Solidaridad, más señorío y ninguna esclavitud

Por Redacción

El 26 de este mes celebraremos la “solidaridad hecha carne” a raíz del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta, cuyo “darse” fue tan ejemplarmente elocuente que “admiró” al mundo entero. Entre nosotros, no otra cosa que esa magnánima solidaridad es la que se hizo, se hace y se hará presente, sin ir más lejos, para afrontar los estragos hídricos en Córdoba a principios de este año y, por estos días, sus repeticiones en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, entre las más visibilizadas. Los argentinos vienen acreditando y exhibiendo así toda su solidaridad como su mejor capital humano, pero también desnudando la impericia, ineficiencia e imprevisibilidad de los gobiernos, las que, precisamente, “nuestros solidarios” salen a suplir espontánea, oportuna y silenciosamente. Esos magnánimos solidarios de siempre, esos invisibilizados, en suma, esa comunidad fraterna, siempre “se alistan” ante los desastres y las tragedias con acciones, gestos y soluciones concretas. No obstante, como suscriptores ciudadanos de un contrato social básico, advertimos que el otro gran suscriptor, “Estado” (nacional, provincial y municipal), viene abandonando y estafando reiterada y sistemáticamente a la ciudadanía, no sólo incumpliendo las obligaciones a su cargo sino incrementando perversa y paradójicamente la presión tributaria, las tarifas de los servicios públicos, la violación del federalismo y un desvío de fondos públicos descarado e impune, siempre encarnado en infames enriquecimientos ilícitos. Demasiados funcionarios del Estado son los que guardaron el dinero público en sus bolsillos, pero no cualquier dinero, sino el de los recursos públicos para las inversiones/licitaciones e infraestructura, el de la educación, el de la salud pública, el de la seguridad en general y la seguridad alimentaria en singular, el de las coparticipaciones provinciales y municipales, el de las retenciones a la soja, etcétera. He ahí la cruel estafa como cara y arma de una corrupción que mata, inunda, posterga, abandona, desprecia, desahucia. Sí, la misma que, más agudamente, en las dos últimas décadas provocó tanta inseguridad, inflación, desinversión, impunidad y orfandad en materia de infraestructura, de servicios públicos, indefensión de ciudadanos, contribuyentes, usuarios y consumidores, etcétera. De ahí y de ningún otro lado proviene el abandono de jubilados, jóvenes, aborígenes, excombatientes, maestros y médicos rurales; de ahí la tragedia de Once, Cromañón, las inundaciones, los incendios y las nuevas esclavitudes. ¿Cuántas esclavitudes y disvalores? Esclavos del hambre, de la indigencia, de la pobreza, de los analfabetismos, de la desocupación, de la mentira y del Indec; de lo ajeno, de los adminículos tecnológicos, de los desencuentros, de la corrupción, de los abusos del poder, de la avaricia, del individualismo, de la droga, de la prostitución, de lo superficial, del consumismo, de la ignorancia y del populismo, de gremios y corporaciones, de la televisión y de la estupidez… ¡de toda absurda intemperie! Penosamente, la degradación de funcionarios, legisladores y jueces/tribunales con el descrédito y la pésima imagen de la Justicia lograron introyectarnos una tremenda convicción: la de que, en estas circunstancias, la democracia misma resulta un sistema impotente para investigar y condenar delitos e ilícitos, principalmente aquellos cometidos por autoridades públicas. Pero, entonces, ante Estados “distraídos”, anodinos, corrompidos e indolentes que nos han desamparado dejándonos recurrentemente “tan solos”… ¿quién debe ejercer el gobierno logrando el bien común? ¿Los políticos elegidos por el pueblo, harto, engañado y obligado a votar? ¿O, impropiamente, siempre deben paliar o solucionar los problemas de la gente Cáritas, Red Solidaria, la Madre Teresa Varela de San Marcos, el negro Toby –gigante solidario cordobés–, los bomberos voluntarios, las ONG, los héroes y próceres anónimos, el padre Pepe, el cura párroco de Salto, las iglesias, algunas radios, clubes, deportistas y artistas solidarios y los incontables solidarios anónimos de siempre? Solo por caso, ¿quiénes “escondieron” el dinero de los impuestos para seguridad e inversiones en materia de infraestructura y servicios públicos (vg.: ambiente sano, agua potable, cloacas, desagüe y canalizaciones con un sistema de desagüe coordinado e integrado federalmente para evacuar y, en lo posible, acopiar estratégicamente, todo excedente hídrico; energía eléctrica, urbanizaciones, forestaciones y reforestaciones, espacios verdes, educación, nutrición, salud, energía, gas, transportes…)? ¿Quiénes, con toda ignominia, transaron dignidad y júbilo por ascuas, desbaratando inhumanamente los haberes de nuestros jubilados? Por todo eso, ¿cómo no defender nuestros valores sin envalentonar a sus verdugos? Preconclusivamente, deberemos encontrar los caminos para una emancipación ciudadana mancomunadamente solidaria que nos libere de tantas esclavitudes y denigraciones propias de disvalores inaceptables y solo así, recién entonces, todos juntos vayamos sin demora recuperando cooperativamente (sin intermediarios ni politiquerías) el señorío personal propio “de ser”, de ser dignos, “libres”, “sin dueños, ni miedos ni estafas”; un ser personal más abierto al encuentro y cuidado recíproco con el otro “¡pero siempre a buen resguardo de todo corrupto!”. Ojalá entonces que la memorable y fecunda Gota en el Mar de la Madre Teresa nos salpique con un diluvio de autonomía, satisfacción, saciedad e independencia; con un cataclismo regenerador y salutífero que despierte e incremente solidaridades incombustibles y más proactivas, y sirva también para refortalecer e imbuir instituciones y poderes desde un voto popular nuevo, con más racionalidad y solidaridad, para más señorío ciudadano y ninguna esclavitud populista. Finalmente, ojalá solo se inunde definitivamente toda escoria política junto a las caricaturas y a los simulacros seudodemocráticos y seudorrepublicanos. (*) Premios Gota en el Mar al periodismo gráfico solidario 2005 y 2007

Roberto Fermín Bertossi (*)