Inseminación artificial en ganadería bovina: por qué preparar la vaca es clave para lograr una buena preñez

La inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) permite mejorar la genética y concentrar la parición, pero no es una garantía de preñez. La condición corporal, la alimentación y la sanidad de las vacas y vaquillonas son claves para que el protocolo funcione. Por qué el manejo del productor antes y después de la inseminación, combinado con el servicio natural, define el resultado final del rodeo.

Por Emilio Vernet*

Los veterinarios inseminan; los productores preparan el vientre para que la preñez se logre. Fotos: gentileza Cabaña Rodeo Pampa.

Muchas veces se cree que la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) es la solución mágica para preñar una vaca, y no es así. Lo bueno de la IATF es que se coloca el semen en el lugar y en el momento correcto para que esa vaca se preñe. Pero si esa vaca no está en condiciones para recibir ese semen y preñarse, no lo va a hacer y el resultado será pobre.

IATF: el protocolo y el rol del productor


El protocolo es la forma de sincronizar el celo de la vaca y los veterinarios ponen mucho énfasis en la elección y colocación de hormonas y estrógenos para que eso suceda. Pero para que la vaca logre preñarse, debe cumplir determinados requisitos, como ser una buena condición corporal, una involución uterina completa, una buena sanidad y estar provista de los minerales correctos, entre otros factores. Todo este manejo depende exclusivamente del criador o productor.

Los veterinarios aplican el protocolo e inseminan; los productores preparan ese vientre para que la preñez se logre. Muchas veces da la sensación de que el productor, por ignorancia o falta de interés, no tiene en cuenta esto.

«Pero para que la vaca logre preñarse, debe cumplir determinados requisitos, como ser una buena condición corporal, una involución uterina completa, una buena sanidad y estar provista de los minerales correctos, entre otros factores. Todo este manejo depende exclusivamente del criador o productor».

Emilio Vernet.

Cuando el productor hace inseminación, espera un resultado determinado, en cierta manera garantizado por los resultados promedio que se logran, pero garantizar un porcentaje de preñez en un servicio natural con toro no es posible, ni tampoco nadie lo hace, sino más bien suele ser una estimación o expresión de deseo. Por eso, si los resultados de la inseminación no son los esperados, el productor le suele echar la culpa a la inseminación o al veterinario, por no tener en cuenta la preparación que él tuvo que hacerle a la vaca previamente.

Obviamente, tanto el protocolo y la técnica utilizada como la habilidad y experiencia del veterinario y la calidad del semen son algunos de los factores que hay que elegir en forma correcta para lograr buenos resultados.

Ganadería: la inseminación artificial y el servicio natural como un todo


¿Por qué sostengo que la inseminación artificial a tiempo fijo y el servicio natural deben considerarse como un conjunto? Porque no hay que ver la inseminación artificial como único punto a tener en cuenta para lograr buenos resultados. En la inseminación, las vacas con cría logran preñeces de entre el 45 y el 55%, y las vaquillonas entre el 50 y el 70%.

El resultado final del servicio se da por lo obtenido en la inseminación, más lo obtenido por servicio natural de repaso. Por lo tanto, el productor es responsable de preparar a la vaca en forma previa y posterior para lograr preñeces altas todos los años. En la tabla siguiente, se presenta un ejemplo.

En el caso de las vaquillonas primer servicio, los porcentajes de preñez suelen ser y deberían ser mayores a los obtenidos con las vacas con cría al pie. Si no es así, algo falló.

Preparar una vaca para la inseminación artificial implica, entre otros, manejar bien la alimentación y la sanidad desde que la ternera está al pie de la madre. La buena crianza de esos vientres es básica para que esa vaquillona en su primer servicio sea fértil.

En un campo de la provincia de Buenos Aires, un productor inseminó 500 vaquillonas y obtuvo un 68% de preñez por inseminación. En esa misma fecha, otro productor, en otro campo, misma zona, misma cantidad de vaquillonas, misma edad, mismo inseminador, protocolo y toros, obtuvo 45%. ¿Por qué? Uno las preparó y el otro no. Un productor va a decir “qué bueno es inseminar” y el otro no. Uno va a querer aumentar los vientres a inseminar el año siguiente y el otro posiblemente no lo haga más.

Actualmente, se insemina el 15% del total de vientres en el país. Foto: archivo Andrés Maripe.

Hacer inseminación artificial tiene como ventajas, entre otras, lograr cabezas de parición más grandes, terneros más pesados al destete y más parejos, incorporar al rodeo genética de toros superiores, ya que el productor no podría comprar en un remate esa calidad de toro.

Muchos se preguntan por qué en la inseminación se logran porcentajes de preñez tan bajos cuando se les está colocando el semen en el lugar justo. Hay muchos factores que hacen fracasar la fecundación o sufrir pérdidas embrionarias, tempranas o tardías, como ser factores genéticos, nivel de hormonas, calidad del ovocito, tamaño de los folículos, cuerpo lúteo y enfermedades venéreas, entre muchos otros.

Si uno quiere lograr excelentes resultados de preñez todos los años, combinar la inseminación más el servicio natural nos lo podría garantizar. Pero hay que trabajar antes y después de la inseminación con las vacas y con el pasto.

Actualmente, se insemina el 15% del total de vientres en el país. En muchos casos se debe a no tener instalaciones adecuadas para realizarlo, pero en general la principal causa se debe a la falta de conocimiento y capacitación.

Para la inseminación artificial están los veterinarios, y para el manejo previo y posterior, los ingenieros. El productor tiene que lograr tener un rodeo con un alto potencial de preñez y después combinar la inseminación con el servicio natural como un todo para lograrlo.

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(*) Ing. P.A. Emilio Vernet. Contacto: 11 3276-2189 


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