San Martín, desde el fondo de los tiempos

La memoria humana profunda de esta región es puesta a resguardo. Habla de los antepasados, su modo de vida, migraciones y costumbres. El trabajo de expertos permite valorizar el patrimonio cultural.

SAN MARTÍN DE LOS ANDES

Entre los extraordinarios paisajes del San Martín de los Andes de hoy se oculta a los ojos no avisados una rica evidencia de la presencia humana más antigua. Sitios arqueológicos y pinturas rupestres dan testimonio de modos de vida, costumbres, migraciones…

La labor de recuperación, preservación e interpretación está a cargo del Laboratorio de Arqueología y Etnohistoria de San Martín de los Andes, dependiente de la Secretaría de Planificación y Desarrollo Sustentable del municipio.

En ese contexto, destaca la tarea sobre las «Pinturas Rupestres del Sitio Paredón Bello (Cordón Chapelco)», a cargo de Alberto Pérez y Gonzalo Salaberry.

Pérez es investigador de la Universidad Maimónides Argentina (Cebbad-Fundación Azara) y está a cargo de esa dependencia sanmartinense. Por su parte, Salaberry es responsable de la Subsecretaría de Gestión Ambiental, Secretaría de Planificación y Desarrollo Sustentable.

El informe, que aquí se reproduce parcialmente conforme datos aportados por la comuna, presenta una caracterización detallada de pinturas rupestres del sitio Paredón Bello, originalmente descrito en 1956 por Juan Schobinger.

Las pinturas «permiten establecer afinidades estilísticas y técnicas con la cuenca media del río Neuquén».

Relevamientos previos en la vega Maipú y lago Lácar, ambos correspondientes a la cuenca hidrográfica del río Valdivia, «han aportado en algunos casos sitios tipo para la definición de una modalidad estilística singular del estilo de grecas» -que es como se conoce a las grafías prehistóricas- la cual se asocia -dicen los expertos- con motivos presentes en la cerámica del Período Alfarero Tardío del centro-sur de Chile, o Tradición Bicroma Rojo sobre Blanco.

El trabajo forma parte de los nuevos relevamientos para la caracterización de sitios arqueológicos del ejido urbano de San Martín de los Andes. La labor se desarrolla desde 2007 en el marco del proyecto «Arqueología del bosque meridional neuquino y su relación con sitios del área Paso Limay, estepa rionegrina y sectores transicionales» dirigido por uno de los autores.

Al mismo tiempo que se ampliaron los registros y caracterización de sitios conocidos y de otros novedosos, se inició un plan estratégico y sistemático de monitoreo de pinturas rupestres, proponiendo acciones concretas para proteger los sitios arqueológicos potencialmente afectados por el desarrollo urbanístico.

Entre esas experiencias, la primera fue caracterizar y revalorizar el sitio Alero Gingin en el contexto actual de las investigaciones regionales, para luego ampliar la información de otros yacimientos novedosos como Cueva Alihuén y otros referidos hace más de sesenta años, de modo de incorporarlos al contexto de las investigaciones regionales actuales.

El sitio

El sitio Paredón de Bello es un reparo rocoso (paredón, alero y abrigo), con representaciones rupestres sobre soportes planos y lisos. Está emplazado a 782 metros sobre el nivel del mar y a 95 metros del nivel actual de la Vega sanmartinense. Su acceso es relativamente dificultoso desde el valle, debido a que la pendiente natural presenta una inclinación mayor a 60° y sectores con importante cobertura vegetal.

En una visita de enero de 1953, que duró pocas horas, Juan Schobinger registró el sitio Paredón Bello y describió sintéticamente sus pinturas.

El informe, que presenta figuras muy esquemáticas, se incluyó en su obra clásica de arte rupestre de la provincia del Neuquén (Schobinger 1956).

