Rock contestatario

Sonora Insurgente sale al ruedo con “El manual de la violencia”, un disco y manifiesto político que se nutre del rock y de los ritmos latinoamericanos.

Por Redacción

Sonora Insurgente, la formación de rock mestizo liderada por Marcos Rodríguez, editó su primer álbum, “El manual de la violencia”, que –asegura el cantante– recupera el “perfil contestatario” que está “bastante perdido” en el universo del rock. “Hay una actitud roquera que es por naturaleza contestataria, que rechaza asociarse con el poder o el gobierno de turno. Y ésa es una actitud que se puede encontrar en el folclore, en la cumbia o en cualquier género”, explicó Rodríguez. Sonora Insurgente tiene poco más de dos años de vida y en ese tiempo logró una madurez que mostró en el concierto presentación de su primer álbum en la localidad bonaerense de Haedo. La banda se formó en enero del 2010 como el proyecto que continuó la experiencia de La Sota y su fiesta pagana. En aquel clima de cambio la agrupación comenzó a tocar un repertorio que mezclaba obras de Rubén Blades, Celso Piña, Jaime Roos y Compay Segundo, entre muchos otros. Esas voces le permitieron encontrar la propia. El disco que resultó de ese proceso, “El manual de la violencia”, incluye diez canciones teñidas de una prosa vigorosa, un registro de denuncia y una heterodoxa rítmica latinoamericana que transita por el festejo, el joropo, la cumbia, la rumba, la chacarera y el tinku, entre otros acentos regionales. “El disco fue pensado como concepto en su totalidad aun antes de escribir la primera canción. En ese sentido, asume la forma del manifiesto político”, afirmó Rodríguez. Cada canción es acompañada por un texto político especialmente elaborado para el disco. Colaboraron con “El manual de la violencia” diferentes personalidades comprometidas con la realidad social como Osvaldo Bayer (escritor), Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel), Nora Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora), Eduardo Nachman (Red Solidaria con Chiapas, EZLN), Vanesa Orieta (hermana de Luciano Arruga, víctima de la represión policial), Roberta Coimbra y Jaime Carvalho (MST de Brasil), Deolinda Huarmi Sumaj Ñaui (Mocase), Pablo Pimentel (APDH Matanza) y Mauro Millán (werken mapuche). Sonora Insurgente sostuvo esos textos con una formación que, además de Rodríguez (voz, guitarras, ronroco), se completa con Aypo Rodríguez (charango, cuatro, ronroco, maolinche, maracón y güiro), Yeti Mastrolía (trompeta y voces), Marcelo Alonso (bajo y coros), Hernán Hueza (trombón y coros), Leo Gagliardi (congas, cajón peruano, bombo legüero, huancara y bongó), Mariano Zani (teclados y acordeón), Ariel Ocampo (batería) y Ariel Casagrande (timbales). Con motivo del lanzamiento de “El manual de la violencia”, con la producción de Pepe Céspedes (Bersuit Vergarabat) y Osky Righi, Télam dialogó con Marcos Rodríguez, la voz principal de la banda. –Después de un inicio con un repertorio de covers, la Sonora condensó en su primer disco diferentes ritmos latinoamericanos, ¿cómo les gusta definir su mú- sica? –Es muy difícil hacerlo con una palabra sola. La verdad es que somos muy abiertos musicalmente. Escuchamos hip hop, rock, folclore, música boliviana… No nos adentramos en todos esos ritmos para husmear en ellos sino para hacer un aprendizaje profundo. De alguna manera fue un disco de estudio. Creo, en definitiva, que podríamos definirnos como rock mestizo. Lo difícil es, una vez comprendidos esos ritmos que no nos son propios, fusionarlos con el gesto urbano, con la sonoridad del rock. –Los títulos de las canciones presentan, en todos los casos, una relación entre dos términos: “Violencia y paz”, “Lucha y soledad”, “Pan y libertad”… ¿no puede desprenderse de eso una lectura maniquea a partir de un antagonismo del orden de “Civilización y barbarie”? –Eso lo dejamos al libre pensamiento del público. Es algo que se discutió en la banda y esa lectura que tiene la pregunta nos la hicimos y la discutimos. De todos modos, no siempre los dos enunciados del título representan un antagonismo; está el caso de “Calle y pueblo”, por ejemplo. Pero preferimos no precisar ese estímulo y dejar abiertas las lecturas posibles. –El concepto del disco tiene un énfasis político muy definido, ¿se perdió ese sentimiento dentro del universo del rock? –No sé si se perdió, pero hay poco. Hay bandas como Arbolito, Las Manos de Filippi o Calle 13 que, aunque musicalmente no hacen lo que nosotros hacemos, tienen ese mismo discurso. En ese sentido nosotros entendemos que el rock no es una guitarra distorsionada sino una actitud. Esa actitud se puede encontrar en el rock o también en un folclorista. El rock tiene que ser contestario. Es su naturaleza. Y eso sí se ha perdido bastante. (Télam)