La vertiente escondida en Neuquén que se convirtió en una marca de agua mineral reconocida en todo el mundo
El agua más pura y equilibrada nace en la precordillera neuquina y según los especialistas tiene una composición mineral ideal. Alvura es una marca con alcance global, su alta calidad fue premiada en Europa, ya se exporta al mercado estadounidense y el proyecto involucra a una comunidad mapuche.
En el corazón de la precordillera neuquina, donde el paisaje se vuelve agreste y el silencio sólo se corta con el viento, una fractura natural en la cima de una montaña da origen a un tesoro oculto. Desde las entrañas de la tierra emerge un agua cristalina, pura y equilibrada, que tras un recorrido en acueducto de seis kilómetros, llega intacta a una moderna planta embotelladora. Allí nace Alvura, una de las aguas minerales naturales más distinguidas de la Patagonia.
Ubicada en el kilómetro 33 de la Ruta Provincial 21, entre Las Lajas y Loncopué, la empresa produce un agua que encuentra su principal fortaleza en el origen. La normativa argentina exige que toda agua mineral natural de manantial sea envasada en origen para conservar sus propiedades, una condición que implica el desafío logístico de operar lejos de los grandes centros urbanos, pero que garantiza un producto de excelencia.

La vertiente se encuentra al pie de una imponente formación rocosa fracturada. Desde ese punto, el agua es captada mediante un sistema especialmente diseñado para evitar cualquier contacto con el aire, a través de un acueducto subterráneo que la transporta hasta la planta, donde recibe un tratamiento mínimo destinado únicamente a preservar sus características naturales.
“Para embotellar agua de calidad hay que estar en la fuente”, asegura Miguel Casanova, uno de los socios de Alvura. La filosofía es clara: intervenir lo menos posible. El proceso contempla una decantación natural, filtración de alta precisión y un tratamiento de ozonizado exigido por las normas bromatológicas para garantizar la inocuidad del producto. Nada más.
La línea de producción trabaja a un ritmo de 4.000 botellas por hora. Cada unidad completa su recorrido en apenas seis minutos, aunque detrás de esa velocidad existe un riguroso sistema de control de calidad. Cada lote conserva una muestra testigo que es analizada durante toda la vida útil del producto para verificar la ausencia de bacterias y asegurar que el agua llegue al consumidor exactamente igual a como brotó del manantial.
Un sueño que comenzó hace tres décadas
La historia de Alvura tiene sus raíces hace casi 30 años, cuando Aroldo Cónsoli impulsó un primer proyecto de agua mineral bajo la marca Cumbres Neuquinas. Junto a Jorge Hernalz desarrollaron las primeras obras para captar el agua de la vertiente. Con el tiempo, Hernalz adquirió el campo donde se encuentra el manantial y, años más tarde, junto a su hermano Hugo, Juan Mercado, y Miguel y Daniel Casanova, le dieron forma al emprendimiento actual. Pero no cualquier surgencia puede convertirse en un agua mineral de excelencia.
Tras identificar el manantial, comenzaron años de estudios físico-químicos para evaluar la composición del recurso. El resultado fue excepcional. Gracias a que el agua recorre apenas 27 kilómetros desde las altas cumbres hasta la vertiente, alcanza un equilibrio mineral poco frecuente. Posee sólo seis puntos de sodio, un ph neutro y una mineralización considerada ideal por los especialistas. Ni demasiado escasa ni excesiva: la composición justa para ofrecer un agua de altísima calidad.
La comunidad mapuche, protagonista del proyecto
A menos de un kilómetro de la planta se encuentra el paraje Huarenchenque. Del otro lado del río Agrio, conectado únicamente por un puente colgante, vive la comunidad mapuche Mellao Morales, integrada por alrededor de 300 familias. El crecimiento de Alvura está estrechamente vinculado con esta comunidad.
“Actualmente, cerca del 80% de los trabajadores de la empresa pertenecen a ella”, apunta Casanova. “Ellos han colaborado muchísimo con la planta y nosotros los hemos capacitado de acuerdo a las exigencias de elaboración. Estamos en el medio entre Las Lajas y Loncopué. De no ser por esta gente sería muy difícil tener una planta a esta distancia”.
La compañía impulsó programas de capacitación en áreas como electrónica, hidráulica, mecánica y microbiología, permitiendo que numerosos habitantes accedieran a una fuente de empleo estable en una región donde las oportunidades laborales son escasas. “El aporte de la comunidad ha sido fundamental para nuestro desarrollo y tenemos mucho que agradecer”.
De Neuquén al mercado internacional
La calidad del agua neuquina no tardó en trascender las fronteras. En noviembre de 2024, Alvura concretó su primer envío a Estados Unidos, utilizando el estado de Florida como puerta de entrada al mercado norteamericano. La operación se realizó bajo la marca “J. Zanetti by Alvura”, en homenaje al histórico ex capitán de la selección argentina Javier Zanetti, embajador de la empresa en Italia. Para concretar la exportación, el producto obtuvo la aprobación de la Food and Drug Administration (FDA), el organismo estadounidense encargado de regular alimentos y bebidas.
Los reconocimientos internacionales también llegaron desde Europa. En 2024 y nuevamente en 2026, Alvura obtuvo la máxima distinción en la categoría aguas del International Taste Awards de Bruselas. El jurado, integrado por más de 200 sommeliers de prestigio mundial, calificó al producto con la puntuación más alta y le otorgó el sello de “Sabor Superior”, una certificación reservada para alimentos y bebidas de excelencia.
Desde una vertiente escondida en la cordillera neuquina hasta las mesas de consumidores en distintos continentes, la historia de Alvura demuestra que la combinación de naturaleza, visión empresaria y trabajo comunitario puede transformar un recurso extraordinario en una marca con proyección global.
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