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Tras el pedido del papa Francisco sobre gestación subrogada: «prohibiendo nunca se resolvió nada»

El máximo jefe de la Iglesia católica consideró esta práctica como “deplorable” y solicitó que se considere un delito. Mariana González, especialista en Bioética, opina al respecto.

La Iglesia católica viene siendo noticia en los últimos días. Solo por enumerar: aprobó que parejas gay, lesbianas y/o divorciados vueltos a casar puedan ser bendecidos; días después aclaró que esa decisión no implica “una ratificación a la vida que llevan”; dejó de recibir fondos por parte del Estado Nacional argentino y la última, sucedió ayer: en la inauguración del Cuerpo Diplomático de la Santa Sede el papa Francisco, entre una paleta amplia de temas, pidió prohibir la gestación subrogada.

¿Qué significa la gestación subrogada? ¿Qué implicancias tiene? “Hablar de subrogación de vientre o de maternidad es un error”, explica la abogada y especialista en Bioética de FLACSO Mariana González, “porque lo que se subroga es la gestación”.

Con palabras sencillas la explica así: “hay personas que por ser del mismo sexo biológico o por tener alguna enfermedad con imposibilidad de gestar le piden a otra persona que realice la gestación en su propio útero con el material genético de esas personas que son quienes tienen la voluntad procreación”.

En Argentina no hay normativa que regule esta actividad. “Cuando se estaba discutiendo la reforma al Código Civil en 2015 y unos años antes”, pone en contexto González, “hubo una iniciativa de regularla porque el mercado estaba avanzando. Pero, hubo lobby de la Iglesia católica y finalmente no fue tratada”.

Aún sin legislación es sabido que muchas personas en Argentinas acceden a esta modalidad. Dentro de la farándula local se conocen varios casos, por ejemplo: Marley, Florencia de la V y Topa. Al no haber normativa, se los habilita por vía judicial, a través de fallos existentes y se solicita al Registro Civil que inscriba al bebé a favor de quienes han encargado esa gestación. “Es la única manera”, explica González, “de poder satisfacer el derecho a la identidad de esa persona nacida”.

Al no haber regulación “estos procedimientos que ocurren en la clandestinidad”, dice González, “fomentan el abuso de personas ricas sobre personas pobres”. Y enumera puntos importantes que debería contemplar la normativa: decir cómo y cuándo se va a dar respuesta a una situación de gestación por subrogación; si en esa transacción se va a permitir que haya intercambio económico; cómo se va a prestar el consentimiento informado; qué recaudos va a tomar el juez o la jueza para poder demostrar que la persona gestante entiende los riesgos y las implicancias completas de gestar para otro; de qué manera se va a resguardar la salud de esa persona, entre otros puntos.

Para mostrar la importancia de tener un marco regulatorio González cita a Debra Satz, filósofa de la universidad Stanford autora del libro “Por qué algunas cosas no deberían estar en venta”: “allí ella dice algo que comparto, el contrato de embarazo valida las relaciones sociales asimétricas de jerarquía y desigualdad de género. Sirve de manera directa para perpetuar las desigualdades”.

Y refuerza: “esto, no deja de ser salidas laborales para mujeres que están en estado de necesidad. A mí no me alcanza con que me hablen de un consentimiento informado, porque ese consentimiento en estado de necesidad, está viciado”.

Como en cualquier embarazo pueden surgir inconvenientes para la salud de la persona gestante. Pero, en este caso se le suman nuevos: “el hecho de que estas prácticas se realicen sin regulación implica que, por ejemplo, la pareja gestante se pueda arrepentir en el camino y una mujer pobre quede con un hijo que no deseaba para sí porque estaba gestando para otros”.

El papa Francisco consideró la gestación subrogada como “deplorable” y solicitó que se considere un delito perseguido en cualquier país en el que se cometa. Mariana González disiente: “frente a lo prohibido, lo que sucede es el abuso del capitalismo sobre los cuerpos de las mujeres”. Y agrega: “las cosas no se resuelven prohibiéndolas porque ya suceden y van a seguir sucediendo. En este estado de situación legislar se impone como algo muy necesario, pero siempre que se permita un debate con arraigo profundo en los Derechos Humanos de los eslabones más vulnerables de esa técnica: las gestantes y los nacidos de la gestación subrogada. Mucho más”, piensa en contexto y cierra, “en un país gobernado por una persona libertaria que se rige por las leyes del mercado, lo que vamos a tener es un aumento de muertes maternas, situaciones de explotación más grave que las que tenemos ahora”.


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