«El temor era que no llegaran a buscarnos»: el dramático rescate de una familia aislada por la nieve
La familia de Rafael Da Silva quedó aislada durante varios días en Nirihuau Arriba, sin electricidad, con escasa leña y los alimentos casi agotados. Un pedido de auxilio enviado mediante una antena satelital activó un operativo conjunto de Gendarmería, Protección Civil, Splif y Parques Nacionales que logró evacuarlos en medio de un intenso temporal de nieve.
La familia recibió asistencia este viernes. Foto: gentileza
La casa de Rafael Da Silva estaba rodeada por un metro de nieve. No había visibililidad y hasta el camino se había desdibujado con el manto blanco. Su pareja, sus dos pequeñas hijas y sus suegros, adultos mayores, no ocultaban su nerviosismo y preocupación ya que cada vez nevaba con más intensidad.
Cuando la leña y los víveres se agotaron, Rafael instaló la antena Stalink en su camioneta y pidió ayuda. Su familia pensó que la asistencia no llegaría, pero horas después, vieron, con alivio, llegar móviles de Gendarmería, Protección Civil de Bariloche, el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (Splif) y la Dirección de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) del parque nacional Nahuel Huapi.

Rafael vive en una casa abandonada que, con su pareja, logró poner en condiciones para que sea habitable en la zona rural de Arroyo La Botella, en Nirihuau Arriba, a unos 18 kilómetros de la avenida de Circunvalación que conecta el este con el sur de Bariloche. «Fue una emergencia. Tuvimos que pedir ayuda porque tres días antes, Edersa se llevó el medidor de luz de nuestro lote. Estábamos esperando para poner la luz a nuestro nombre», señaló este misionero de 29 años que, desembarcó en Bariloche, con su familia, dos años y medio atrás.
No fue la primera vez que esta familia quedó aislada. «Dos años atrás, mi nena más chica se atragantó. Con la nevada no había chance de salir. Intenté salir con el auto hasta donde pude. Le hicimos reanimación y reaccionó. Fue casi un milagro», recordó, con angustia.
En esta oportunidad, la nevada volvió a sorprender a su familia. En esta ocasión, los encontró sin luz y por lo tanto, sin calefacción, apenas tenían leña y se les agotaban los víveres. «Era tremendo el frío. Al no tener vehículo 4×4, tampoco tengo de dónde sacar leña. Pero empecé a buscar cerca, lo poco que había. Nos instalamos delante de la chimenea y ahí nos quedábamos porque era imposible estar en las piezas. Cuando se agotó todo, no quedó otra que pedir ayuda», manifestó este hombre que trabaja como camionero.

Las niñas de 6 y 11 años dormían en bolsas de dormir, mientras sus padres miraban por la ventana, con cierta desesperación, a la espera de que las condiciones cambiaran. No ocurrió. «Yo me quedaba despierto para evitar que se apagara el fuego de la chimenea. Incluso saqué combustible del vehículo para que prendiera. Por suerte, no tuvimos que lamentar ninguna tragedia», expresó. En cuanto a sus hijas, reconoció que estaban asustadas pese a que intentaba no manifestarles sus temores.
Cuando logró dar aviso de que estaban aislados, esperaron algunas horas frente a una de las ventanas hasta que vieron llegar varios móviles oficiales.
«El desplazamiento de las cuadrillas demandó maniobras de extrema precisión y un gran esfuerzo físico y logístico. Los rescatistas debieron sortear los tramos más complejos de la huella, abriéndose paso entre acumulaciones severas de nieve que amenazaban con encallar a los vehículos de apoyo», relataron desde Protección Civil. Sin embargo, la evacuación se concretó de forma segura y finalmente, integrantes de Gendarmería Nacional brindaron albergue y asistencia a los damnificados.
«Fue traumático, de hecho seguimos sin poder dormir de pensar que algo hubiera podido pasar a las nenas o a mis suegros que son mayores», concluyó da Silva que, este sábado, volvió a su predio para asistir a sus gallinas, pollos y chanchos. En tanto, su familia permanecerá en Bariloche hasta que pase el invierno. «El temor siempre fue que no llegaran a buscarnos. No se ven los caminos«, dijo.

La casa de Rafael Da Silva estaba rodeada por un metro de nieve. No había visibililidad y hasta el camino se había desdibujado con el manto blanco. Su pareja, sus dos pequeñas hijas y sus suegros, adultos mayores, no ocultaban su nerviosismo y preocupación ya que cada vez nevaba con más intensidad.
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