El enólogo de Mendoza que transformó la vitivinicultura de la Patagonia y la frase que inició todo: «Me vendría de 10 que estés en la bodega de Río Negro»
Mario Lascano llegó al Alto Valle del río Negro con solo 25 años. General Roca es la base desde la cual viajó miles de kilómetros durante mucho tiempo para acompañar e incentivar a decenas de productores de Río Negro, Neuquén y Chubut en la elaboración de sus propios vinos. “En la Patagonia, no queremos hacer vinos como los de Cuyo”, afirma.
Mario Lascano es licenciado en enología, y buena parte de su rica trayectoria profesional se forjó a fuerza de casualidades. Desde la elección de la carrera, pasando por su llegada a Río Negro y culminando con los innumerables viajes en toda la Norpatagonia que lo convirtieron en un verdadero referente de la vitivinicultura de la región.
Entrevista con el enólogo de Mendoza que transformó la vitivinicultura de la Patagonia
PREGUNTA: ¿Qué te llevó a elegir enología?
RESPUESTA: Nací en Maipú, Mendoza. En mi familia no hay nadie que venga de la rama vitivinícola. Yo arranqué con la licenciatura en enología un poco sin querer, porque hice el secundario en la escuela vitivinícola Don Bosco Rodeo del Medio, en Maipú. Sin saberlo, dentro de la misma institución estaba el terciario y la Facultad de Enología. Terminé el secundario y mi idea era seguir abogacía, pero cuando empecé con el preingreso a la carrera, inmediatamente me di cuenta que eso no era para mí. Ese mismo año fui, me inscribí en Enología en Don Bosco e ingresé.
P: ¿Ahí empezaste a interiorizarte con la actividad?
R: Sí. Y mi primera experiencia laboral fue cuando estaba en tercer año. Fue una práctica laboral que hicimos en la bodega La Rural de Maipú. Era la primera vez que pisaba una bodega, con eso te digo todo. Y me gustó el movimiento, el trabajo, el proceso, cosas que venía viendo pero a través de los libros, no lo había vivido. En cuarto año de la carrera hice una temporada en otra bodega de Maipú. Fue una experiencia buenísima porque era una bodega chica con recursos bastante limitados, pero hacía vinos para exportación. A mí me sirvió un montón para abrir la cabeza, para aprender a rebuscármela con pocos recursos. Al año siguiente hago la primera vendimia en Bodega Fabre Montmayou, en Mendoza. Era como estar en Disney. Fue un salto a una bodega con más tecnología y recursos, era todo más fácil. A fines de 2024, el enólogo principal me dice: “me vendría de 10 que estés en la bodega de Río Negro”. Yo ni siquiera sabía que había una bodega en Río Negro, ni que hubiera vitivinicultura en Río Negro. Entonces le dije: “hagamos un viaje, conozcamos el lugar y la bodega, y vemos”. Vine, me gustó el lugar, la bodega que está en Roca, el desafío, el proyecto. En 2005 ya estaba en Roca instalado.

P: ¿Cómo era la vitivinicultura del Alto Valle en ese entonces en comparación con la actualidad?
R: En ese entonces era un poco más complicado todo, más que nada por cuestiones climáticas. Tengo el recuerdo de las cosechas 2005, 2006, 2007 y 2008, donde tuvimos heladas muy fuertes que nos afectaron un montón en la producción. Y había muy pocos viñedos para salir a comprar uva. A partir del año 2013 se notó mucho el cambio climático, porque empezamos a tener menos heladas que antes y porque las uvas cambiaron un montón en sus procesos de madurez. Cambios para bien. Alto Valle y Valle Medio son zonas más frescas y estables que San Patricio del Chañar, por ejemplo. Y, además, tienen viñedos de mayor antigüedad. Nosotros buscamos eso. Hemos notado una mejoría importante, no solamente en el clima que nos ha favorecido, sino también porque hemos aprendido a conocer la zona; los manejos no son todos iguales.
