Producen alfalfa en una chacra de Río Negro por una causa noble:»Este proyecto nos cambió la vida»
El cultivo es la principal fuente de ingresos de la familia, y le permite hacerse cargo de niños judicializados. Cuánto producen y cómo combinan producción con crianza.
La producción de alfalfa en el Alto Valle y Valle Medio está mostrando altos niveles de rentabilidad, en parte por la expansión del negocio ganadero. Muchos productores aprovechan ese buen presente para sumar hectáreas. Y aunque el objetivo de cualquier negocio es obtener una ganancia, en Cinco Saltos, provincia de Rio Negro, una familia destina parte de ese rédito a una causa noble.
Daniel Bestvater y su esposa Estela Burgos tienen cuatro hijos, viven en una chacra de más de 20 hectáreas y a lo largo de su vida afrontaron distintos negocios relacionados al mundo agro. La producción frutícola y la empresa de transporte son algunos ejemplos. Hoy, detrás de la ganancia que obtienen por la producción forrajera hay también un motivo único: poder criar a niños y niñas judicializados.
Sus orígenes: pasado agricultor y presente forrajero
La familia Bestvater tiene historia en el negocio rural. Oriundos de Roca, sus abuelos se dedicaban al transporte de frutas que iban a comercios de Comodoro Rivadavia y Río Gallegos. Con el tiempo, adquirieron tierras en Cinco Saltos y, posteriormente, la actual pareja incorporó otros lotes que hoy componen las 21 hectáreas.
Antes de dedicarse de lleno al negocio forrajero, tenían montes frutícolas. Por motivos económicos y sanitarios abandonaron el negocio y hubo que desmontar para habilitar la actual zona productiva. Ellos mismos, subidos al tractor, se encargaron de preparar la tierra y dejarla en condiciones.
Sus primeros pasos con la alfalfa fueron alrededor del año 2000, cuando una importante empresa de la región los contrató para manejar la tierra y producir fardos de manera tercerizada. En ese período aprendieron sobre el cultivo.

«Dejábamos todo cortado, hacíamos el fardo, lo traíamos, lo vendíamos y con eso empezamos», recuerda Bestvater.
Más adelante, decidieron producir alfalfa de manera autónoma. La elección respondió a cuestiones económicas: los elevados costos de producción frutícola (principalmente, mano de obra) terminaron de inclinar la balanza. Con la alfalfa, la pareja halló un alivio: no tienen personal contratado, las máquinas les pertenecen y las operaciones como siembra y cosecha las realizan por cuenta propia.
«Tener personal era un dolor de cabeza. Entonces, ¿con qué arrancamos? Con algo que no requiera personal», añade.
El mercado actual obliga a contar con mayores superficies, reducir costos y ser lo más eficiente posible para mantenerse en la competencia. A la hora de ofrecer fardos, la familia de Cinco Saltos apunta a porciones bien verdes, marcando un diferencial de calidad.
Selección de cortes
Con años dentro del negocio de alfalfa, la pareja entendió que no todos los clientes quieren sus fardos de la misma manera. Al proveer las pasturas, entendieron que cada tipo de hacienda requiere un tipo de corte. No es lo mismo el fardo destinado a las ovejas o vacas que a caballos de carrera.
Hay etapas donde la alfalfa crece con caña más dura, otras donde florece y otras donde alcanza un mayor tamaño. El ojo de Daniel y Estela se fue perfeccionando en base al paso del tiempo y al pedido de sus clientes. Por ejemplo, si un cuadro tiene potencial para producir 150 fardos, para un productor de caballos de carrera el corte se realiza cuando produce 110. Esto no supone una pérdida ya que el temprano corte se justifica por el plus de precios.
Rendimientos: cuántos fardos producen
La producción ronda los 570/580 fardos, de un promedio de 22 a 23 kilos, por hectárea al año. Esto se traduce en un rendimiento de 12.000 kilos de materia verde por hectárea.
Daniel asegura que, por el auge del sector petrolero, muchas familias del lugar incorporaron caballos para uso propio, para sus hijos, y esto les permite proveer esa demanda. Para fortuna de los Bestvater, cuentan con un canal por encima del nivel de la chacra que les permite riego por manto.
La pareja coincide en que este tipo de producción les ha dado resultados y les genera una rentabilidad. Esto sumado a la no inclusión de personal fijo les permite gozar de buena ganancia que destinan a mantener a su familia y los menores que mantienen. «No tiramos manteca al techo, pero nos sirve para mantener todo», comenta Bustos.
Otros proyectos
Para complementar el ciclo productivo, su hija más chica propone producir fardos de segunda, en el último ciclo de cortes, y destinarlos a alimento de ovejas Dorper. Con esto, apuntan a armar un feedlot de esta especie, una oveja que no tiene lana, sino pelo, lo que supone un ahorro de costos de esquila.
La familia cree que es un mercado con potencial, y que la producción de alfalfa de segunda podría aprovecharse para incursionar en el sector ganadero ovino.
La causa benéfica
Hace 15 años, la pareja comenzó a vincularse con niños judicializados, víctimas de maltrato, abuso y la falta de responsabilidad de sus padres en la crianza. Así, desde el 2011 forman parte del programa Familias Solidarias de Neuquén y hasta ahora han acogido a 19 niños y niñas.
La convivencia entre sus cuatro hijos y los menores que reciben en busca de nuevas familias convierte su hogar en un espacio fraternal. El propósito de ellos es funcionar como conectores entre los afectados y las familias en lista de espera.
Los requisitos para ser familia solidaria son: ser mayor de 18 años, no poseer antecedentes penales y no encontrarse anotado en el Registro Único de Adopción (RUA).
«La vida te va dando señales. Nosotros somos muy creyentes, las cosas no pasan porque sí. Cuando algo no funciona, no funciona».
Estela Bustos, productora de alfalfa.
En palabras de Daniel: «Este proyecto nos cambió la vida, teníamos la impresión de que trabajabas, pero no la veías nunca». En su casa, gracias a distintas donaciones, reciben juguetes, ropa y demás artículos vitales para ser una familia de tránsito con todos los requerimientos.
Comentarios