Sangriento mensaje

Redacción

Por Redacción

Análisis

Benno Schwinghammer

DPA

El año 2015 no fue precisamente bueno para el rey Salman de Arabia Saudita. Los bajos precios del petróleo arruinaron el presupuesto nacional, mientras que el acuerdo nuclear alcanzado entre Irán y la comunidad internacional hacen tambalear la influencia de la monarquía absolutista en la región.

Salman, en el poder desde hace apenas un año, también estaría sufriendo muchas presiones dentro de la casa real saudita. Y la milicia terrorista Estado Islámico (EI) declaró la guerra al reino.

Hoy el monarca envió un sangriento mensaje al mundo con la ejecución de 47 personas condenadas por cargos de terrorismo e incitación a la violencia. Con esta actuación parece querer dejar claro que Arabia Saudita está dispuesta a actuar con toda la dureza necesaria contra los grupos terroristas, especialmente contra el EI.

El mensaje sería que se está dispuesto a mantener por todos los medios el poder del país y de su rey. Pero precisamente una de las ejecuciones de hoy, de un relevante chiita, podría hacer peligrar aún más la estabilidad.

La muerte de Al Nimr ha sido una sorpresa, pues era alguien que no cometió actos violentos, apuntó Guido Steinberg, experto en el Golfo de la Fundación Ciencia y Política de Alemania (SWP, por sus siglas en alemán). “El gobierno saudita va un paso más allá que en los últimos años”, apunta. Y considera que se trata de “una provocación” para los chiitas de la Provincia Oriental, rica en petróleo y donde hasta ahora no había ningún grupo que se enfrentase al poder de Riad.

Pero para Steinberg, las ejecuciones son sobre todo una reacción del rey Salman a la amenaza de la milicia EI, que avanzó en territorio iraquí hasta la frontera con el reino saudita.


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