P: ¿Qué podés contarnos de la bodega que Fabre Montmayou tiene en General Roca?
R: Se llama Infinitus, se instaló hace más de 30 años. El edificio tiene más de 100. En Allen, tenemos 39 hectáreas de viñedos propios, con lo que cubrimos entre el 50% y 60% de la producción de vino, y el resto lo hacemos comprándole a pequeños productores uvas muy selectas de distintos lugares. Le compramos a un productor de seis hectáreas en Senillosa, Neuquén, a uno de cuatro hectáreas que está en General Roca, Río Negro, y a otro de siete hectáreas en Luis Beltrán, Río Negro. Esos son los productores fijos que tenemos desde hace ya 20 años. Hay años que les compramos a otros, pero son productores más grandes, por lo que les compramos parte de la producción, no toda.
Dato
- 21 años
- Pasaron desde la llegada de Mario Lascano al Alto Valle.
P: Sos muy conocido en el ambiente vitivinícola de la Norpatagonia. ¿A qué se debe?
R: A que recorrí mucho. Todo empezó en el año 2007, cuando en el INTA habían reflotado el Programa Cambio Rural. Entonces me contacta desde INTA Mario Gallina, el ingeniero agrónomo a cargo de vitivinicultura. Lo conocía de degustaciones en el INTA y porque lo había contactado cuando estaba en busca de productores para Infinitus. Me comenta que había unos productores en Valle Medio que, entre otras cosas, tenían viñedos, y que hacía rato que venían preguntándose: “¿por qué estamos vendiendo nuestras uvas a bodegas grandes? ¿Por qué no nos animamos a hacer nuestro propio vino?”. Cada uno, de forma individual, se largó a hacer su vino y le salió mal, básicamente porque no tenían asesoramiento. En el marco de Cambio Rural, el ingeniero Gallina los invita a agruparse para ser asesorados por un técnico. Mario me ofrece ese rol, y fue ahí cuando por primera vez salgo del Alto Valle para ir al Valle Medio. Nos juntamos en una chacra que uno de los productores tenía en Darwin, recorrimos todos los viñedos, probamos uvas. Rápido nos pusimos de acuerdo en todo, y al día de hoy seguimos con ese proyecto. Hablamos de Enclave Sur, que se conforma de varios productores de Darwin, Choele Choel y Luis Beltrán, y tiene una bodega en Choele Choel. Fue un boom para la zona, porque era algo nuevo, una bodeguita que empezó a funcionar, productores conocidos y, sobre todo, porque se mandaron muestras a distintos concursos de vinos caseros en Argentina, y ganamos un montón de medallas de oro y plata. Eso tuvo mucha repercusión. A través del INTA se empezó a difundir mucho toda esta información.
P: ¿Cuál fue el siguiente paso?
R: Al muy poco tiempo, en la isla La Esmeralda en Luis Beltrán, los dueños de una antigua bodega querían reflotarla. Ignacio y Carlos Videla Dorna me contactan para ir a verlos, me interesó el proyecto y me puse también a trabajar con ellos. Ahí empieza el proyecto bodega Videla Dorna, del cual sigo participando. Y a los muy pocos meses, desde la bodega Rivus de Darwin, Augusto Ripoll me contacta también para hacer un asesoramiento. Trabajé con él más de 10 años. Es como que había acaparado todo el Valle Medio en ese momento. Y en el año 2009, el ingeniero Gallina me contacta y me dice: “me están llamando del INTA de Trelew porque también hay muchos productores que se están largando a plantar y quieren empezar a hacer vinos”. Organizamos un viaje para allá para ir a dar charlas técnicas y empecé a conocer la zona de Trelew, Puerto Madryn y Gaiman. Estuve viajando como tres años seguidos, hasta que se da la oportunidad de hacer Cambio Rural también allá, porque ya había varios productores, algunos de los cuales ya estaban elaborando su vino. Y prosperó. Al día de hoy sigo también en ese proyecto que también incluyó una bodega que nuclea a varios productores, como en Valle Medio, con la diferencia de que esa bodega la hizo el INTA. Luego se fueron abriendo algunos productores, dos se hicieron sus propias bodeguitas, a los que también seguimos asesorando.

