La firma de la Patagonia que se especializó y se adaptó para consolidarse como un proveedor líder de la fruticultura
Somaruga Agro nació en Cipolletti en 1990 y, durante más de tres décadas, atravesó las transformaciones de la fruticultura regional hasta convertirse en uno de los principales distribuidores de insumos sanitarios del Alto Valle.
Fernando y Jorge pertenecen a la segunda generación de una firma con más de 30 años dando soluciones a la fruticultura del Alto Valle. Foto: gentileza.
La historia empresarial de Somaruga Agro se explica por la capacidad de adaptarse a los cambios. Nació en 1990, de la mano de Oreste Somaruga y sus hijos, Fernando y Jorge, y atravesó más de tres décadas de transformaciones en la fruticultura del Alto Valle.
La empresa con sede en Cipolletti ha logrado consolidarse, aun en años difíciles para el sector. El recorrido incluye la adaptación a cambios tecnológicos, a una fuerte concentración de la producción y a nuevos competidores, y una cartera que se amplió sin perder el foco: los productos y soluciones vinculados a la sanidad vegetal.
Origen y recorrido familiar de un proveedor clave de la fruticultura del Alto Valle
La historia comienza con Oreste Somaruga. Ingeniero agrónomo recibido en Buenos Aires, llegó al Alto Valle en 1958, después de ser contratado por Compañía Química, una empresa nacional dedicada a la importación de insumos y fertilizantes para el agro. Con el tiempo, también desarrolló su propio negocio de venta de insumos para la fruticultura, en la calle Uruguay de Cipolletti.
Jorge siguió el mismo camino profesional y se recibió de ingeniero agrónomo en Cinco Saltos, Río Negro. Comenzó a trabajar en Rohm and Haas, la compañía química estadounidense que luego registró e introdujo en la región el SmartFresh 1-MCP. Allí se desempeñó como delegado comercial y técnico, con una zona que se extendía desde Río Colorado (Río Negro) hasta San Patricio del Chañar (Neuquén) y que incluso lo llevó a viajar a Chile.
Tras un acuerdo entre Rohm and Haas y BASF, Jorge debía pasar a trabajar para la segunda compañía. Pero él ya había tomado una decisión. “En 1990 tenía decidido que no quería trabajar más en relación de dependencia, quería emprender. Entonces le propuse a la gente de BASF que me dieran la distribución para el Valle. Yo renunciaba, pero trabajaba vinculado a ellos comercialmente. Y me dijeron que sí”, relató Jorge.
«Él es el administrador y yo soy el que vende».
Jorge Somaruga, sobre su rol y el de su hermano Fernando en la empresa.
Así, el 30 de mayo de 1990, Oreste, Fernando y Jorge pusieron en marcha Somaruga Agro. Los hermanos se repartieron funciones según perfiles. Fernando, ingeniero civil, quedó al frente de la administración; Jorge se concentró en la actividad comercial. “Él es el administrador y yo soy el que vende”, resume el ingeniero agrónomo.
Los primeros años estuvieron marcados por la distribución de BASF y por la llegada del sistema RAK de confusión sexual, parte de una transformación hacia herramientas más precisas y productos de menor toxicidad.
Consolidarse en una fruticultura cambiante
Somaruga Agro permaneció siempre en Cipolletti, aunque en 2003 dejó el local de calle Uruguay y se mudó al edificio donde funciona actualmente, ubicado sobre la calle Tres Arroyos. El inmueble había sido una bodega, una de las primeras de la ciudad, y convertirlo en un espacio apto para la actividad demandó una importante obra.
“Refaccionar esto fue un trabajo tremendo. Empezamos a abrir las piletas de hormigón que contenían vino. De hecho, estamos en lo que fue una pileta ahora mismo”, ilustra Jorge, durante la visita de Río Negro Rural a su establecimiento.
