteniendo que las campañas del desierto significaron un genocidio para los pueblos originarios, también sostenemos que es un genocidio que todavía continúa, en el sentido de que no hubo un corte, no hubo ninguna gestión de gobierno que haya tenido la voluntad política de cortar con ese genocidio, sino que sigue existiendo un proceso genocida”.

Genocidio que continúa

En el contexto actual “estamos en la instancia de realización simbólica de genocidio en el sentido que perduran las condiciones, que son estas condiciones discursivas”.

La perpetuación del genocidio sufrido por los pueblos indígenas tiene entre sus pilares a los medios de comunicación que ocupan posiciones dominantes, quienes realizan un doble juego de invisibilización y estigmatización.

El Inadi sostiene que los pueblos originarios-indígenas son muchas veces retratados como extraños u opuestos a la cultura argentina o los “intereses nacionales” y se desconocen aspectos sociales, culturales y políticos más amplios en las coberturas. Asimismo, según el informe de la Defensoría del Público “de 17.197 noticias analizadas durante el 2016 en el Monitoreo de los programas noticiosos de los canales de aire de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, solo 0,1% refiere a pueblos originarios y campesinos”.

La comunicación es una arena donde se desarrollan las disputas de sentido, donde se pueden fortalecer o cuestionar discursos discriminatorios y excluyentes. Lo positivo es que existe un marco normativo vigente sobre el cual se pueden desarrollar políticas reparadoras:

La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual plantea entre sus objetivos “la preservación y promoción de la identidad y de los valores culturales de los pueblos originarios”.

Asimismo la ley reserva una frecuencia AM, una frecuencia de FM y una frecuencia de televisión para los pueblos originarios en las localidades donde cada pueblo esté asentado.

Paralelamente, la declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas sostiene que “los Estados protegerán la existencia y la identidad nacional o étnica, cultural, religiosa y lingüística de las minorías dentro de sus territorios respectivos y fomentarán las condiciones para la promoción de esa identidad”.

El desafío es exigir políticas de Estado que cuestionen la realización simbólica del genocidio.

Para generar las condiciones de esas políticas públicas, como comunicadores y comunicadoras podemos poner en tensión los discursos hegemónicos que reflejan la discriminación y el colonialismo cultural dominante. Podemos reflejar la riqueza multicultural, pluriétnica y multilingüe del país que somos.

*Licenciado en Comunicación Social (UNLZ), docente de la UNRN


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