P: ¿Y en Neuquén?
R: En Senillosa fui a comprar uvas a un productor para Infinitus, le seguimos comprando uvas, pero también lo asesoro en la elaboración de sus propios vinos. Se llama Camilo Iturbe, de la bodega Tierra Tehuelche. Él ya había arrancado a hacer su vino, pero no le iba muy bien, tenía sus problemas, le di una mano con el manejo y elaboración. Esa bodega fue creciendo, era muy chiquitita al principio. Lo mismo con la bodega Moschini, de Ángel Moschini, que era un productor que vendía la uva. En los años en que la uva no valía y no podía venderse, empezó con un proyecto para elaborar su propio vino y venderlo. Me contactó, y arrancamos juntos, y seguimos trabajando juntos. Con Marcelo Marteau, de la bodega Gérôme Marteau, también trabajo desde 2008. También asesoro a la bodega Tronelli, de Carlos Tronelli, ubicada en General Roca; le dimos una vuelta completa a esa bodega, cambiando el estilo de los vinos y sumando nuevas líneas. En Río Colorado también le di una mano a Ernesto Bardini, que arrancó elaborando 1.000 litros al año y que en la última cosecha hizo 9.000. Así, hubo muchos proyectos, algunos siguen, otros no. Hoy por los avances en las comunicaciones y porque la metodología ya está aprendida, no viajo tanto, pero en los primeros años visitaba mucho las bodegas y viñedos, hasta dos veces por día.
P: Cuánta fe en la vitivinicultura de la Norpatagonia. ¿Qué es lo que viste?
R: Se ve muy claro que el nombre “Patagonia” en el mundo pisa fuerte, y estamos difundiendo cada vez más la zona con mis colegas. A veces se subestima, pero es complicado comprender la zona, los procesos de los viñedos, para apuntar a un estilo de vino. En la Patagonia no queremos hacer vinos como los de Cuyo, no estamos en Mendoza, es otra cosa. Es importante entender bien en dónde estamos. En Patagonia son muy notorias las diferencias que tenemos, con pocos kilómetros de distancia obtenemos vinos totalmente distintos. Y hay que respetar eso, no tenemos que buscar que todo sea igual, eso no va. Es lindo, creo que hacemos manejos cada vez mejores, tenemos tendencia a elaborar vinos más amables y consumibles, que son los que pide el mundo. La Patagonia tiene un potencial enorme porque hay mucha tierra y agua, que son factores fundamentales.
«En Patagonia son muy notorias las diferencias que tenemos, con pocos kilómetros de distancia obtenemos vinos totalmente distintos. Y hay que respetar eso.»
Mario Lascano, enólogo.
P: En esa búsqueda de vinos más amables, el Pinot Noir patagónico destaca, ¿no?
R: Para mí no es la mejor variedad de la Patagonia, pero sí es el lugar de Argentina donde mejor se adapta. Si alguien quiere producir Pinot Noir, tiene que venir a la Patagonia. Para mí, la mejor variedad de la Patagonia sigue siendo el Malbec, que en todos los lugares nos da vinos extraordinarios. El Pinot Noir, en cambio, necesita su lugarcito. Lamentablemente hay una variedad que comercialmente está casi en la ruina, que es el Merlot, pero que encontró en la Patagonia su lugar en el mundo, y donde sigue dando vinos extraordinarios.
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Mario Lascano es licenciado en enología, y buena parte de su rica trayectoria profesional se forjó a fuerza de casualidades. Desde la elección de la carrera, pasando por su llegada a Río Negro y culminando con los innumerables viajes en toda la Norpatagonia que lo convirtieron en un verdadero referente de la vitivinicultura de la región.
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