Ruta 22: promesas y una firmeza perdida





“Esto arranca este año. No vamos a esperar otros diez años”.

La frase surgió en los primeros días de febrero. Seguramente a esa altura, la intendenta María Emilia Soria no pensaba que para vencer por completo la burocracia del Estado hacía falta algo más que sintonía partidaria.

Nueve meses después, la Ruta 22 mantiene la misma imagen en Roca. Están los papeles firmados para que no haya murallones, están los bocetos sobre la nueva traza, está la voluntad política, pero cruzar de sur a norte en J.J. Gómez sigue siendo una ruleta rusa vial.

La manifestación de vecinos de la zona oeste, el sábado por la mañana, expresa mucho más que una preocupación puntual por los siniestros que ocurrieron en las últimas semanas en el cruce de calle Félix Heredia (Humberto Canale al sur de la ruta).

La autoconvocatoria de esos roquenses es una reacción contra la desidia. Un punto y aparte entre tanta promesa vacía de contenido que hubo durante las últimas dos décadas, que es el tiempo que lleva todo el Alto Valle escuchando sobre las soluciones definitivas para el principal camino de la región.

Y el municipio tiene una lista importante de asuntos a resolver, que van más allá de la firmeza política para exigir que se construya una autovía sin elevaciones.

En primer lugar, la gestión local deberá definir si actúa ante sus “compañeros” de Buenos Aires con la misma energía que se aplicó ante el gobierno de Cambiemos.

El exintendente, Martín Soria, envió más de una nota a Vialidad Nacional pidiendo medidas de prevención efectivas para los accesos a la ciudad, hasta tanto se resolviera el proyecto definitivo de autopista o autovía. El organismo nunca contestó y el exmandatario fue ejecutivo: instaló por su cuenta semáforos en los cruces de Vintter, Mendoza y San Juan.

¿En contra de las normativas viales? Sí. ¿Efectivo para que desde entonces no ocurriera ninguna tragedia? También.

Entonces, la pregunta que cabe es si se aplicará ahora el mismo nivel de tolerancia con los responsables de Vialidad, que hasta el viernes pasado declaraban públicamente que el cruce de J.J. Gómez no tiene un plan definido para evitar más incidentes fatales.

En principio, la sensación que surge es que el municipio perdió la rigurosidad, porque en las mismas declaraciones del 6 de febrero pasado, cuando se anunció el inicio de obras para este año, la intendenta también habló de la eficiencia de los semáforos instalados por su hermano y dijo que “queremos extender ese sistema hasta la calle Félix Heredia, que es un cruce muy peligroso”.

Nueve meses después -con vidas perdidas en el medio- aquella intención de regular el tránsito por ese sector permanece en la fase de anuncios.

El otro aspecto importante para analizar en el municipio no tiene que ver directamente con la ruta, pero sí con los usuarios.

El caso fatal del fin de semana no fue el primer choque de los últimos meses que tiene como protagonistas a personas que minutos antes habían participado de torneos de fútbol amateur.

¿No será tiempo de revisar cuánto tienen de deportivos y cuánto de sociales y recreativos esos eventos? Si la balanza llega a inclinarse para la segunda opción, seguramente otros deberían ser los controles.


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