Mariana, la bióloga de Neuquén que descifra los secretos de la Antártida: «Te terminás enamorando»

Luego de probar una carrera con una inserción laboral más “estable”, se animó a perseguir las aventuras que de niña veía en Discovery Channel, National Geographic y Animal Planet.

Las historias que Mariana veía de niña en la televisión le fueron despertando de a poco una “chispa”. Discovery Channel, National Geographic y Animal Planet se convirtieron en una ventana a un mundo fascinante, un mundo que ella quería conocer. Una idea algo “loca” surgió: “Yo quiero hacer eso, quiero ser bióloga”. “¿De qué vas a vivir?”, le preguntaba su papá preocupado cuando insistía con esa “locura”. El camino fue largo y sinuoso, pero Mariana López escuchó a esa niña soñadora. Se convirtió en bióloga marina y ahora estudia a las ascidias, una especie poco conocida, en la Antártida.

Antes de hacerle caso a su deseo, la joven neuquina de 32 años probó otra carrera que le prometía un futuro laboral “más estable”. Estudió Ingeniería Agrónoma en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) en Cinco Saltos. Por cuatro años buscó convencerse de que era la mejor opción.

Hasta que no pudo callar más esa voz interior. “Me dije: ‘no quiero hacer esto, yo quiero ser bióloga’”. Se sinceró con ella misma y con su papá. “Ahí mi viejo me dijo: ‘bueno dale, vamos a hacer el esfuerzo, vamos a mandarte a estudiar biología’”, contó.

De agronomía a la biología marina: la historia de Mariana en la Antártida


Con el apoyo de su familia, decidió dar el salto. Primero estudió biología marina en la UNCo, en San Antonio Oeste, aunque no la atrapó. En 2018, a los 25 años, encontró su verdadera casa académica en Puerto Madryn, en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Allí inició su licenciatura en Biología, casi desde cero, adaptándose a un nuevo plan de estudios y recuperando materias.

Se recibió en tiempo récord en octubre de 2023. Su tesina final, por circunstancias de pandemia y disponibilidad de proyectos, la realizó con lagartijas. Siguió el sabio consejo de su directora: “Tenés que hacer un trabajo que haga que te recibas y en tu doctorado te dedicás a lo que realmente querés”.

Meses antes de su graduación, en enero de 2023, una pasantía crucial en el Centro Austral de Investigaciones Científicas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CADIC – CONICET) en Ushuaia, donde estudió bioenergética en peces, le despertó un nuevo amor: la Antártida y los climas fríos. La ciudad austral, sus paisajes y su particular fauna la cautivaron por completo.

Ese mismo año, en noviembre de 2023 y luego en enero de 2024, Mariana tuvo sus primeros contactos directos con el continente blanco. Participó en dos censos de ballenas a bordo de un crucero, una experiencia que ya le adelantaba la magia polar.

Y una vez más se fue a perseguir su deseo. En febrero de 2024, consiguió una beca del CONICET para un proyecto de investigación enfocado en el impacto del cambio climático en las ascidias, una especie de invertebrado nativo de poblaciones subantárticas y antárticas. La describió como un “bicho raro” poco estudiado, pero con un gran potencial para la investigación.

En agosto de 2024, Mariana se mudó a Ushuaia para comenzar oficialmente su doctorado. La urgencia de la situación la llevó a embarcarse en su primera campaña antártica de inmediato, ante la incertidumbre sobre la continuidad de los programas, tras el cambio de gobierno. Junto a su directora se lanzaron para asegurar la expedición.

El 22 de diciembre de 2024, un viaje en el Hércules la llevó hasta la base chilena Frei, desde donde un barco la trasladó a la Base Carlini, en la Isla 25 de Mayo. Allí pasó las Fiestas. Se maravilló con las 24 horas de luz diurna, un sol que nunca se ponía y un paisaje inmaculado de glaciares.

Fue su primera vez residiendo en una base antártica, una inmersión total en un ecosistema único que le “voló la cabeza”. La imagen de los elefantes marinos descansando junto a las construcciones o la majestuosidad de montañas cubiertas de hielo consolidaron una certeza: su futuro no estaba en el Caribe tropical como pensó alguna vez, sino en la belleza gélida del sur.

Mariana conectó de inmediato con la Antártida. (Gentileza)

Los tres meses de expedición en la Antártida fueron de trabajo extenuante, pero gratificante. Su principal tarea era mantener un acuario con 70 ejemplares de ascidia. Implicaba una dedicación casi constante, desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, vigilando cada detalle para asegurar la supervivencia y el éxito del experimento.