“Hemos logrado no solamente subsistir, sino permanecer fuertes en un contexto cambiante para la fruticultura del Alto Valle”, señaló el empresario, aludiendo a la importancia de adaptarse a la dinámica sectorial.

Esta consolidación ocurría mientras la estructura de mercado de la fruticultura se modificaba sustancialmente. La producción se concentra en menos empresas de mayor escala. En cambio, hoy queda aproximadamente una cuarta parte de los productores frutícolas que había cuando Somaruga Agro comenzó, según explica Jorge.
Esa transformación modificó el trabajo de la distribuidora. En sus comienzos, la empresa elaboraba planes sanitarios y proponía alternativas a los productores. Con la concentración, los grandes productores comenzaron a definir sus propios programas y la empresa tuvo que adaptarse a las demandas de sus principales clientes.
“En los inicios nosotros ofrecíamos y los clientes aceptaban o no, y ahora con los años directamente te tenés que adaptar a lo que están pidiendo los grandes consumidores, a las grandes empresas”.

Otro cambio decisivo fue la tecnología. “Hoy estamos esperando que nos pidan presupuestos. Ahora es comodísimo, porque con el teléfono y la notebook ya es más que suficiente para hacer absolutamente cualquier cosa”.
La evolución sanitaria acompañó esa transformación: los problemas centrales siguen siendo similares, pero las herramientas van desde los carpogrados y las trampas hasta la confusión sexual y productos de menor toxicidad y mayor residualidad. “Hoy tenemos muchas más herramientas que antes, cuando nos iniciamos para el control de la carpocapsa”.
Más productos, pero un solo foco
Hoy los insecticidas representan la principal parte de la facturación de Somaruga Agro, con la carpocapsa como uno de los problemas centrales. El resto se reparte entre fertilizantes, fungicidas, acaricidas y herbicidas, y algunos complementarios vinculados a la actividad.
Actualmente distribuye productos de prácticamente todas las grandes multinacionales que se importan en la región. Sin embargo, no dispersó el negocio hacia otros rubros.
“Nunca optamos por ferretería, ni por maquinaria, ni por semillas, ni nada por el estilo. Siempre tratamos de estar concentrados”, afirma Jorge. Esa especialización se mantiene como una de las características centrales de la empresa y es, sin dudas, una de las claves de su éxito.
«Antes teníamos una lista de clientes mucho más extensa. Ahora tenemos menos, pero son de mayor tamaño».
Jorge Somaruga, socio de Somaruga Agro.
El foco convive con una producción regional que se diversificó. A las peras y manzanas se sumaron con mayor presencia cultivos como frutilla, frutos secos, horticultura y frutales de carozo. También crecieron actividades como la producción de alfalfa, maíz y verdeos. Somaruga Agro abastece a todas estas actividades.
Como resultado del proceso de concentración en la fruticultura, hoy la empresa tiene menos clientes, pero de mayor escala. “Antes teníamos una lista de clientes mucho más extensa. Ahora tenemos menos, pero son de mayor tamaño”, resume Jorge.
El desafío hacia adelante está ligado, una vez más, a la evolución de la fruticultura y de la economía argentina. Jorge observa que la concentración productiva probablemente continúe y que habrá menos empresas, pero más grandes. En ese escenario, la eficiencia será determinante.
Después de 36 años, Somaruga Agro llega a esa nueva habiendo cambiado junto con el sector sin dejar de ser fiel a su especialización. De aquella distribución que comenzó en un local del centro de Cipolletti a una empresa que trabaja con las principales multinacionales del rubro, el crecimiento fue sostenido. El contexto cambió; la decisión de adaptarse, no.
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La historia empresarial de Somaruga Agro se explica por la capacidad de adaptarse a los cambios. Nació en 1990, de la mano de Oreste Somaruga y sus hijos, Fernando y Jorge, y atravesó más de tres décadas de transformaciones en la fruticultura del Alto Valle.
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