¿Se puede coachear un país?

Por Redacción

Si entendemos el ejercicio de la ciudadanía como un proceso de aprendizaje que invita a responsabilizarnos por nuestras acciones, las reflexiones acerca de las formas de hacer y de ser adquieren un valor fundante.

Históricamente vivimos un largo proceso en el cual las declaraciones de las acciones que no podía, podía y debía realizar un ser humano, perteneciente a una comunidad, en determinadas circunstancias, estaban guiadas por un paradigma de verdad. La noción de verdad nos habilitaba a no hacernos cargo, no tomar responsabilidad por los valores que sustentaban nuestras creencias. Estaban dadas. Nos eran transparentes, y la praxis de vivir no requería reflexionar sobre ellas. Por lo tanto los límites éticos estaban sancionados por esa verdad.

Con el concepto del observador y la ausencia de un camino correcto, nos preguntamos: ¿qué define al ciudadano en relación con la ética? ¿Cuáles son nuestras motivaciones? ¿Qué controversias se suscitan? ¿Abrazamos un relativismo ético, entendiendo por ello que sostenemos que no hay verdades universales, que todas están determinadas por su contexto?

En la visión metafísica la ética requiere fundarse en la verdad, en una verdad más allá de los seres humanos y sus contingencias. Descansa en conceptos universales a los que es necesario acceder para luego aplicar. Desde allí toda otra opción es relativismo ético. Si no hay verdad, se nos dice, todo está permitido y dejamos de estar capacitados para distinguir entre el bien y el mal.

Pero si a mí me preocupa qué pasa con otros, con mi conducta, entonces tengo preocupación ética; si no me preocupa y no me importa qué pasa con otros ni siquiera surge la pregunta sobre las consecuencias de mi conducta sobre los demás.

Y a esta pregunta podemos darle una variedad de respuestas con mayores o menores contenidos de amor y verdad. Está en nosotros elegir y creer en la mejor.

Alberto Félix Suertegaray

DNI 14.169.481

Alberto Félix Suertegaray

DNI 14.169.481


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