Más que sólo turismo: San Martín de los Andes tuvo su Centro de Enseñanza Agrícola

En los años ‘80 se sumó a la tradición ganadera del sur neuquino una alternativa no formal, que buscó ampliar oportunidades para las familias que habitaban la zona rural. El testimonio de un protagonista, cuarenta años después, trajo al presente detalles de un proyecto cargado de vocación comunitaria.

Familias enteras presentes en una Muestra Ganadera realizada en 1981. Foto: Archivo RN.

“La provincia de Neuquén cuenta con cuatro escuelas de Enseñanza Agropecuaria (EPEA), a las que concurren más de 1100 jóvenes”, publicaron en 2025 desde el área de prensa gubernamental. Se referían a las sedes de Nivel Medio de Las Ovejas, Plottier, San Patricio del Chañar y Bajada del Agrio, pero vale recordar que San Martín de los Andes tuvo lo propio. Si bien era del tipo “no formal”, pensada para aquella población que no podía acceder a otros espacios académicos, apuntaba hacia la misma esencia: respaldar la tarea en las actividades primarias que dieron sustento a tantas familias desde los primeros asentamientos humanos en la región y con eso habilitar el campo laboral. 

Gracias al Archivo de Río Negro, fue posible ir hacia atrás en el tiempo, para profundizar en una experiencia que se forjó en la tierra donde nació nada menos que la Sociedad Rural de Neuquén. En 1933, la cría del ganado lanar tenía relevancia y en San Martín de los Andes se realizó un recordado encuentro en el antiguo Hotel Lácar, convocado por el gobernador Carlos H. Rodríguez. Productores y ganaderos de la precordillera se agruparon bajo el lema “Unión, acción y sacrificio”, con la conducción de Andres Douglas Reid, que fue su primer titular. Con referentes de los departamentos Lacar y Huiliches buscaban tener actividades conjuntas y alcanzar representación en las decisiones que se tomaban desde Buenos Aires. 

El proyecto funcionó en el primer piso de la Terminal local. Foto: Archivo RN.

Pasó el tiempo y tal como cuenta la reseña de la institución en su sitio oficial, la Sociedad Rural neuquina aumentó su influencia, se afilió a la Sociedad Rural Argentina y aportó a la defensa en desafíos relacionados con lo económico, lo sanitario, en materia de territorio y de conservación.

Pero desde la Intendencia de Parques Nacionales, en tiempos de la presidencia de Raúl Alfonsín y de la intendencia del ingeniero Carlos Sarceda, se empezó a gestionar la posibilidad de mejorar las oportunidades del resto de la vida rural, ampliando el apoyo en aspectos como la formación de los pobladores en conocimientos que quizás sólo algunos habían heredado o en los que se podían encontrar formas más eficientes de ponerlos en práctica.

Todo orientado a lograr el autoabastecimiento, en un segmento de la comunidad que, en muchos casos, había tenido que adaptarse al desplazamiento que generó la urbanización posterior a la Campaña al Desierto. 

Si bien desde siempre se habla de los antiguos arreos de ganado desde la Pampa Húmeda, que pasaban por los valles cordilleranos con el fin de hacer la invernada o el engorde, para cruzar rumbo a Chile, bastante poco se había avanzado luego en la aplicación de alternativas que permitieran diversificar la forma de sustento de esos residentes: poco se sabía de la cría avícola, por ejemplo, del mejoramiento del riego o de la creación y mantenimiento de huertas más variadas y cuidadas, ante el riguroso clima de ese rincón de la provincia. 

Laclau, de naranja, con parte del equipo, a fines de los ‘80. Foto: Gentileza Pablo Laclau.

Quien comparte ese panorama con Río Negro es el ingeniero agrónomo Pablo Laclau, hoy exintegrante del INTA, pero que en los años ‘80 encabezó el Centro de Educación Agrícola que supo tener San Martín de los Andes. Hoy con mucha trayectoria a cuestas, en aquellos años este profesional era un treintañero con vocación, que junto a otros colegas y docentes integraron el equipo por concurso, dependientes del Ministerio nacional, a través de la Dirección de Educación Agropecuaria. 

Juntos no sólo se enfocaron en la cría de animales domésticos, el cultivo de huertas comunitarias, el armado de invernaderos con las primeras pruebas de polietileno y más, sino que también apuntaron a la realización de ferias de frutas y verduras, a la conformación de una cooperadora que permitiera el sostén de las actividades y hasta la articulación con agentes sanitarios para asistir a los participantes de los talleres que vivían alejados.

En equipo, también durante varios años, fortalecieron la confianza con las familias rurales, a quienes quizás en el auge turístico, solo se los veía llegar al “pueblo” con sus “catangos”, esos carros típicos que servían para el transporte de leña y otras cargas, pero que necesitaban de más oportunidades para sostenerse.

Los “catangos” típicos, forma elegida para el transporte de leña y otras cargas. Foto: Archivo RN.

Con voluntad, fue posible mantener este CEA sanmartiniense en funcionamiento entre 1985 y 1992, repasó Laclau, primero en la planta alta de la Terminal de Ómnibus local y luego en la zona de la Vega Maipú. Fue así hasta que el cambio de gestión presidencial y la crisis económica que derivó de la hiperinflación acabaron por generar su cierre. 

El espacio dejó sin embargo, herramientas que fueron útiles para sortear las necesidades surgidas de ese complejo período y por qué no, un antecedente posible de retomar, junto a los demás espacios de formación laboral que hoy trabajan en distintas sedes y barrios de la ciudad. 

Convocatorias con afiches, en la SMA de fines de los ’90. Foto: Gentileza Pablo Laclau.

Actualmente, a pesar de la preponderancia turística que define casi por completo el perfil de San Martín de los Andes, la actividad agropecuaria y, específicamente la ganadería, siguen vigentes. Repartida entre productores de las comunidades mapuches, productores criollos pequeños y medianos que habitan dentro de los Parques Nacionales, y grandes estancieros, cada uno mantiene sus variantes: desde el trabajo mixto (ovino, caprino y bovino), mayormente para el autoabastecimiento, casi sin la aplicación de tecnología, a quienes mueven grandes cantidades de cabezas vacunas, con un manejo intensivo y logrando cada vez mejores índices. 

Pablo Valiña, ingeniero agrónomo de la Agencia de Extensión Rural INTA, repasó el estado de situación en su territorio de injerencia, que incluye los departamentos neuquinos Lácar, Huiliches y Los Lagos. Articulado con compañeros investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria Bariloche, del lado rionegrino, se abocan a la tarea bovina, caprina y ovina y sobretodo a garantizar el asesoramiento técnico, orientado a que los productores incorporen Buenas Prácticas Ganaderas (BPG) y que logren cada vez mejores resultados productivos, en un contexto que demanda tanto esfuerzo y tanto arraigo a la vez. 

Foto: Gentileza Pablo Laclau.

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