Una herramienta con sello patagónico que busca darle más tiempo de conservación y calidad a la fruta en frío

Una nueva alternativa para el manejo poscosecha permite aplicar 1-MCP (1-metilciclopropeno) de manera selectiva, directamente dentro de la caja. El sistema apunta a controlar el proceso de maduración de frutas climatéricas como pera y manzana, ampliar las posibilidades de conservación y reducir pérdidas por merma y deterioro.

Por Miguel Vergara

MCPBag para la conservación de fruta en frío.

MCPBag para la conservación de fruta en frío.

En la conservación de frutas, contar con herramientas para extender la vida útil sin resignar calidad es uno de los desafíos centrales de productores y empacadores.

Una de esas herramientas es la bolsa MCPBag desarrollada por la empresa roquense LP SRL para incorporar MCP -un compuesto que bloquea los receptores de etileno de la fruta, la hormona responsable de la maduración- y generar dentro de la caja una atmósfera que permite bloquear el avance de la maduración mientras la fruta permanece almacenada.

El desarrollo fue realizado incorporando la tecnología Vidre+ en conjunto con FreshInset que aportó parte de la tecnología, mientras que el fabricante local trabajó sobre la aplicación del sistema a través de la propia bolsa. Después de varios años de desarrollo y ensayos, el producto tuvo su primera prueba comercial en 2024 y comenzó luego una etapa de comercialización más amplia.

La propuesta apunta especialmente a frutas climatéricas, como la pera y la manzana, que continúan madurando después de la cosecha. En ese proceso, la fruta libera etileno, que activa receptores presentes en la dermis y acelera la maduración.

El MCP actúa precisamente sobre esos receptores. “Lo que hace este compuesto es bloquear los receptores y de esta forma proteger a la fruta de los efectos negativos del etileno”, dicen desde la empresa.

Cuando el MCP ocupa esos receptores, el etileno no puede activar los procesos fisiológicos de la misma manera. El receptor queda bloqueado y se demoran los procesos de maduración, mientras se mantiene la condición generada dentro de la bolsa.

Aplicación selectiva



Uno de los principales atributos del sistema es la posibilidad de aplicar el tratamiento de manera selectiva. A diferencia de una aplicación convencional en cámara frigorífica, donde todo el volumen almacenado recibe una determinada dosis, la bolsa permite decidir qué cajas, pallets o lotes tratar.

MCPBag, una herramienta más para conservar la calidad de la fruta en frío.


Esto adquiere especial relevancia cuando una misma cámara contiene fruta con diferentes grados de maduración o distintos destinos comerciales.

“Con la bolsa sos selectivo: aplicás el producto a lo que querés conservar”, explica Andrés Pogost, gerente general de LP SRL.

Para un empacador significa contar con una alternativa adicional frente a cambios en los programas comerciales. Una fruta inicialmente destinada a una venta rápida puede, ante determinadas circunstancias, necesitar una guarda más prolongada. En ese caso, disponer de una herramienta que permita extender la conservación puede modificar la decisión sobre el destino del lote.

La bolsa se incorpora en el proceso habitual del empaque. La fruta se coloca dentro de ella, se realiza el plegado correspondiente y la propia humedad generada en el interior activa la liberación del MCP.

Una variable fundamental



La dosificación es uno de los aspectos que requiere mayor atención. El sistema trabaja con tres niveles de concentración y la elección depende de distintas variables: variedad, momento de cosecha, firmeza de la fruta, condiciones de almacenamiento y destino comercial. Una pera recién cosechada y firme, por ejemplo, requiere una dosis menor que una fruta que llega al empaque con un mayor avance de maduración.

La bolsa MCPBag hace muy fácil el control para saber si el producto está presente en la caja: si está la bolsa, está el tratamiento con MCP.


La lógica puede resumirse en tres escenarios: una dosis baja para una fruta en el inicio de cosecha, una intermedia para una situación de avance medio y una alta cuando la fruta presenta mayor madurez o está destinada a una guarda prolongada.

El mercado de destino también influye. No es lo mismo una fruta que será comercializada rápidamente que otra que deberá afrontar un tránsito de varios días hacia un destino lejano. Por eso, uno de los conceptos que remarcan desde la empresa es que no existe una receta única.

“No hay nada estándar. Nosotros damos una herramienta con una determinada regulación; después cómo usan la herramienta depende de cada productor”, dijo Oscar Artero, gerente comercial de LP SRL.

El manejo del frío, el origen del lote, las condiciones en las que se realizó la cosecha y la situación particular de cada fruta forman parte de una ecuación que el empacador debe considerar.

