«Creer sin pertenecer», auge evangélico y religiosidad popular: radiografía de la fe argentina

Un estudio revela que casi un cuarto de los argentinos "cree sin pertenecer" a una religión, mientras las iglesias evangélicas ganan terreno en la contención social y la política. ¿Cómo la crisis de autoridad y la individuación están redefiniendo el mapa espiritual del país?

Por Natalia López

En los barrios populares, los templos evangélicos no se limitan al culto: ofrecen redes de contención social y material que muchas veces suplen la ausencia del Estado. Foto gentileza.

En los barrios populares, los templos evangélicos no se limitan al culto: ofrecen redes de contención social y material que muchas veces suplen la ausencia del Estado. Foto gentileza.

Del «creer sin pertenecer» a la creciente influencia evangélica y la persistencia de la religiosidad popular, un estudio inédito revela cómo la crisis de autoridad y la individuación están redefiniendo el mapa espiritual del país. ¿Qué nos dice la fe sobre nuestra sociedad presente? ¿Qué lugar ocupan figuras como Ceferino Namuncurá y el Maruchito en la Patagonia? ¿Cómo se entrelazan hoy la política y la religión?

Estas y otras preguntas fueron el eje de la charla con Marcos Carbonelli, investigador del Conicet y la Universidad de Buenos Aires (UBA) y miembro del Observatorio de la Religiosidad en Argentina, quien brindó a Diario RÍO NEGRO una radiografía de las creencias y prácticas que moldean el pulso social del país.

El Mapa Religioso Argentino: una radiografía en transformación


Ante la ausencia de datos censales actualizados sobre filiación religiosa desde la década de 1960, el Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina 2026 surge como una herramienta fundamental. Impulsado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR) del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (CBC-UBA), este estudio busca llenar un vacío. Más allá de lo estrictamente espiritual, la investigación ofrece una ventana para comprender procesos sociales más amplios, como la creciente individuación y la crisis de las autoridades tradicionales.

Los hallazgos del Barómetro dibujan un país en plena transición. Si bien el catolicismo persiste como la opción mayoritaria con el 57,7% de los adherentes, ha perdido la hegemonía histórica que en 1960 rozaba el 90%.

En contrapartida, el grupo de quienes no profesan ninguna filiación religiosa se ha consolidado como la segunda fuerza espiritual con el 22,4%. Este fenómeno de desinstitucionalización refleja que «creer sin pertenecer» no equivale a una ausencia de fe, sino a una vivencia de la espiritualidad desvinculada de los dogmas de las instituciones formales.

«La forma en que los argentinos eligen creer o dejar de pertenecer a una iglesia es hoy el espejo más fiel de una sociedad en plena metamorfosis. Foto gentileza.

Por su parte, el mundo evangélico se afianza como la segunda identidad religiosa organizada del país, alcanzando un 17,4% tras un crecimiento gradual y sostenido. Al analizar estas transformaciones, el estudio revela dos variables determinantes: el género y la edad. Existe una marcada feminización de la religiosidad institucional, especialmente en el ámbito evangélico, mientras que los varones tienden más a declararse sin filiación.

A nivel generacional, el cambio es estructural: los jóvenes son significativamente menos católicos (44,6%) y se inclinan con mayor fuerza hacia las opciones evangélicas o la no afiliación, anticipando un mapa espiritual a futuro radicalmente distinto.

Religión y desigualdad social


Uno de los aportes más lúcidos del Barómetro 2026 es cómo el fenómeno religioso se organiza y se segmenta según el nivel educativo y los clivajes socioeconómicos de la población. La fe en Argentina también refleja las desigualdades estructurales.

La adhesión a las iglesias evangélicas encuentra su mayor concentración en los sectores con menor nivel educativo (hasta secundario incompleto), donde representa el 22,5%. Carbonelli explica que este arraigo responde a que estos espacios ofrecen redes comunitarias muy sólidas de contención social y material, volviéndose refugios indispensables para los sectores con menos recursos.

En el extremo opuesto, la población sin filiación religiosa, aquellos que gestionan su fe de manera autónoma, florece en los niveles educativos medios (28,5%) y altos (27,9%), lo que se vincula directamente con mayores márgenes de autonomía cultural. De este modo, la religiosidad argentina no solo se diversifica, sino que cumple funciones sociales marcadamente diferenciadas según el sector socioeconómico que la adopte.

