Andrea Fajardo, la mujer que pasó la mitad de su vida en galpones de empaque: una historia de resiliencia
La trabajadora de la fruta de Roca hoy será reconocida en la Fiesta Nacional de la Manzana 2026. Es madre y dueña de una trayectoria intachable: empezó pegando etiquetas hasta ser clasificadora en máquina. El oficio le permitió ser sostén de familia cuando perdió a su esposo.
Andrea Fajardo es una de las mujeres homenajeadas en la ceremonia de Reconocimiento a Protagonistas del Circuito Productivo. Hoy 22 de febrero, recibirá los honores en el escenario mayor de la Fiesta Nacional de la Manzana 2026, junto a otras personalidades e instituciones.
Hace más de 25 años trabaja como clasificadora y desde enero de 2008 deja todo de sí misma en las líneas de producción de la «Primera Cooperativa Frutícola». Desde chica, conoce de cerca el circuito productivo y está orgullosa de ser fruto de una tierra que temporada a temporada le regala las más ricas peras y manzanas.
La historia de Andrea, trabajadora de la fruta hace un cuarto de siglo
Con tono calmo y reflexivo, repasa su historia en el descanso del mediodía antes de ingresar nuevamente a trabajar y que la rueda vuelva a girar hasta la hora de salida. Ella ya cumplió los 50, trabaja de sol a sol, es sostén de familia, crió a sus hijas sola luego del fallecimiento de su esposo y aún así, no cree ser hacedora de ninguna hazaña.
Nacida en Roca, Andrea se crió con sus abuelos Aida y Santiago en una casa en el barrio Progreso. “A los 8 años falleció mi abuelo y me quedé con mi abuela hasta que me casé (a los 20 años)”, relata. Sus primeros empleos fueron en la adolescencia como niñera. Estudió en la Escuela Primaria N° 56 y en la ENET N° 2, aunque terminó 4 y 5 año en el CEM 16.
Se anotó para estudiar Comunicación Social, carrera que la apasionaba, pero por razones económicas tuvo que abandonar para abocarse a trabajar. A los 18 años, fue a hacer largas filas para entrar a trabajar al supermercado “Tía”, el “boom” del momento ante la apertura de una sucursal en la ciudad. Luego de varias entrevistas, resultó ser una de las afortunadas en ingresar como cajera.
Luego de ese primer gran debut laboral, Andrea inició su recorrido entre jaulas y bines a los 24 años. Los galpones de empaque empezaron a ser su nuevo mundo. “El primer lugar donde trabajé se llamaba cooperativa Permnaz, era una cooperativa de trabajo en Stefenelli”, comenta a Diario RÍO NEGRO.
Andrea se enamoró de Marcos Monsalve, se casó y formó su familia. Juntos tuvieron dos hijas, Analén (28) y Constanza (21), quienes hoy son su mayor orgullo. En 2014, él falleció luego de luchar durante tres años contra un cáncer fulminante.
“Nos quedamos las tres. Somos las tres, las que vivimos hoy juntas en la casa donde yo he vivido toda mi vida”, asegura Andrea. El trabajaba en una fábrica de pastas. Ese día todo su mundo se dio vuelta y la vida cambió para siempre.
“Me puse a trabajar porque siempre tuve la intención de mejorar, de que podamos hacer algo con mi esposo, arreglar nuestra casa, ver si podíamos comprarnos un auto, ir progresando. Ya teníamos una hija”, relata.
Toda una vida en el galpón de empaque
Desde 1999, trabaja para la industria frutícola. Andrea empezó pegando etiquetas en cajas y con el correr de los días pudo avanzar en otras tareas como acomodar frutas. Hasta que un día, llegó a la máquina.
Todavía se acuerda de Isidora, la mujer que fue su gran maestra, quien con paciencia y a su lado, le enseñó todo lo que debía saber: desde los nombres de las variedades hasta los tipos de plagas.
