Qué se siente al morir: algunas respuestas científicas

Profesionales de la Universidad de Michigan avanzaron en el monitoreo del cerebro al momento del fallecimiento, e hicieron descubrimientos sorprendentes.





Quizás uno de los misterios más grandes de la humanidad es, acaso, el momento de la muerte; incluso es más secreto ese instante de partida que la muerte misma. Por eso, científicos de la Universidad de Michigan intentaron descifrar qué se siente al morir, a partir de pruebas de laboratorio.

El informe, publicado por la BBC, se basa en la actividad cerebral de unas ratas de laboratorio, a las que se monitoreó mientras morían. En torno a eso, se registró que los mamíferos, a pesar de no tener latidos cardíacos ni respiración, aumentaban su actividad cerebral global.

Mostraron también niveles de ondas gamma bajas diferentes a las que tienen las ratas durante el estado normal de vigilia; de hecho, estaban más sincronizadas en todo el cerebro.

Los científicos vincularon esta información con estudios anteriores sobre la percepción consciente de las personas, por lo que se planteó la posibilidad de que el cerebro humano no está inactivo del todo cuando morimos.

Otro trabajo similar, de cuatro años atrás en el Imperial College de Londres, también generó coincidencias con la sensación de trascendencia del tiempo y el espacio, y una especie de unidad con objetos y personas cercanas.


Qué se siente al morir

En el último adiós, el cerebro se pondrá en marcha y producirá alucinaciones como la luz al final del túnel o el recuerdo de los seres amados.

Esa ventana temporal se producirá tras el paro respiratorio y, posteriormente, el paro cardíaco. Allí, la actividad del cerebro disminuye y, de 4 a 6 minutos después, quedará dañado irremediablemente.

A la muerte cerebral, es decir cuando ya no se registra actividad neuronal, le sigue la Pallor mortis: la palidez que ocurre en los 15-120 minutos posteriores a la muerte.

A esta le sigue el Livor mortis: una coloración rojiza-amoratada de las partes del cuerpo, debida a una acumulación de la sangre en esas zonas.

Poco después, la temperatura corporal desciende hasta el nivel del ambiente (Algor mortis), pero nunca se estará más frío que el medio que le rodea.

Dos horas más tarde, los cambios químicos en los músculos causarán Rigor Mortis: el estado de rigidez (del latín rigor) e inflexibilidad en las extremidades del cuerpo.

De 24 a 36 horas después del deceso, la rigidez es invencible. Pero, partir de las 36 horas, la rigidez desaparece paulatinamente.

Finalmente, empieza la descomposición y los colores y olores que la acompañan, consecuencia de las bacterias que oxidan la hemoglobina y producen metano y propano, que infiltran todo el cuerpo y lo inflaman.


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