Doña Galinda: convirtió una combi en una biblioteca rodante y lleva libros por todo el país

La docente Laura Visciglio creó una casa y biblioteca sobre ruedas. Este año cumple una década sembrando poesía e historias entre las infancias. Una implacable promotora de la literatura y los derechos, viaja por las rutas despacito, pero sin pausa.

Por Florencia Bark

Si de soñar se trata, Doña Galinda levantaría la mano. Ahí, estacionada, alegre y colorida, siempre en un nuevo escenario y a la espera de abrir nuevos mundos, la biblioteca rodante pasó de ser un proyecto cultural a una herramienta inspiradora para miles de chicos y adolescentes del país. 

Hace diez años, su creadora Laura Visciglio, busca que la palabra poética y los libros lleguen a todos los rincones del país. A bordo de su Volkswagen Kombi 1981, está recorriendo las rutas argentinas con su innovadora biblioteca sobre ruedas, que es también su propio hogar. 

Desde diciembre, despliega su magia por pueblos de Río Negro, pero ya dejó rastro en más de diez provincias. Mientras hablaba con Diario RÍO NEGRO, Doña Galinda estaba en Pomona, luego pasó por Río Colorado y desde ahí partía para Bahía Blanca. 

La combi por dentro es biblioteca y también casa. Fabricada en madera, pequeña y sencilla, está equipada con cama, garrafa y estanterías que parecieran multiplicarse. Durante el día, Laura conduce y hace paradas en escuelas rurales, centros culturales o plazas. Por las noches, duerme protegida por cientos de libros.   

Biblioteca rodante: un viaje sin principio ni final


Laura Visciglio es profesora de Nivel Inicial especializada en literatura infantil y juvenil, y técnica en Tiempo Libre y Recreación. Hoy ejerce la docencia sin paredes ni techos, en un viaje sin principio ni final. A punto de cumplir 40 años, cuenta que nació en La Matanza, Provincia de Buenos Aires, pero vivió más de 15 años en Capital Federal. Complementa sus saberes con títeres y funciones de narración oral. 

Las aulas se combinaron con el arte y la literatura para potenciar su espíritu creativo en expansión. “Doña Galinda surge por mi rol como docente. Empecé a descubrir la importancia que tienen los libros en las infancias. Todo eso que se despierta cuando vos contás una historia”, asegura. 

En la práctica cotidiana, Laura empezó a descubrir la potencia de la literatura en los chicos y el impacto de las palabras hechas historia. “Eso de a poquito se combinó con mis ganas de recorrer otros lugares. Siempre la curiosidad fue el motor”, cuenta hoy, tras una década de salir a rodar. 

Así, se combinaron dos pasiones: los libros y los viajes. De esa conjunción nació Doña Galinda y la Biblioteca Rodante. “Por este gusto de poder viajar convidando historias”, enfatiza.

No fue fácil, pasó por un largo proceso. El primer paso fue comprarse libros. “Con mi sueldo de maestra me guardaba unos pesitos para ir a la feria y comprar. No quería que fuera cualquier libro, quería que fueran de calidad”, cuenta. El segundo paso fue comprar la combi en 2015. Fue una audaz decisión ya que en ese entonces no sabía manejar. 

El 28 noviembre del 2015, hizo la primera actividad en un barrio donde trabajaba. Ese fue el “bautismo” o “prueba de fuego”. Desde ese día, el vehículo se transformó en una biblioteca color violeta con banderines de colores que invita a explorar y sumergirse entre las estanterías repletas de libros.    

En un principio, el proyecto convivía con sus empleos y tareas cotidianas.Trabajaba como maestra y los fines de semana iba a espacios y eventos culturales a llevar los libros Hasta que en 2022 decidió renunciar al trabajo y dedicarle tiempo completo a la biblioteca. Hace cuatro años emprendió el viaje por las rutas argentinas. 

“La biblioteca rodante es el encuentro, el derecho al acceso a los libros, a la literatura y es habitar el espacio público”.

Laura Visciglio, docente y creadora de la biblioteca rodante Doña Galinda.