Su ingreso a la Primera Cooperativa fue en 2008. Ella se enteró de que iba a abrir un nuevo turno y decidió llevar su curriculum vitae buscando un salario mejor y condiciones de trabajo superadoras a las que tenía. Afortunadamente, la tomaron.
“Recuerdo mi primer día. Éramos un montón de mujeres, chicas que estábamos para trabajar en la máquina. Conocí a un montón de personas que hoy son mis compañeras, algunas están, otras ya no están, pero somos un gran grupo de trabajo”, comenta Andrea.
Su día comienza a las 6 am. Se prepara para ir a trabajar, hace horario cortado. Regresa a casa un rato al mediodía y a las 14 vuelve a la carga hasta la última hora, la ansiada salida para descansar y reponer fuerzas tras ocho o hasta nueve horas de desempeño.
Clasificar es una tarea colectiva y humana
El trabajo de la clasificadora es un trabajo colectivo. “A veces somos 16, 18 o 20 en la máquina. Compartimos casi todo nuestro día”, aclara Andrea y se corrige: no solo el día, la vida. “Casi la mayor parte de nuestra vida la compartimos ahí”, señala.
Hay días mejores y peores, transitan alegrías y tristezas, pero lo que Andrea recalca es el valor humano inquebrantable de sus compañeras, quienes pese a las dificultades y a las obligaciones, han podido ser sostén durante tantos años y difíciles momentos que le tocó atravesar.
“A lo largo de mi vida he atravesado momentos bastante complicados, como la enfermedad de mi esposo”, comenta. Luego, una de sus hijas sufrió una afección de salud que complicó la rutina, pero ella siempre contó con una mano tendida. “Recibí el apoyo y el cariño de todos mis compañeros y la ayuda de la empresa, de mis compañeros”, insiste.
El desafío de trabajar y criar a sus hijas
Sobre la crianza y el trabajo recuerda que fue el mayor desafío: el cuidado de las hijas. Por suerte siempre contaron con alguna mujer, abuela, tía, niñera que los ayudara, más aún cuando enviudó. “Yo iba y venía, trabajaba, me dedicaba a mis hijas, a preparar su ropa, su comida, llevarlas a la escuela, traerlas”, comenta.
Hoy mira hacia atrás y no puede creer cómo lo logró. Cuando enviudó, su rutina se ató aún más al trabajo porque todo dependía de ella. “Yo era la responsable de todo. No fue fácil, fue bastante difícil, pero hoy en día tengo dos hijas grandes, hermosas mujeres y estoy muy orgullosa”, señala. La mayor se recibió de enfermera y trabaja en un centro de diálisis. La menor estudia y trabaja.
Aún sorprendida por este reconocimiento, tímida, pero feliz; repasa su historia una y otar vez en orden cronológico. No quiere olvidar nada. Se emociona de saber que pudo con todo lo que se propuso y aún más, con los avatares que le presentó la vida.
Quiénes son los protagonistas del circuito productivo este año
La tradicional ceremonia de Reconocimiento a Protagonistas del Circuito Productivo se realizará hoy domingo en el Escenario Mayor de la Fiesta Nacional de la Manzana. Tiene el objetivo de valorizar y visibilizar el esfuerzo y dedicación que personas del Alto Valle que trabajan para la producción frutícola.
Las personas elegidas son propuestas por la propia comunidad. Luego, la Comisión de Estudios Históricos y el Ejecutivo Municipal, seleccionan a los homenajeados según la trayectoria y antecedentes.
Los reconocidos de 2026 son:
·Andrea Fajardo
·Julio Diez
·José «Pepe” Barria
· Eduardo Ottone
· José Eduardo “Lalo” Reyes.
· Juan Martín Vidiri.
· Ricardo Sánchez.
· CET 17 (Ex-CEM Nº 117).
· Cooperativa Mujeres de Oro en Acción Ltda.
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