Sbaraglia y Tarrés en “El territorio del poder”

La propuesta integra imágenes, palabras, música y “verdad”.

Redacción

Por Redacción

Los artistas se meten con la “historia humana” en un espectáculo que fusiona diversas disciplinas.

Tras la favorable repercusión de “RW”, el espectáculo homenaje al periodista y escritor Rodolfo Walsh (primer trabajo de esta dupla creativa), llega “El territorio del poder”, que trae por primera vez a la región al gran actor argentino Leonardo Sbaraglia, junto al guitarrista Fernando Tarrés.

Se trata de una propuesta audiovisual que combina el arte de la actuación, la palabra, la música y las imágenes, y podrá disfrutarse el próximo jueves 16, a las 21, en el renovado Cine Teatro Español de Neuquén, y el viernes 17, a las 21:30, en el Centro Cultural de Viedma.

Con “El territorio del poder”, Sbaraglia y Tarrés proponen un recorrido profundo por momentos de la historia humana, evidenciando un mecanismo de poder que, pese al carácter absolutamente único de cada escena –separada de otras, a veces por siglos– opera de manera idéntica sobre nosotros los humanos.

“Los grandes hitos y las pequeñas actitudes cotidianas parecen estar atravesadas por un mismo espíritu que nos habita. Pertenecemos a la naturaleza por la carne, por la sangre, por la muerte, y por la silenciosa ferocidad que nos empuja una y otra vez a abismos que pueden extinguirnos”, anticipa la producción.

Sbaraglia a cargo de los relatos, Tarrés de la composición, arte visual e intervención del sonido en tiempo real, más los talentosos Damián Volotín en violín y el clarinetista Martín Pantyrer, extraen luz y optimismo de un espacio infinito de oscuridad, en un recorrido que devuelve fuerza y esperanza. Juan Gil Navarro –quien lo reemplazó a comienzos de año en “Cock” en el Paseo La Plaza, cuando Leo partió a filmar a tierras hispanas– lo definió como “un actor que elige muy bien las cosas que hace”.

“Yo lo intento, en principio (sonríe pudorosamente el actor). Trato, lo mejor que puedo, de elegir los trabajos y que se relacionen conmigo, con mi identidad, con lo que deseo, con lo que me gustaría ver como espectador, con sentir que uno no está (duda, piensa)… Me sale engañándose, pero no es la palabra”, dice Sbaraglia a “Río negro, antes de viajar a la región.

–¿Traicionándose?

–Traicionándome o… Sí, porque las veces que me han tocado tareas con las cuales no estuve muy contento, por suerte salí rápidamente de ellas. Es raro, pero puedo equivocarme, por supuesto, y pueden salir las cosas mejor o peor. La idea es tratar de concretar lo que deseo. Claro que con un cierto equilibrio a mantener. Nadie puede hacer todo el tiempo lo que quiere, ¿no? En la vida, nadie, ni siquiera los actores más encumbrados de Hollywood o directores de fama. Hay un mercado en el cual uno está inmerso, con determinadas características que se deben considerar. Entonces, siempre hay que procurar, dentro de todo, tener un pie adentro del mercado, no se puede salir de él.”

–Y el otro dentro de uno mismo para no conceder más allá de la ética personal.

–Exacto. Y tratando de ir haciendo lo que a uno le gusta. Siempre teniendo algún nicho de defensa, que permita ir hacia adelante en lo que se quiera generar. Y este proyecto (“El territorio del poder”) es uno de ellos. Yo lo hago, fundamentalmente, por deseos personales. Es una aventura interesante que me puede hacer crecer y llevar hacia un lugar también nuevo de mi formación como persona y como actor. Pero, así hay muchas cosas. Hay propuestas equilibradas en ese sentido, como encarar una obra de teatro y con un director que me entusiasmen, o hacer una película como la que rodamos en Choele Choel, o “En Terapia” (TV Pública). Por supuesto que recibo una retribución económica por eso, pero lo hago por ganas, porque quiero trabajar con Juan Sasiaín, con ese guión y en esas circunstancias. Yo fui a filmar “Choele” y me podría hacer ido mal, la película podría ser una porquería y eso nadie puede manejarlo. La experiencia fue hermosa y puede resultar un buen filme, pero no es posible saberlo de antemano, sólo con una varita mágica. Se trata de crear las condiciones para hacer bien el trabajo, para defenderlo lo mejor posible y ayudar a que se concreten mejores cosas.

–Es claro también que te importa mucho lo que decís al actuar.

–Así es. Si no, empiezo a desconocer a qué espectador me estoy dirigiendo. Una vez, un amigo me dijo que cuando no sepa para quién trabajo, estaré perdido. Debo saber con quiénes me estoy comunicando, cuál es el lenguaje que quiero transmitir.

–Eso es tener en cuenta la inteligencia del espectador.

–Siempre. Y la sensibilidad, la posibilidad cultural. Todos los espectadores, potencialmente, lo entienden todo. Por supuesto, hay que formarlos así como uno mismo tiene que seguir formándose. Tenemos un universo enorme de posibilidades por delante, de literatura, de cinematografía, de música. Cosas que se han creado a lo largo de la historia y está bueno acceder a ellas. Desde mi lugar, desde el cine que hago, desde el teatro, intento aportar a esa cuestión. A veces puede salir mejor, peor… Se critica a la publicidad y más de una vez he actuado en avisos que me garantizan poder hacer lo que quiero. Me llaman para protagonizar una campaña y si no es algo con lo que esté en desacuerdo moral, la hago porque es un seguro, una especie de subsidio para seguir concretando lo que deseo. Como un patrocinio. Hoy, la publicidad está mirada con ojos más piadosos que hace veinticinco años atrás, hay mayor cuidado estético. En los últimos dos, tres años, gracias a las publicidades que hice, he podido decir no hago televisión, por ejemplo, y me mantengo filmando o me dedico solamente a “En Terapia” (ver aparte).

Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com


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