Biblioteca rodante: un tornado que irrumpe


Laura le puso por nombre Doña Galinda en honor al libro «Don Galindo y el Tornado» de Gastón Ganza y Raul Nieto Gurudi, un ilustrador y un escritor que supieron sacudir sus estructuras como lectora y la llevaron a adoptar la metáfora del tornado como propia para dar significado a su emprendimiento.  

“Este tornado, que es el logo de mi proyecto de Doña Galinda, representa un poco el tornado interno al cambiar mi forma de vida, de ir todo el tiempo en movimiento, de cambiar de lugar constantemente, de encontrarme paisajes y personas nuevas, gestionar todo el tiempo actividades, propuestas”, asegura. 

“Ser mujer y viajar sola es un tornado interno que modificó un montón de formas (…) Esta biblioteca que viene a irrumpir una lógica, un lugar, acompañar, invitar, proponer lecturas nuevas, visitar escuelas, con todo lo que eso sucede”.

El viaje tiene un recorrido planificado pero con apertura al cambio constante. Hoy Laura reconoce que estos diez años no hubiera podido sin colaboración en el camino. Desde un plato de comida, hasta un baño para una ducha caliente. “La gente es muy generosa y me ayudó muchísimo. Hace que el camino sea mucho más liviano”, cuenta. 

Uno de los recuerdos más regocijantes para Galinda, fue cuando celebró sus siete años en Córdoba. Fue en una plaza, con torta y regalos que llegaron desde las manos más cálidas. Laura no podía creer el cariño que cosechó ese día. Se leyeron cuentos y narraciones.

“La sorpresa que me llevé fue descubrir la inmensidad de autores locales y regionales que hay. No hubiera accedido si no fuera porque visité los lugares. A veces se acercan, me regalan los libros”, comenta con orgullo.  

Libros en movimiento y un espacio de encuentro 


La combi está llena de estantes de madera con libros cuidadosamente seleccionados. Hay de todos los formatos y temáticas, se pueden encontrar libros objeto, libro acordeón, libros que desafían el formato convencional para vivir una experiencia única con la visita. “Si bien nos gustaría tener muchísimos más, tenemos lo que el espacio permite”, admite la joven. 

Para Laura, la biblioteca rodante es un aporte a la sociedad y una invitación al encuentro entre personas y lugares que comparten saberes, culturas, cosmovisiones; que se apropian del espacio público para detenerse un momento, leer y abrirle la puerta a este y otros mundos posibles.  

“Este proyecto no viene a decir ni a enseñar nada, es una invitación. En ella hay alguien que accede a la propuesta, ya sea compartir un cuento, unos mates, una charla, y en ese encuentro con esa otra persona es donde se da la retroalimentación, que para mí es lo más fabuloso de todo”, asegura Laura. 

“Lo más interesante del proyecto es que se comparte”, dice la maestra. Para ella, que muchas personas lean al mismo tiempo y en el mismo lugar, genera una acción poética, una acción política interesante. 

“El libro es un derecho, no debería ser un privilegio. Es un paréntesis poético al encuentro, es a través de las palabras y de las historias”. 

Laura Visciglio, docente y creadora de la biblioteca rodante Doña Galinda.

Biblioteca rodante: deja huellas y persigue nuevas metas


“En un contexto en el que la cultura está siendo tan avasallada y la falta de recursos, hay que resistir”, plantea sobre sus metas a futuro. A corto plazo, el objetivo de Laura es mantener vivo el proyecto, sostenerlo ante las dificultades económicas mediante la búsqueda de financiamiento para combustible o mecánica vehicular.

“Lo que más nos gustaría es poder seguir recorriendo nuevos horizontes, otros destinos también a nivel internacional”, dice y vuelve a soñar en grande. Mientras tanto, kilómetro a kilómetro Laura va dejando huellas por todo el país. Una implacable promotora de la literatura está girando despacito, pero sin pausa.  


Si de soñar se trata, Doña Galinda levantaría la mano. Ahí, estacionada, alegre y colorida, siempre en un nuevo escenario y a la espera de abrir nuevos mundos, la biblioteca rodante pasó de ser un proyecto cultural a una herramienta inspiradora para miles de chicos y adolescentes del país. 

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