Revocatoria: el tiempo, el control y el día después
La experiencia de 1998 deja una advertencia. Muchos suponían que la salida del intendente resolvería problemas estructurales. Gentile se fue, pero las restricciones financieras e institucionales continuaron.

Allen vuelve a hablar de revocatoria de mandato casi treinta años después de un proceso similar. Antes de discutir nombres, conviene entender de qué hablamos.
La revocatoria es un mecanismo de democracia semidirecta que permite a la ciudadanía poner anticipadamente en discusión la continuidad de una autoridad elegida. No destituye automáticamente a nadie: si cumple determinadas etapas, termina en una consulta popular.
En Allen, la Carta Orgánica exige primero el aval del 10% del electorado. Luego se habilitan libros durante treinta días y debe alcanzarse el 20% del padrón. En el proceso actual son necesarias 4.579 firmas antes del 9 de octubre para llegar a un eventual referéndum.
La revocatoria combina distintas formas de control: horizontal, cuando las instituciones del Estado se controlan entre sí; vertical, cuando los ciudadanos controlan mediante el voto; y social o societal, cuando vecinos, organizaciones y medios hacen visible un problema y movilizan a la comunidad.
Allen ya vivió esta historia. Entre 1998 y 1999 se impulsó una revocatoria contra el entonces intendente Ulises Gentile. Años después estudié aquel proceso para mi tesis de grado. La conclusión fue sencilla: el descontento por sí solo no alcanza.
Para sostener una revocatoria hacen falta información, organización, recursos y, sobre todo, tiempo. En 1998 hubo folletos, mesas en la calle, recorridas casa por casa, sindicatos, organizaciones barriales, Iglesia y una radio local con enorme capacidad para mantener el tema en agenda. Incluso así costó llegar: de las 2.812 firmas requeridas se consiguieron unas 3.100 y cerca de 800 llegaron sobre el cierre. Gentile renunció antes del referéndum. La revocatoria no terminó formalmente, pero produjo efectos políticos.
Hoy las reglas son casi las mismas, pero la sociedad es otra. Hay WhatsApp, Facebook, Instagram, portales y radios. Informar y organizar es más rápido. Sin embargo, ninguna red social reemplaza algo elemental: hay que ir y firmar. Un “me gusta” no cuenta en el libro.
El proceso actual agrega además la judicialización. Marcelo Román cuestionó la cantidad y validez de las firmas iniciales, pidió el archivo del procedimiento y presentó una denuncia penal por presuntas irregularidades. El Concejo, en cambio, consideró cumplida la primera etapa y habilitó los libros. La disputa transcurre así en la calle, las instituciones municipales y los tribunales.
Hay otro fenómeno para observar. Mientras avanza la revocatoria, el Ejecutivo busca exhibir gestión: obras, luminarias, servicios, eventos y mayor actividad municipal. Se suman horas extraordinarias y un nuevo incremento salarial del 6%, adicional a los aumentos ya otorgados durante el año.
¿Está mal que un municipio arregle calles, coloque luminarias o mejore salarios? Ésa no es la pregunta. La pregunta es: ¿puede sostenerlo?
Cuando un gobierno percibe amenazada su continuidad existe el riesgo de que su horizonte se acorte. En lenguaje menos académico, aparece la tentación del “plata o m….da”: poner recursos sobre cada conflicto para llegar al mes siguiente, o “vender las joyas de la abuela”. No afirmo que el Municipio esté literalmente liquidando patrimonio; planteo si las decisiones tomadas durante una emergencia política serán financieramente sostenibles cuando ésta termine.
La experiencia de 1998 deja una advertencia. Muchos suponían que la salida del intendente resolvería problemas que también eran estructurales. Gentile se fue, pero las restricciones financieras e institucionales continuaron.
Veintiocho años después conviene recordar esa enseñanza, gobierne quien gobierne.
No puede afirmarse hoy si la revocatoria llegará al referéndum ni corresponde anticipar qué decidirían los allenses si fueran convocados a votar. Pero sí podemos hacernos otra pregunta.
La revocatoria pretende determinar si un intendente conserva el respaldo necesario para completar su mandato. Allen debería preguntarse también en qué condiciones económicas, institucionales y administrativas quedará el Municipio cuando termine esta crisis.
Marcelo Román puede continuar o no. La crisis política terminará tarde o temprano.
Las cuentas del Municipio van a quedar.
* Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales, consultor.

Allen vuelve a hablar de revocatoria de mandato casi treinta años después de un proceso similar. Antes de discutir nombres, conviene entender de qué hablamos.
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