La recolección de las ascidias se realizaba con el apoyo de buzos de la Armada. Ellos las extraían del fondo marino para que Mariana las trasladara a sus baldes de agua. Los imprevistos eran parte del día a día y aprender a solucionar problemas “a la Antártida” –sin acceso a servicios externos, solo con ingenio y los recursos disponibles en la base– fue una lección invaluable. La convivencia en la base, aunque intensa, generó un fuerte vínculo de compañerismo y apoyo mutuo entre científicos y personal de la fuerza.

Tras regresar en marzo de 2025, continuó su formación y hasta surgieron otras oportunidades. Así, se abrió la puerta para un nuevo destino, Alemania, donde realizó pruebas genéticas.

Al recordar aquella pregunta que le hizo su padre, “¿de qué vas a vivir?”, contestó: “Es más amor al arte que vivir bien económicamente”. Aunque no siempre llega a fin de mes, su profesión le ha regalado momentos “invaluables”. “Te da muchas cosas positivas, experiencias de vida que son muy enriquecedoras”, aseguró. Porque, como ella misma reflexiona, “la ciencia es necesaria a nivel mundial, a nivel social y también ambiental”.

Hoy Mariana celebra el giro que decidió dar, pero reconoció que no es sencillo y que “hay que rebuscársela”. De todas maneras, no se arrepiente: “Antártida y Alemania a mí ya no me lo quita nadie”.

Ascidias, las guardianas y filtradoras del fondo de la Antártida


Las ascidias son animales invertebrados con un rol crucial en el equilibrio marino. La bióloga Mariana López indicó que no tienen cabeza ni rostro. Son organismos de anatomía simple definidos por dos orificios llamados “sifones”.


Funcionan como un sistema de filtrado vivo: por un sifón ingresa el agua rica en nutrientes y oxígeno hacia sus branquias y estómago, y por el otro expulsan el agua y los desechos. Su estilo de vida es bentónico, lo que significa que viven fijados al fondo del mar o a las rocas, siendo muy selectivos a la hora de elegir dónde anclarse.

Las ascidias son una especie poco estudiada. (Gentileza).


Señaló que, como no tienen valor comercial, han quedado fuera del foco de muchas investigaciones. Sin embargo, poseen un valor ecológico incalculable: actúan como “generadores de ecosistemas”. Al filtrar el agua y permanecer fijas, sus cuerpos se convierten en refugio y superficie de adhesión para otras algas y pequeños animales, creando microhábitats vitales.


Esta inmovilidad es su mayor debilidad frente al cambio climático. A diferencia de los peces o ballenas que pueden migrar si las condiciones del agua empeoran, las ascidias deben soportar “in situ” las variaciones de temperatura y pH, convirtiéndolas en bioindicadores directos de la salud del océano.

Su paso por Alemania y el próximo destino: ¿las Islas Malvinas?


Tras su regreso del continente blanco en marzo de 2025, la carrera de Mariana dio un salto internacional gracias a una red de científicos que otorgan fondos para fortalecer los estudios polares. Alemania, un país que cuenta con institutos de vanguardia dedicados exclusivamente a la ciencia del Ártico y la Antártida, se convirtió en su destino en mayo de ese mismo año.


Esta experiencia le brindó una capacitación técnica en laboratorios que describió como “mucho más épicos”. Durante su estadía, se dedicó a perfeccionarse en análisis genéticos y moleculares avanzados, utilizando metodologías con equipamiento de alta complejidad.

Más allá del aprendizaje técnico, el viaje resultó ser una plataforma invaluable para tejer redes de contactos.


Estas nuevas conexiones no solo enriquecieron su visión profesional, sino que reavivaron proyectos a futuro, como el anhelo de organizar una campaña a las Islas Malvinas para continuar explorando la biodiversidad del Atlántico Sur. Así, la ciencia sirvió como un pasaporte que le abrió las puertas del mundo.


Las historias que Mariana veía de niña en la televisión le fueron despertando de a poco una “chispa”. Discovery Channel, National Geographic y Animal Planet se convirtieron en una ventana a un mundo fascinante, un mundo que ella quería conocer. Una idea algo “loca” surgió: “Yo quiero hacer eso, quiero ser bióloga”. “¿De qué vas a vivir?”, le preguntaba su papá preocupado cuando insistía con esa “locura”. El camino fue largo y sinuoso, pero Mariana López escuchó a esa niña soñadora. Se convirtió en bióloga marina y ahora estudia a las ascidias, una especie poco conocida, en la Antártida.

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