Día Mundial del Sueño: por qué dormir mal afecta la salud mental y el bienestar
En el Día Mundial de Sueño expertos señalan que dormir mal no solo afecta el descanso, sino que aumenta el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo.
El sueño es una función esencial del organismo, tan importante para la salud como la alimentación y la actividad física. Dormir bien contribuye a la memoria, el aprendizaje y la salud cerebral, además de ayudar al cerebro a eliminar desechos producidos por las neuronas.
Sin embargo, cuando el descanso es insuficiente o de mala calidad, las consecuencias pueden ser importantes. Diversos estudios señalan que la falta de sueño se relaciona con obesidad, diabetes, enfermedad coronaria y mayor riesgo de muerte cardiovascular. Además, dormir mal puede debilitar el sistema inmunológico, aumentando la susceptibilidad a infecciones que, a su vez, deterioran aún más la calidad del sueño, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.
Dormir mal y su impacto en la salud mental
En un contexto marcado por el estrés, el ritmo acelerado de vida y la hiperconectividad, los hábitos de descanso se ven cada vez más afectados. Por eso, la calidad del sueño se transformó en un indicador clave del bienestar psicológico.
Diversas investigaciones científicas muestran que dormir mal de forma persistente no solo afecta la energía diaria, sino que también aumenta el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo, como la depresión o la ansiedad.
En el marco del Día Mundial del Sueño, que se celebra este viernes, la neuróloga Stella Maris Valiensi, autora del libro La Ruta del Sueño (Editorial de la Universidad Hospital Italiano), analizó la relación entre el insomnio y estos trastornos.
“Las personas que duermen poco o mal durante períodos prolongados, por ejemplo durante dos años, tienen más del 50% de probabilidad de desarrollar síntomas depresivos. A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño”, explicó la especialista.
Según detalló, se trata de una relación bidireccional, ya que el insomnio puede ser causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo.
Insomnio circunstancial e insomnio crónico
No todos los episodios de mal dormir representan un problema clínico. En muchos casos, el insomnio puede aparecer de forma temporal, asociado a situaciones de estrés como exámenes, viajes o conflictos personales.
En estos casos se habla de insomnio circunstancial. En cambio, cuando el problema se mantiene durante más de tres meses, se considera insomnio crónico.
Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Fatiga constante
- Irritabilidad
- Bajo rendimiento
- Cambios en el estado de ánimo
- Dificultad para “apagar” la mente
- Preocupación excesiva por no poder dormir
“En muchos casos se genera un círculo ansiedad–insomnio, donde el miedo a no dormir termina empeorando el problema”, explicó Valiensi.
El riesgo de medicalizar el insomnio
La especialista también advirtió que existe una tendencia creciente a medicalizar el insomnio, muchas veces debido a la falta de tiempo en las consultas médicas o a las dificultades para acceder a terapias especializadas.
Entre las estrategias más recomendadas se encuentra la Terapia Cognitivo-Conductual para Insomnio (TCC-I), considerada uno de los tratamientos más eficaces.
“Cuando no se abordan las causas subyacentes, como ansiedad crónica, depresión, estrés laboral o conflictos emocionales, el síntoma puede persistir aunque la medicación ayude de forma temporal”, señaló.
Además, advirtió que el uso prolongado de medicación para dormir no es inocuo, especialmente cuando comienza en edades tempranas.
La melatonina, por ejemplo, se popularizó por su perfil “natural”, pero natural no significa necesariamente inocuo ni adecuado para todos los tipos de insomnio.
“Puede ser útil cuando existe una alteración del reloj biológico, pero su uso debe ser evaluado y controlado por un médico”, aclaró la especialista.
Claves para mejorar la calidad del sueño
Los especialistas destacan que cuidar el descanso también significa cuidar la salud mental. Promover hábitos saludables y consultar ante dificultades persistentes puede ser clave para romper el círculo entre insomnio y trastornos del estado de ánimo.
Por su parte, el Dr. Eduardo Borsini, del Servicio de Neumonología y Unidad de Sueño del Hospital Británico de Buenos Aires, explicó que la salud del sueño es multidimensional y va mucho más allá de dormir cierta cantidad de horas.
Qué tener en cuenta para un descanso saludable
Según el especialista, un sueño saludable implica considerar distintos factores:
- Duración: cuánto se duerme en las últimas 24 horas.
- Eficiencia: qué tan fácilmente se logra conciliar y mantener el sueño.
- Regularidad: horarios estables para dormir y despertar.
- Estado de alerta: capacidad de concentración durante el día.
- Calidad del descanso: sensación de recuperación al día siguiente.
“Planificar la salud del sueño requiere adaptar las estrategias a la vida de cada persona. Es fundamental cuidar el entorno de descanso: minimizar la luz, mantener una temperatura fresca y sentirse cómodo y relajado”, explicó Borsini.
Además, recomendó establecer horarios regulares y dormir al menos siete horas por noche, así como monitorear la calidad del descanso.
“El primer paso es reconocer que el sueño es esencial para la salud y convertirlo en una prioridad en la vida diaria”, concluyó.
El sueño es una función esencial del organismo, tan importante para la salud como la alimentación y la actividad física. Dormir bien contribuye a la memoria, el aprendizaje y la salud cerebral, además de ayudar al cerebro a eliminar desechos producidos por las neuronas.
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