121 años de San Antonio Oeste: historia que mira hacia el mar, pero conectada tierra adentro

Su trayectoria encuentra en las mareas el sustento desde siempre, pero tantos años de vida y de personajes, la unieron con el Valle, la cordillera y la Línea Sur. El tiempo pasó pero en el paisaje de sus calles, aún aparecen testigos mudos, todavía de pie.

Por Melina Ortiz Campos

A un lado, las construcciones de chapa, al otro las de ladrillo y cemento, postal de SAO de principios de Siglo XX.

A un lado, las construcciones de chapa, al otro las de ladrillo y cemento, postal de SAO de principios de Siglo XX.

Bellas estructuras de chapa y madera, con techo a dos aguas y cercos bajos, son las reliquias que aún hablan del origen de este pueblo, que nació junto al mar, haciendo frente a implacables ráfagas cargadas de arena. A 180 kilómetros de Viedma, San Antonio Oeste es esa comunidad, que hoy cumple 121 años de vida institucional y en la que el sustento llegó gracias a la pesca, en cada una de las mareas que alimentaron a una generación tras otra.

“Patagónica su tierra, junto al golfo es bendición”, dice el Himno de la provincia, para hablar de una región como ésta, que de solo recorrerla, muestra en sus calles los vestigios de esos comienzos, combinados con la dinámica actual. Perseverante en su reclamo por acceder al agua corriente, durante 60 años la permanencia humana se sostuvo allí gracias a los “camiones aguateros” que cruzaban 120 kilómetros hacia el arroyo Valcheta, hasta que en 1972 se inauguró el canal que los conecta con Pomona.

El paisaje urbano y el mar, unidos desde hace 121 años – Foto: Gentileza Cultura Municipal.

Ya con este dato se pueden tomar ejemplos para hablar de las conexiones que San Antonio Oeste mantiene con otros puntos de la provincia, porque pese a los 200 kilómetros que la separan del Valle, es justamente el agua del río Negro la que la nutre desde entonces, en su vida cotidiana. En lo referido a su historia, ésta también la vincula con la Línea Sur, ya que el ingeniero Guido Jacobacci, figura emblemática en el pueblo homónimo, también dejó en San Antonio su huella. Por eso, su casa es atesorada como Museo, cerca de la costanera.

Y si de primeros emprendimientos se trata, la mano de los hermanos Sassenberg pasó por esta zona dedicada a la venta de frutos, cueros y lanas, como también lo hizo por Patagones, donde dejó la imponente casona que se conoce como “Palacio Landalde”, también a metros del muelle de Patagones.

De todos esos recuerdos, lamentablemente el fuego impidió que el principal custodio de la trayectoria sanantoniense, el Museo municipal, sobreviviera hasta el presente. Guardado sólo en las fotos que pudieron sacarle, nada quedó de las majestuosas hortensias que lo adornaban, en la casa de quien fuera el comerciante Juan Peirano. Tiempo después de lo ocurrido, se reabrió en otra vivienda antigua, sobre Costanera de los Ferroviarios 50.

Así lucía el antiguo Museo de SAO en la casa Peirano – Foto: Gentileza.

Ahora bien, volviendo a esas construcciones metálicas dispersas en cada barrio, se sabe que llegaron en barco: decenas de ellas, prearmadas, y que sirvieron de refugio, vivienda y más para las primeras familias, sus instituciones y las grandes tiendas. Pero no fueron las únicas obras, porque apostaron a largo plazo, con ornamentados edificios, aunque el horizonte se viera desértico.

Desde la sede de la Municipalidad a “Villa Bremen” (Yrigoyen 243), donde funcionó el Banco Nación antes de su elegante sitio actual (Yirigoyen y Pellegrini); desde la Panadería “Guidi”, al edificio de COMSAL (Cooperativa Obrera Metalúrgica “San Antonio” Limitada), desde el hotel “Vasquito” y la Aduana a “Casa Kanje” y desde la sede de “Lahusen y Cía” al muelle y la lista podría seguir.

Ese último punto, central para la extracción de productos de mar y su posterior comercialización, hoy se presenta bautizado como “Heleno Arcángel”, en honor al constructor que dio lugar a las instalaciones originales. Uno de los pocos en su tipo ubicado en Sudamérica, considerado como “puerto seco”, debido al movimiento de las mareas, permite que los barcos queden encallados en la arena, hasta que la próxima marea alta los deje salir a navegar.

Finalmente, la vida de este lado del territorio municipal, más artesanal, contrasta con el Puerto de Aguas Profundas San Antonio Este, habilitado a 60 kilómetros de allí, en el lado opuesto. Activo desde 1983, desde allí sale la fruta rionegrina que se exporta al mundo. Y es el Balneario Las Grutas, el punto que más resalta, para turistas y visitantes, aunque San Antonio siga siendo el origen, donde todo comenzó.

Un 9 de julio en los comienzos de San Antonio Oeste, llamada así en honor al patrono San Antonio de Padua – Foto: Gentileza.

Bellas estructuras de chapa y madera, con techo a dos aguas y cercos bajos, son las reliquias que aún hablan del origen de este pueblo, que nació junto al mar, haciendo frente a implacables ráfagas cargadas de arena. A 180 kilómetros de Viedma, San Antonio Oeste es esa comunidad, que hoy cumple 121 años de vida institucional y en la que el sustento llegó gracias a la pesca, en cada una de las mareas que alimentaron a una generación tras otra.

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