Despidos, vigilancia y fuga de talento: el costo de la apuesta de Meta
La compañía apuesta miles de millones de dólares para recuperar terreno en IA, mientras enfrenta recortes de personal, cuestionamientos por el monitoreo de empleados y la salida de referentes clave.
La carrera por la inteligencia artificial está transformando a Meta puertas adentro. Mientras la empresa dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp mantiene resultados financieros récord gracias al negocio publicitario, atraviesa una profunda reorganización marcada por despidos, presión sobre los empleados y conflictos internos que reflejan el costo de competir por el liderazgo en IA.
En el primer trimestre del año, Meta obtuvo ganancias cercanas a los 23.000 millones de dólares, un 30% más que en igual período del año anterior. Sin embargo, el fuerte incremento de las inversiones en inteligencia artificial modificó las prioridades de la empresa. Bajo la conducción de Mark Zuckerberg, la compañía inició una agresiva reducción de costos para financiar un plan de inversión que podría alcanzar este año los 145.000 millones de dólares, casi el doble que en 2025.
Como parte de esa estrategia, Meta eliminó unos 8.000 puestos de trabajo, equivalentes a cerca del 10% de su plantilla. Entre despidos, reestructuraciones y traslados internos, casi uno de cada cinco empleados se vio afectado durante los últimos doce meses.
El clima laboral se deterioró rápidamente. Medios estadounidenses recogen testimonios que describen una «cultura del miedo», atravesada por la incertidumbre permanente y el temor a nuevas rondas de despidos.
- Los datos
La reorganización también alcanzó a los equipos de inteligencia artificial. Unos 6.500 empleados fueron reasignados a esa división y varios denunciaron que debían realizar tareas repetitivas destinadas a entrenar modelos de IA o incluso a automatizar funciones que podrían reemplazar sus propios puestos.
El episodio más controvertido fue la llamada «Iniciativa para mejorar las capacidades del modelo«, lanzada en abril. El programa registraba clics, pulsaciones de teclado y hábitos de navegación de empleados en Estados Unidos para entrenar agentes de inteligencia artificial.
Durante una reunión interna, Zuckerberg defendió el proyecto al afirmar que «los modelos de IA aprenden observando a personas realmente inteligentes hacer cosas». Sin embargo, más de 1.600 trabajadores firmaron una petición para detenerlo y algunos llegaron a definir a Meta como una «fábrica de extracción de datos».
La iniciativa terminó suspendida el 22 de junio después de que una falla expusiera conversaciones privadas y métricas de desempeño de empleados a toda la organización. La empresa aseguró que no existen indicios de accesos indebidos, aunque decidió pausar el programa mientras investiga lo ocurrido.
En medio del malestar, el director de tecnología, Andrew Bosworth, reconoció públicamente la tensión interna y manifestó su deseo de recuperar «lo mejor de la cultura corporativa» de la compañía.
- «Callejón sin salida»
La presión responde a un objetivo concreto: recuperar terreno frente a Google, OpenAI y Anthropic en el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial.
Los proyectos propios de Meta acumularon retrasos y resultados por debajo de las expectativas. Para revertir la situación, Zuckerberg reforzó las inversiones con una apuesta superior a los 14.000 millones de dólares en Scale AI y contrató a su fundador, Alexandr Wang, de apenas 29 años, para liderar un nuevo laboratorio dedicado a la llamada «superinteligencia».
La decisión también provocó nuevas salidas de peso. Entre ellas figura Yann LeCun, uno de los pioneros de la inteligencia artificial moderna y responsable de la investigación científica de Meta desde 2013, quien dejó la empresa para crear su propia compañía en París.
En una entrevista con el Financial Times, el ganador del Premio Turing cuestionó el rumbo adoptado por Meta. Además de señalar que Wang carecía de experiencia en investigación, sostuvo que perseguir la superinteligencia únicamente mediante grandes modelos de lenguaje conduce «a un callejón sin salida».
Mientras redefine su estrategia en IA, Meta también continúa ampliando su negocio de hardware con gafas inteligentes y analiza el lanzamiento de Arena, una aplicación de apuestas en línea que podría desarrollarse junto a Polymarket y Kalshi.
A ese escenario se suman nuevos desafíos judiciales. En marzo, un jurado de Los Ángeles responsabilizó por primera vez a Meta por los efectos de la adicción a las redes sociales, mientras que otro fallo en Nuevo México cuestionó la protección de menores en sus plataformas. La empresa apeló ambas decisiones, aunque aún enfrenta otros procesos durante este año.
El deterioro del clima interno quedó sintetizado en una publicación realizada por un empleado el mismo día en que se descubrió la filtración del programa de vigilancia. En un foro corporativo compartió la imagen de un personaje de The Office sosteniendo un cartel con una frase irónica: «0 días desde nuestra última estupidez».
Una transformación millonaria
- US$ 23.000 millones de ganancias obtuvo la empresa en el primer trimestre, un 30% más interanual.
- US$ 145.000 millones planea invertir este año en infraestructura e inteligencia artificial.
- 8.000 empleados fueron despedidos en 2026, alrededor del 10% de la plantilla.
- 6.500 trabajadores fueron reasignados a la división de inteligencia artificial.
- 1.600 empleados firmaron una petición para frenar el programa interno de vigilancia.
- US$ 14.000 millones destinó Meta a su apuesta por Scale AI y al nuevo laboratorio de «superinteligencia».
AFP
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