20 años de pasión y genética en la cría de caballos Cuarto de Milla para el duro trabajo en la Patagonia
Celina Cabezas es una apasionada por los caballos y en su establecimiento ubicado a 100 km. de Junín de los Andes comenzó en 2005 con la cría de la raza Cuarto de Milla, en su línea orientada a las labores de campo. La filosofía de trabajo de la estancia está basada en la confianza y el respeto por el animal, al tiempo que se incorpora genética para mejorar las líneas de sangre que mejor se adapten a la rigurosidad del sur argentino.
A poco más de una hora de Junín de los Andes, sobre la estepa patagónica y con el río Aluminé como un fabuloso telón de fondo, la Estancia Alinco se consolidó como un proyecto productivo y de vida profundamente ligado a la cría de caballos.
Allí, en ese entorno paradisíaco que ofrece la naturaleza, Celina Cabezas desarrolla desde hace más de dos décadas la cría de la raza Cuarto de Milla orientada al trabajo rural, combinando genética, adaptación al ambiente y una filosofía de manejo basada en la confianza con el animal.
La historia de Alinco habla de caballos, pero también da cuenta de una historia familiar, de vocación por la actividad de campo y de una decisión que cambió el rumbo de vida de su propietaria cuando pisó por primera vez el suelo neuquino.
Familia ganadera de tradición
Celina proviene de una familia ganadera con tradición en distintas regiones del país. Su vínculo con el campo comenzó desde muy chica, pasando largas temporadas en establecimientos rurales donde el caballo era una herramienta cotidiana. “Yo vengo de una familia ganadera, siempre han tenido hacienda y agricultura, y cuando era chica me pasaba los veranos en el campo. Estoy arriba de un caballo desde siempre”, comenta a Río Negro Rural.
Aunque en aquellos años no había cría equina, el contacto con los caballos fue permanente y formativo. Fue su padre quien marcó el rumbo de esa relación temprana, inculcando una mirada que hoy forma parte del ADN del establecimiento. “Mi papá siempre me decía: hablale al caballo, me inculcó muchísimo la relación de confianza, de compañero, que justamente es la relación que se comienza a tener hoy”.
Con el tiempo comenzaron las primeras experiencias de cría -primero con caballos criollos y otras razas- hasta que la vida la llevó al exterior, donde Celina estudió ciencias equinas y realizó cursos en Estados Unidos. Sin embargo, la distancia terminó confirmando la vocación. “Lo que más añoraba era el campo, me venía a ver el horizonte argentino porque lo extrañé muchísimo”, dice la criadora.
El desembarco en la Patagonia
Tras diez años fuera del país, Celina regresó decidida a crear su propio proyecto. El destino elegido fue la Patagonia, una región que la cautivó desde el primer momento. “Caí en la Patagonia, paracaidista total y me enamoré perdidamente. Fue amor a primera vista”, recuerda de aquellos años.
Así nació Estancia Alinco, adquirida en 2003 y convertida en proyecto productivo a partir de 2005, con la adquisión de Mandarín, el primer padrillo que llegó a la estancia desde Buenos Aires. Desde el inicio, el objetivo fue claro: criar caballos adaptados al ambiente patagónico.
Pero el desafío no era menor. Criar en esta región implica convivir con condiciones climáticas exigentes, limitaciones forrajeras y la presencia de fauna silvestre. “Criar en la Patagonia fue una aventura. Las condiciones climáticas, la topografía, la ceniza volcánica, los pumas… todo influye”, cuenta la criadora.
“Criar en la Patagonia fue una aventura. Las condiciones climáticas, la topografía, la ceniza volcánica, los pumas… todo influye”.
Celina Cabezas, Estancia Alinco.
La adaptación al entorno fue clave desde el primer día. El planteo comenzó con yeguas locales acostumbradas a la montaña y al pastizal natural, que luego se cruzaron con padrillos de genética seleccionada.
Por qué Cuarto de Milla
La elección de la raza no fue casual. El caballo Cuarto de Milla posee cualidades ideales para el trabajo ganadero. “El temperamento es fundamental , buscamos caballos mansos, dóciles e inteligentes”, explica Celina.
