Las palabras que mejor nos definieron en el año

02 ene 2018 - 13:09

Todos los años hay palabras que nos definen. El 2017 fue para “feminismo” (una palabra vieja que renovó sus votos con un impulso enorme); y para las inglesas fake news (noticias falsas) y youthquake (algo así como “temblor o sacudón juvenil”). Un años antes había sido para posverdad y antes aún para la tan acostumbrada selfie de cada día.

Las palabras nos definen porque son los temas que nos ocupan y de los que nos ocupamos.

Y aunque ya estemos comenzando el 2018, las noticias falsas, de inesperada irrupción en la campaña que llevó al poder a Donald Trump, siguen siendo una enorme preocupación, porque en definitiva, aquello que leemos y que alimenta nuestra información, va formándonos. Pero ¿cuánto de lo que leemos es cierto? o peor aún, ¿es cierto?

Jeff Jarvis, un respetado periodista que currículum extenso (es columnista de The Guardian, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de los libros como “Y Google, ¿cómo lo haría?”) lo tiene claro: “Primero –dice él–, tenemos que ayudar al público a recuperar la confianza en los hechos. Segundo, y muy importante, tenemos que encontrar una forma en que el público pueda comenzar a confiar el uno en el otro. Tenemos que superar la polarización que tenemos, para que las comunidades puedan mantener conversaciones civiles informadas. Y tercero, tenemos que preocuparnos por la confianza en ciertas instituciones además de los medios. No solo me refiero al gobierno o la política: me refiero a ciencia. Me refiero a académicos. Me refiero a instituciones que ahora están siendo desacreditadas regularmente”.

Los tres puntos de Jarvis parecen tres Everest: confianza en los hechos; superar la polarización para mantener conversaciones civiles informadas y recuperar la confianza en las instituciones.

Parecen imposibles, es cierto. Pero suenan también a un gran desafío. Y no es un desafío sólo para los medios de comunicación o para las plataformas –Google, Facebook– acusadas de causar el mal de las noticias falsas. Es una responsabilidad de todos. La tecnología sólo actúa como un amplificador del odio, de la discriminación, del racismo, o de la ignorancia, pero todos esos factores están con nosotros.

Quizás “confianza” no sea la palabra del 2018. Pero que, al menos, no sea desconfianza.

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