Menos manipuleo



Otro aspecto que destaca el desarrollo es la simplificación del trabajo dentro del empaque.

La bolsa va ubicada dentro de la caja que va a recibir la fruta que irá al frigorífico.


Existen sistemas en los que el MCP se incorpora mediante stickers o tabletas que deben ser colocados manualmente en las cajas. Ese procedimiento suma manipuleo y abre la posibilidad de errores.

Una caja puede quedar sin tratar, una dosis puede ser incorrecta o pueden aparecer diferencias entre lotes.

Con la bolsa, el tratamiento queda asociado directamente al envase. “Si está la bolsa, ya sabés que el producto está presente”, explican desde la empresa.

Otra ventaja clave que proporciona el uso de MCPBag es que al ser monomaterial su reciclado es mucho más eficiente.

El sistema busca así reducir una instancia de control manual y facilitar la identificación de las cajas tratadas.

Reducir pérdidas



Más allá de extender el período de conservación, el objetivo final está relacionado con uno de los problemas que más impactan en la cadena frutícola: las pérdidas.

MCPBag para conservación de frutas climatéricas.


Merma, deshidratación, golpes y deterioro durante el manipuleo representan fruta que pierde valor o directamente deja de ser comercializable.

“Casi toda la tecnología que hacemos nosotros es justamente para proteger el alimento y extenderle la vida, disminuir los desperdicios”, aclaran en LP SRL.

La bolsa con MCP se incorpora dentro de esa estrategia como una herramienta más. No reemplaza al frío ni a las buenas prácticas de cosecha, empaque y conservación, sino que se suma a ellas.

La propia experiencia de la empresa parte de esa lógica. Antes de este desarrollo ya había trabajado en soluciones destinadas a reducir daños físicos en los envases y proteger la fruta durante el manipuleo.

La evolución del mercado y las mayores exigencias en materia de calidad fueron impulsando nuevas alternativas.

Peras, manzanas y más



Aunque el desarrollo tiene un fuerte vínculo con la fruticultura regional, sus posibilidades no se limitan a la pera y la manzana.

Se realizaron pruebas en kiwi y también existen consultas y experiencias con otras especies. Entre las posibilidades mencionadas aparecen caqui, ciruela y cereza, además de distintos productos hortícolas.

La característica que define su potencial de aplicación es la capacidad de mitigar el daño asociado al etileno. En las frutas climatéricas, ese daño se traduce directamente en el avance de la maduración; en frutas y hortalizas no climatéricas, en procesos de degradación y oxidación que afectan la calidad aunque no impliquen una maduración en sentido estricto.

Destino de cada lote



La importancia de este tipo de herramientas aparece especialmente cuando cambian las condiciones comerciales.

Un lote puede haber sido cosechado pensando en determinado destino y, por distintas razones, necesitar ser redirigido. Si el nuevo mercado está saturado o el programa de ventas se modifica, la posibilidad de llevar esa fruta a una guarda más larga puede convertirse en una alternativa.

“Es una herramienta más que, al momento de decidir qué hacer con esa fruta, te da otra opción: la puedo meter en larga guarda, la puedo mantener más tiempo”.

Ese concepto sintetiza el lugar que ocupa la tecnología: no es una solución aislada ni un reemplazo de los sistemas tradicionales de conservación, sino una herramienta adicional para tomar decisiones sobre la fruta.

El producto lleva varios años de desarrollo y comenzó a probarse comercialmente en pequeñas cantidades durante 2024. Los resultados de esos primeros ensayos permitieron avanzar hacia una comercialización más amplia durante el año siguiente.

La empresa estima que durante esta temporada podría duplicar el volumen utilizado el año anterior y superar el millón de bolsas.

La fabricación del envase se realiza localmente. La empresa produce la bolsa e incorpora la tecnología que permite la liberación del MCP.

La comercialización se realiza directamente desde la región, aprovechando una relación construida durante décadas con productores y empresas del sector frutícola.

“Son herramientas que ayudan a que la fruta llegue mejor. Obviamente tenés que aprender a usar la herramienta y saber con qué fruta la estás usando”, explicó Artero.

Porque en la conservación poscosecha no existe una única variable. La variedad, el momento de cosecha, la firmeza, el frío, el lote y el destino comercial forman parte de una misma ecuación. Y cuanto más precisas sean las herramientas disponibles para manejarla, mayores son las posibilidades de que la fruta llegue al consumidor con la calidad que tenía cuando salió de la chacra.


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En la conservación de frutas, contar con herramientas para extender la vida útil sin resignar calidad es uno de los desafíos centrales de productores y empacadores.

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