De un baldío abandonado a un sueño compartido: la historia de la escuelita de fútbol que nació junto a las vías
Vecinos de Ingeniero Jacobacci transformaron un terreno abandonado en una plaza y en una escuela de fútbol.
Unos 62 chicos, de 3 a 14 años, forman parte de la escuela de fútbol "El Barrio". Foto: gentileza
Tiempo atrás, un grupo de vecinos de Ingeniero Jacobacci se propuso reacondicionar unos baldíos en un predio del ferrocarril, cubiertos de basura y yuyos. El primer paso fue crear una plaza y le siguieron tres canchas de fútbol. Incluso, un vagón de trocha de 1912 cedido por la empresa Tren Patagónico fue reacondicionado como un espacio recreativo.
«Todo comenzó con una publicación en redes sociales para recuperar baldíos adyacentes a las vías férreas en el barrio Estadio Municipal. La idea de hacer algo lindo prendió con rapidez y un grupo de vecinos nos pusimos manos a la obra«, resumió Darío Finneegan, un policía oriundo de Ingeniero Jacobacci que se convirtió en uno de los principales impulsores del proyecto.
Tanto la plaza como el espacio recreativo en el vagón recibieron los nombres de dos antiguos pobladores que dejaron una huella en esa localidad de la Línea Sur: «Don Cano» y «Mario Sebastián Carballo», por un reconocido locutor.
El proyecto no quedó ahí. Meses atrás, un grupo de padres le pidió a Denis Choilaf impulsar una escuela de futbol. Así, el entrenador arrancó con unos 15 chicos que hoy, ya son 62, de 3 a 14 años que, después de su práctica de fútbol en una cancha de fútbol 5, toman la leche.

«Los entrenamientos arrancaron en un predio cerrado que cedió el municipio debido a las inclemencias climáticas y a los inviernos tan fríos. Después, los chicos tomaban la merienda en un salón de la casa de mi mamá -que en paz descanse- que mi hermana cedió para hacer el merendero. Ocurre que las madres suelen armar termitos para ofrecerle algo de tomar a los chicos», contó Darío.
En marzo, la escuela de fútbol decidió trasladar sus entrenamientos a ese baldío pegado a las vías del tren cada vez que el clima permita practicar al aire libre. Los vecinos limpiaron el predio con máquinas, plantaron árboles -para contar con sectores de sombra a futuro-, instalaron arcos en las tres canchas que, a la vez, se cercaron con alambre para evitar que la pelota se fuera a la calle. El municipio iluminó el predio de 100 metros que, hasta ese momento, estaba absolutamente abandonado.
«Esos baldíos nunca se usaron para nada. Solo había tránsito vehicular.Con esta propuesta, muchos chicos que nunca habían practicado el deporte se acercaron interesados. En esta época, practican en espacios cerrados, esperando que pase el invierno para poder volver al predio», indicó Darío.

Hace un mes, la escuelita de fútbol recibió la personería jurídica y de esta forma, se conformó como asociación civil «El Barrio». «Así podremos gestionar ayuda. Soñamos con tener nuestra propia sede», confió.
Por su parte, Choilaf tiene un objetivo ambicioso: «Espero que los chicos puedan competir en otras localidades, de hecho, ya tenemos varias competencias en carpeta. La idea es trabajar para que puedan crecer, conocer y no sé si el día de mañana irán a ser futbolistas, pero aspiro a que, al menos, puedan recorrer otras canchas y si Dios quiere, algún nene podrá probarse en AFA«.

Tiempo atrás, un grupo de vecinos de Ingeniero Jacobacci se propuso reacondicionar unos baldíos en un predio del ferrocarril, cubiertos de basura y yuyos. El primer paso fue crear una plaza y le siguieron tres canchas de fútbol. Incluso, un vagón de trocha de 1912 cedido por la empresa Tren Patagónico fue reacondicionado como un espacio recreativo.
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