Cuatro de cada diez mujeres modificaron sus rutinas por sentirse inseguras en Neuquén

Un grupo de activistas realizaron un estudio en barrios de la capital provincial. Analizaron el impacto del diseño urbano sin perspectiva de género en el día a día de adultas y jóvenes. Registraron estrategias para pensar políticas públicas.

¿Alguna vez pensaste en el modo en que las calles de tu barrio, el lugar donde están las paradas de colectivo, el tamaño de las plazas determinan la manera en que transitas la ciudad donde vivís? Esa fue una de las preguntas que se hicieron un grupo de mujeres en Neuquén. Pero, además, le sumaron una mirada de género: ¿Cómo determina ese diseño urbano el transitar de mujeres y disidencias?

Estas preguntas ya son imperiosas y más si sumamos el dato de la relevancia de las ciudades en nuestras vidas. Según el INDEC el 92% de la población argentina es urbana. Cifra que supera la media mundial: 54%.

Por eso, pensar cómo son diseñadas las ciudades que habitamos y proyectar cómo queremos que sean es fundamental. Para contestar esas preguntas este grupo de activistas decidieron preguntarles a mujeres de barrios neuquinos, para trazar similitudes, diferencias y registrar estrategias.

“La planificación urbana carece de la perspectiva de género y eso es una forma más de violencia de género”, explica Mercedes Lamarca, presidenta de la Fundación La Ciudad que llevó adelante la investigación. Y continúa, “la falta de perspectiva de género termina limitando nuestras libertades, nuestro salir al espacio público, ocuparlo, habitarlo”.

El estudio se hizo durante dos años en cuatro barrios de Neuquén: San Lorenzo, Toma Norte, Parque Industrial y Confluencia. Allí mujeres de distintas edades y niveles educativos relataron las estrategias que despliegan y desarrollan para transitar las calles de la ciudad.

Si bien el libro fue un trabajo colectivo y colaborativo, tuvo alguien que registró los encuentros y los sistematizó. Esa persona es Victoria Pont, profesora de Lengua y Literatura, que permitió que el trabajo quede plasmado en un libro titulado “Ciudad segura, ciudadanas libres” de editorial Abra Palabra.

El Libro «Ciudad segura, ciudadanas libres» fue un trabajo colaborativo realizado por Fundación Confluir en la Ciudad. Foto: Cecilia Maletti

Una vez hecho el taller, junto con las mujeres recorrían calles para visualizar las limitaciones y estrategias a la hora de entrar o salir a su barrio. Victoria enumera algunas: “en el barrio San Lorenzo las mujeres empezaron a defenderse de sus agresores, salen con gas pimienta o les dicen a los ladrones no te voy a dar el celular, gritan, pegan y pelean para que no les roben”.

También cuenta que en algunos barrios las mujeres tienen lugares y horarios que evitan. “Hay un montón de lugares por donde eligen no transitar o solo lo hacen de día. Hay horarios en los que ya no salen de su casa, en cuanto se hace de noche”.

De las mujeres que participaron de estos talleres casi la totalidad se sintieron, alguna vez en su vida, intimidada en el espacio público. Y como consecuencia más de un 40% resignó espacios y actividades de ocio o de recreación. Y de eso también habla Victoria: “otras dejaron de lado lo que tiene que ver con ellas y se quedaron solo con sus obligaciones, que tienen que ver con las tareas de cuidado y la división sexual del trabajo. Entonces, solo salen de día a comprar, a llevar a los pibes a la escuela, hacen fuera de su casa lo mínimo indispensable”.

“En general se considera que la violencia que pueden sufrir las mujeres en la calle son de índole sexual, ser abusadas, acosadas, violadas”, explica Victoria, pero aclara, “sin embargo, los otros delitos, como los robos, son la mayoría de las veces cometidos en contra de mujeres porque hay una concepción nuestra como víctimas fáciles”.

El trabajo es un insumo para pensar políticas públicas. Porque, incluso, en los mismos talleres surgían posibles soluciones a estas violencias. Para enumerar, algunas de las propuestas fueron: mayor iluminación en los barrios, limpieza de baldíos, asfalto, más paradas de colectivo, “Toma Norte, por ejemplo”, dice Victoria, “tiene un solo colectivo que entra y no siempre lo hace hasta el fondo del barrio, porque a veces le tiran piedrazos entonces el chofer decide dar la vuelta antes y son tres paradas por las que no pasa”.

Mercedes Larmarca cierra: “revertir esta situación no es difícil, pero sí requiere por un lado escuchar las voces de esas mujeres y poder tener un diagnóstico concreto y, por otro lado, políticas públicas concretas y muy específicas que realmente harían de las ciudades espacios mucho más amorosos y transitables para nosotras”.

La falta de veredas o su mantenimiento obliga, muchas veces, a caminar por la calle. Foto: Cecilia Maletti.

Transitar la calle de Neuquén en cifras:


88,8% de las mujeres se sintieron intimidadas en el espacio público, al menos una vez, a lo largo de su vida.
50% de las mujeres se sintió intimidada en la calle; el 10% en la parada de colectivo; 6% en el colectivo; 13% en la escuela.
43% dejó de hacer alguna actividad por sentirse insegura al transitar por sus barrios.


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