Sindicalistas movedizos

Por Redacción

Disuelta “la oligarquía” que, si bien dejó hace mucho de incidir decisivamente en la política nacional, sigue asustando no sólo a los kirchneristas sino también a muchos progresistas opositores, el sindicalismo peronista es el auténtico poder permanente. Los líderes vitalicios de la corporación están acostumbrados a convivir con gobiernos militares, radicales y, desde luego, peronistas de pretensiones ideológicas diversas, aliándose con ellos mientras los vientos les son favorables para entonces alejarse a fin de prepararse para enfrentar la etapa siguiente. Pues bien, parecería que los jefes de la CGT Balcarce por ahora oficialista, hombres como el metalúrgico Antonio Caló y el albañil Gerardo Martínez, intuyen que el clima está por cambiar y que por lo tanto sería de su interés acercarse al camionero Hugo Moyano de la CGT Azopardo, el mandamás de la CTA rebelde Pablo Micheli y el gastronómico Luis Barrionuevo, que se vieron fortalecidos por el paro del “20N”. Últimamente, los dirigentes de las distintas organizaciones gremiales están intercambiando mensajes extrañamente amables en torno a la eventual reunificación del movimiento obrero antes “monolítico”. Por motivos comprensibles, Caló, Martínez y otros son reacios a oponerse a los reclamos de Moyano y sus acompañantes, ya que tienen que tomar en cuenta los sentimientos de los afiliados de sus propios gremios. En muchas partes del país, los metalúrgicos se sumaron al paro convocado por los contrarios al gobierno de Cristina. Por su parte, Martínez ha opinado que los reclamos de Moyano “son justos y no son un capricho”. En el fondo, lo que quieren todos los sindicalistas es muy sencillo: más dinero para las obras sociales y también para los trabajadores, sea a través de aumentos salariales, la eliminación del Impuesto a las Ganancias u otras medidas. Antes de las elecciones de octubre pasado, el gobierno pudo haber procurado satisfacerlos ya que subordinaba todo a sus necesidades proselitistas, pero desde entonces la situación económica se ha deteriorado tanto que no está en condiciones de darles lo que están pidiendo. Sin crecimiento “a tasas chinas”, para el gobierno repartir recursos equivale a un juego de suma cero: si privilegia a un sector tendrá que perjudicar a otro, lo que provocaría más dificultades. Asimismo, poco a poco la inflación está cobrando más fuerza, los costos energéticos propenden a aumentar, el país no puede acceder a créditos en los mercados internacionales y no hay ninguna garantía de que se mantenga alto el precio de la soja. A diferencia de los demás países de la región que están sacando provecho de la coyuntura mundial, la Argentina ha entrado en un período de estanflación que podría prolongarse. Los sindicalistas alineados con el gobierno no quieren que las bases los acusen de estar a favor del ajuste. Puede que en países como Alemania y el Japón sus homólogos entiendan que en circunstancias determinadas es preciso conformarse con aumentos mínimos e incluso resignarse a ver reducido el poder de compra de los trabajadores, pero en la Argentina las tradiciones son distintas. Por lo demás, a partir de mayo del 2003 el gobierno kirchnerista ha insistido en que sería inmoral, “antiargentino”, tratar de convencer a la gente de la necesidad de ajustar, aunque fuera por motivos patrióticos, de suerte que sus voceros se sienten constreñidos a hablar de “moderación” y de “sentido común”, lo que en un contexto inflacionario significaría aceptar la reducción del poder de compra de los trabajadores y, en consecuencia, del consumo, es decir, del motor principal de la versión actual del “modelo” populista tradicional. Así, pues, de llegar sindicalistas oficialistas como Caló a la conclusión de que los buenos tiempos ya han terminado y que en adelante la economía crecerá, a lo mejor, a paso de caracol y que la inflación continuará causando estragos en los presupuestos familiares de los integrantes de la clase obrera, no podrán sino distanciarse del gobierno con el propósito de reconciliarse con rebeldes como Moyano que, gracias a sus diferencias con Cristina, ya se ha erigido en uno de los líderes de la oposición, una hazaña que, antes de la muerte prematura del expresidente Néstor Kirchner, parecía casi imposible por tratarse de una persona que, para buena parte de la clase media, encarnaba lo peor de la rama sindical del peronismo.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.031.695 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 1 de diciembre de 2012


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