Si bien no hay ninguna publicación específica del sitio, existen referencias o menciones sobre pinturas rupestres de Vega Maipú en trabajos divulgativos, donde se muestra una imagen correspondiente al sitio bajo la denominación de «La Cuevita» (Rodríguez 1999). Los autores Pérez y Salaberry resaltan la caracterización previa y confirman la nomenclatura original de Paredón Bello.

Ambos investigadores presentan en su trabajo un nuevo relevamiento del sitio ubicado en el ejido urbano. A partir de esa tarea caracterizan los motivos del sitio para «establecer similitudes y diferencias no solo con otros estilos, modalidades y tendencias estilísticas regionales del arte rupestre, sino con otros tipos de soportes como la alfarería».

Consideran al ámbito cordillerano occidental como «espacialmente integrado con nuestra área de estudio a partir de una misma cuenca hidrográfica, cuyo registro arqueológico presenta cada vez mayor cantidad y diversidad de caracteres compartidos».

Tras un preciso detalle técnico sobre las características de la investigación en el sitio, así como sobre los motivos en sí mismos, sus colores y distribución, los investigadores relevan un total identificable de 43 motivos con modo de ejecución pintado en la muestra analizada.

Puntualizan que «los abstractos son predominantes, con 41 elementos que constituyen el 95% de la muestra, mientras que los dos restantes son representativos (biomorfos), los que aportan menos del 5% de la muestra total».

«El 93% es pintura de tipo lineal, una combinada con cuerpo relleno, y solo uno de los motivos lineales presenta cuerpo relleno en su totalidad», añaden. Los dos representativos «exhiben un motivo esquemático y otro estilizado. Sobre la muestra total, 22 motivos son rectilíneos, tres curvilíneos y 12 combinados».

Los motivos se distribuyen a lo largo de dos soportes principales: el reparo rocoso propiamente dicho, y un segundo nivel de suelo, parte de la misma formación rocosa.

Conclusiones

Existen otros tres sitios bajo reparo rocoso en cercanías de Paredón Bello, dos de ellos, Cueva Alihuén y Los Radales, aún inédito. El más conocido es Alero Gingin.

Otros sitios cercanos con pinturas rupestres se encuentran en el lago Lácar, en las zonas de Catritre y península de Quila Quina.

Entre las conclusiones, destacan que Paredón Bello presenta características que lo diferencian estilísticamente de los sitios más cercanos emplazados en el mismo valle de Maipú y la margen sur del lago Lácar, presentando similitudes con registros de sitios emplazados sobre la cuenca media del río Neuquén.

Buena parte de ellos -continúa el informe- se encuentran en las márgenes del arroyo Guayapa y el río Covunco, donde al igual que Paredón Bello predomina la modalidad pintado y color rojo, acompañado de rojo violáceo, ocasionalmente blanco fileteando el trazo de algunas figuras, y negro.

Las pinturas rupestres de Paredón Bello pueden ser asignadas a la «tendencia abstracta geométrica compleja» (TAGC), pero presentando ciertos elementos o motivos novedosos en el contexto arqueológico de la cuenca del valle de Lácar y del Valdivia en general, e incluso con el «estilo de La Araucanía».

Explican los autores que «la similitud de las representaciones, colores y técnicas de ejecución con sitios conocidos de la cuenca media del río Neuquén, Picunches, en un ambiente de ecotono Bosque Andino-Estepa, con desarrollo de Araucaria araucana permiten postular una afinidad cordillerana o noroccidental, con modalidades comunes a ambas vertientes de la cordillera».

En suma, más allá del carácter integrador de motivos, las pinturas de Paredón Bello «constituyen hasta el momento la más importante característica compartida con contextos emplazados hacia el norte de la cuenca del río Neuquén, a la vez que nos permite retomar antiguas discusiones y plantear nuevas hipótesis sobre arte rupestre norpatagónico, su vinculación con otros soportes durante tiempos alfareros y la circulación de información y personas entre ambas vertientes de la cordillera de los Andes».


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