Diferencias territoriales y el pulso de la Patagonia


La geografía de la fe también expone contrastes significativos. Mientras el catolicismo conserva su mayor fortaleza en el interior del país (59,4%), el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ha convertido en el epicentro de los ciudadanos sin filiación religiosa (26,1%). El pueblo evangélico, en tanto, exhibe una distribución mucho más homogénea a lo largo y ancho del territorio nacional.

Sin embargo, es en la Patagonia donde estas dinámicas adquieren una identidad única y contrastante. Por ejemplo en Río Negro. La región se destaca como la cuna de devociones profundas como las de Ceferino Namuncurá y El Maruchito.

Son dos figuras muy populares cuya veneración brotó de abajo hacia arriba mucho antes de recibir cualquier validación eclesiástica. Ante este escenario, la Iglesia Católica ha optado por una estrategia de acercamiento y gestión de estas manifestaciones; en el caso de Ceferino, por ejemplo, la institución vio una oportunidad histórica para tender puentes con la espiritualidad del pueblo mapuche.

La influencia evangélica en Neuquén: En tierras neuquinas, el panorama vira hacia una fuerte impronta evangélica. En ciudades clave de la provincia, los líderes y templos pastores están alcanzando tal preponderancia demográfica, material y simbólica que han comenzado a emerger como actores políticos autónomos. E

Esta visibilidad se traduce en fenómenos novedosos, como la inserción de dirigentes provenientes de estas iglesias en las filas de partidos como el de Javier Milei, o la institucionalización de bendiciones pastorales en los actos de asunción de funcionarios públicos.

La religión como actor social y político


Para comprender el universo evangélico actual, es imperativo entender que su propuesta excede por completo los límites del templo. Su verdadera fortaleza radica en un anclaje territorial capaz de intervenir en la vida cotidiana de las personas.

Estas iglesias se han integrado activamente a la red de contención de los sectores populares, brindando respuestas materiales y humanas frente a situaciones de consumos problemáticos de drogas o el acompañamiento en contextos de encierro. Se trata de una labor capilar que muchas veces articula con las políticas públicas o, directamente, suple la ausencia del Estado.

Al evaluar el vínculo entre la religión y el plano político nacional bajo la gestión de Javier Milei, Carbonelli aporta matices fundamentales. Si bien aclara que no existen datos empíricos contundentes que demuestren que el mundo evangélico haya operado como una «catapulta» directa para el desembarco del libertario en el poder, sí se evidencia un cambio de época en la gestión social: el Gobierno actual ha desplazado a los movimientos sociales tradicionales de la intermediación de políticas de transferencia alimentaria y de asistencia, favoreciendo en su lugar a federaciones evangélicas.

A pesar de que la estructura descentralizada y horizontal del universo evangélico en Argentina dificulta una acción colectiva coordinada a nivel nacional, su influencia a escala provincial y local es innegable. Allí, líderes específicos capitalizan la necesidad de cuadros dirigentes locales que tienen los partidos nuevos como La Libertad Avanza.

El Judaísmo en argentina


Finalmente, el estudio arroja luz sobre las particularidades de la comunidad judía en el país. Desde una perspectiva estrictamente estadística, representa un porcentaje exiguo de la población total. Sin embargo, Carbonelli destaca un notable «desfasaje» entre su peso demográfico y su alta sobrerrepresentación mediática e institucional.

Esto se explica por la capacidad de desarrollo institucional de la comunidad y su fuerte visibilidad internacional. Asimismo, el investigador resalta la complejidad identitaria del mundo judío, donde coexiste la pertenencia cultural con la religiosa: se puede ser y sentirse profundamente judío desde lo identitario y lo cultural, sin ser necesariamente un creyente o practicante de la fe.

Una necesidad ante la incertidumbre


Con esta radiografía, el Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina seguirá generando datos rigurosos para utilizar el hecho religioso no como un elemento aislado, sino como el espejo ideal para entender las mutaciones políticas, económicas y culturales de la Argentina contemporánea.

El mapa de la fe no es monolítico, es un reflejo de una sociedad que cambia. Entre altares populares en la Patagonia, templos evangélicos que ofrecen contención social y ciudadanos que gestionan su espiritualidad de forma autónoma, las creencias siguen respondiendo a la necesidad de comunidad ante la incertidumbre.


Del "creer sin pertenecer" a la creciente influencia evangélica y la persistencia de la religiosidad popular, un estudio inédito revela cómo la crisis de autoridad y la individuación están redefiniendo el mapa espiritual del país. ¿Qué nos dice la fe sobre nuestra sociedad presente? ¿Qué lugar ocupan figuras como Ceferino Namuncurá y el Maruchito en la Patagonia? ¿Cómo se entrelazan hoy la política y la religión?

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