Dentro de la raza existen dos grandes líneas: carrera y trabajo. En Alinco se orientaron hacia esta última, especialmente hacia disciplinas ligadas al manejo de ganado. Estos caballos se destacan por su potencia muscular, especialmente en el tren posterior, lo que les permite arrancadas rápidas y gran maniobrabilidad. “Son muy voluminosos, con pechos anchos, buen hueso y mucha masa muscular en la parte trasera”.
El proceso de selección es riguroso. Antes de incorporar una yegua al plantel reproductivo, se prioriza su doma y evaluación de carácter.
Genética y manejo reproductivo
Actualmente, el rodeo equino está compuesto por unas 15 a 20 yeguas madres y cuatro padrillos. “Hace 20 años que estamos en esto y sabemos qué padrillo funciona mejor con cada yegua. Es pura genética y compatibilidad”, explica Celina.
La incorporación de semen congelado desde Estados Unidos permitió sumar genética internacional al plantel. Parte del proceso reproductivo se realiza en la provincia de Buenos Aires, donde se llevan adelante las inseminaciones.
Sin embargo, el objetivo final es claro: que los potrillos crezcan en Neuquén. “Quiero que sean nacidos y criados en la Patagonia”.
El desafío de producir en ambiente patagónico
El sistema productivo se apoya exclusivamente en pasturas naturales. A diferencia de otras regiones, no se implantan pasturas consociadas, lo que obliga a manejar con precisión la carga animal. “Acá hay que cuidar muchísimo el suelo. No podemos entrar con tractor y sembrar como en Buenos Aires”, sostiene Celina.
A esto se suman los eventos climáticos extremos. La sequía reciente obligó incluso a modificar manejos tradicionales. “Fue histórica la seca. Por primera vez tuve que sacar yeguas de un potrero por falta de agua”.
Un caballo para el campo… y mucho más
Los caballos de Alinco se comercializan en distintas etapas: desde el destete hasta ejemplares domados. Se venden animales para trabajo rural, deporte y también reproducción. “Me han comprado padrillos para empezar manadas en Patagonia, Mendoza, Córdoba, Buenos Aires e incluso Chile”, cuenta la productora.
La mansedumbre es un rasgo central, especialmente cuando los compradores son jinetes principiantes. Además, la raza tiene creciente demanda en terapias asistidas. “Se usan muchísimo para equinoterapia”, explicó la criadora.
La calidad del plantel se refleja en los resultados obtenidos en exposiciones patagónicas, donde los ejemplares de Alinco han logrado importantes premios. “Llevamos diez caballos y sacamos los grandes campeones”, cuenta Celina sobre la experiencia en la última Exposición Rural de Neuquén. Entre los logros más destacados figura el premio al caballo más versátil, obtenido por un padrillo nacido en el establecimiento.
Producción ganadera y frutales
El establecimiento combina la actividad equina con un rodeo bovino de cría, manejado en escala reducida para preservar los recursos forrajeros. Se utilizan razas Hereford y Angus colorado, con ventas de terneros al destete. A esto se suma la recuperación de una antigua plantación de frutales, hoy ampliada a unos 400 árboles. Con ello “hacemos dulces que vendemos principalmente en exposiciones”.
Uno de los proyectos más importantes de los últimos años en Alinco es el desarrollo de cursos de manejo equino basados en la no violencia. La propuesta se inspira en la utilizada por el reconocido entrenador Monty Roberts. “Nuestra filosofía es la no violencia y la confianza mutua con el caballo”, resume la criadora.
Los cursos se realizan en Patagonia y buscan difundir nuevas formas de vinculación entre humanos y equinos.
Mirando hacia el futuro
El crecimiento de la raza Cuarto de Milla en Argentina entusiasma a los criadores. “El mercado está muy bien, hay mucha demanda y la raza está creciendo”.
Aunque sus hijas viven actualmente en el exterior, el vínculo familiar con el campo sigue vigente. “Cada vez que tienen vacaciones, lo único que quieren es venir a este lugar”, finaliza Celina.
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