Cómo mantener la enamorada del muro sin dañar tus paredes: guía de poda esencial

Estética y seguridad estructural pueden convivir, de la mano de la enamorada del muro. Las claves de mantenimiento para controlar el vigor del Ficus pumila, evitar filtraciones de humedad y proteger los cimientos de tu hogar.

Redacción

Por Redacción

La enamorada del muro (Ficus pumila) es, quizás, la planta trepadora más icónica de la arquitectura rioplatense. Su capacidad para tapizar superficies de forma compacta y su verde vibrante la convierten en una opción inmejorable para el diseño exterior.

Sin embargo, su fama de «destructora de paredes» no es del todo infundada si se la deja crecer sin supervisión. El problema no reside en la planta trepadora per se, sino en sus raíces adventicias que, al buscar anclaje, pueden penetrar en grietas preexistentes y expandirlas.

La clave para disfrutar de esta especie sin riesgos estructurales radica en una poda de contención sistemática y un monitoreo preventivo de la superficie de apoyo, transformando un crecimiento salvaje en un tapiz controlado y seguro.


Poda de espesor para la enamorada del muro: el secreto para evitar que se despegue


Uno de los riesgos principales ocurre cuando la planta gana demasiado peso y volumen hacia afuera, lo que puede provocar que el «paño» verde se desprenda por gravedad, arrastrando pedazos de revoque. La recomendación técnica oficial es realizar podas de espesor al menos dos veces al año.

Al recortar las ramas que sobresalen excesivamente del plano de la pared, incentivamos a que la planta mantenga sus hojas pequeñas y juveniles (que son las más decorativas) y evitamos que desarrolle ramas leñosas pesadas que son las que tienen raíces más agresivas y peligrosas para la mampostería.


Límites de seguridad: proteger aberturas y techos de la enamorada del muro


El mantenimiento inteligente de la enamorada del muro implica establecer «zonas prohibidas». Nunca se debe permitir que la trepadora alcance marcos de ventanas, cajas de persianas o, fundamentalmente, la carga de los techos y canaletas.

Las raíces del Ficus pumila son especialistas en encontrar humedad; si logran ingresar a una junta de dilatación o un desagüe, la presión del crecimiento puede levantar tejas o provocar filtraciones internas severas. La poda debe dejar siempre un margen de al menos 10 a 15 centímetros de distancia de cualquier abertura o unión de materiales para garantizar una ventilación adecuada de la estructura.


Cuándo y cómo intervenir a la enamorada del muro: herramientas y épocas ideales


Para una poda de contención efectiva, se recomienda intervenir a finales del invierno (antes del despertar vegetativo) y realizar retoques estéticos a mitad del verano. Es fundamental utilizar herramientas de corte bien afiladas y desinfectadas para evitar la entrada de patógenos en las heridas de la planta.

Según manuales de jardinería urbana, si detectas que una rama ha ingresado profundamente en una grieta, lo ideal no es tirar de ella —lo que podría desprender el revoque— sino cortarla en la base del ingreso y dejar que la rama se seque por sí sola; una vez deshidratada, perderá su fuerza de agarre y podrá retirarse con mínimo impacto para la pared.


La enamorada del muro (Ficus pumila) es, quizás, la planta trepadora más icónica de la arquitectura rioplatense. Su capacidad para tapizar superficies de forma compacta y su verde vibrante la convierten en una opción inmejorable para el diseño exterior.

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