Se habla mucho, se hace poco
OPinión
Que las chicas se escapan de los Caina, que vuelven al otro día “totalmente drogadas” -si es que vuelven-, que las pasan a buscar, que van a boliches con otras adolescentes o con hombres, que en ese ambiente se prostituyen por droga o alcohol. Pese a lo grave, nada de eso sorprende a los operadores, que admitieron todo abiertamente cuando fueron citados a declarar como testigos en la causa que investiga al juez Juan Bernardi y a su empleado Julio Antueque.
El propio Antueque describió que “ellas se escapaban del Caina e iban a dormir a su casa”, donde era habitual el abuso de sustancias a raíz de sus crónicos problemas de adicción.
Surge del procesamiento contra los dos imputados que una operadora del Caina Mujeres que llevaba casi un año trabajando en su “función de contener a las distintas menores” declaró que “ha visto que L. se escapaba con C., S. y S. y se iban al barrio Santa Clara y Guido y volvían totalmente drogadas”. Es más, hasta especificó a qué escalera de las torres de departamentos del Guido iban las chicas, aunque aseguró “no saber quién vive ahí”.
Otra operadora del mismo centro con más de dos años de antigüedad en el cargo declaró que “no sabe ni le consta que (las chicas) se hayan prostituido, solamente puede decir que se escapaban del Hogar pero sin saber dónde iban”. Y admitió que parte de su trabajo es “dejar constancias de las cosas que hacen las chicas en distintos cuadernos, pero no siempre se anota todo, dado que muchas veces los comentarios se pasan por alto”.
La coordinadora del Programa de Fortalecimiento Familiar, con competencia sobre los Caina, dijo ante el juez que “se entera de la situación” de una de las menores expuestas a mayor riesgo “a través de los distintos operadores del Caina”, quienes “manifestaban que las pasaban a buscar en taxi a S. y a L., siempre en horarios nocturnos y se dirigían a La Nuit”. Declaró que “a raíz de estas escapadas se comienza a dar intervención a la psicóloga”, quien pudo saber por boca de la propia menor que “consumía drogas y que lo hacía para poder tener sexo con personas adultas”.
La pregunta obvia ante el abierto reconocimiento de las fugas -y de sus graves consecuencias- es qué hacían estos funcionarios y profesionales para evitar la situación. Las respuestas surgen de los mismos testimonios: hacían “mesas de abordaje de situaciones complejas intersectoriales” y en esas reuniones “se habla” de “los temas de conflictos con las menores, del consumo, de sus fugas”; que “se empezó a trabajar para saber qué hacer con esa información, pero todo esto lo realizaban los distintos técnicos”; que se iba “acompañando y buscando estrategias de egresos más cercanos respecto de los menores en riesgo”. En conclusión: se hablaba mucho y se hacía poco. Del procesamiento que dictó el juez Favio Igoldi surge que quien más hizo en concreto fue una operadora que “presentó una nota a sus superiores solicitando que se la sacara a S. de la institución dado que no se encontraban las medidas protectivas acordes a la problemática que presentaba la menor”.
Marcela Marín
marcelamarin@rionegro.com.ar
Marcela Marín