¿Tenías a Portugal?
Destino no tan transitado por los argentinos, esconde bellezas sorprendentes. Por ejemplo, las arenas de la costa sur. Aquí una interesante recorrida por siete de sus mejores playas.
Michael Juhran
Prainha: rocas muy escarpadas por la acción del agua de mar dividen la playa en varios tramos. Cuando la marea está baja, estos tramos se comunican entre sí a través de grietas y agujeros y son transitables. De esta manera se puede llegar en el oeste a la playa de arena de Alvor, que tiene una extensión de siete kilómetros, y en el este a varias pequeñas calas cuyas playas se inundan cuando hay marea alta. Las rocas situadas frente a la playa atraen a los amantes del snorkel.
Praina do Camilo (izq.) es de fácil acceso y cuesta encontrar lugar. En Praia da Boneca (der.) solo se puede acceder por un sendero empinado.
Praia do Carvalho: acceder a esta pequeña playa situada al este de Carvoeiro es todo un desafío. Solo se puede llegar a ella desde el acantilado a través de un túnel de escalones esculpido a mano en la roca. La cala está delimitada a la derecha y a la izquierda por rocas. Los más atrevidos se lanzan aquí desde una altura de hasta 12 metros a las frías aguas.
Praia de Benagil: más hacia el este, en la playa de Benagil, una gigantesca cueva rocosa es el principal imán para los turistas. Cuando la marea está baja, se puede llegar a nado o en barco a esta cueva lavada por el mar y conocida como “catedral”. Aparece en muchas tarjetas postales del Algarve. La tranquila costa es ideal para los amantes del surf de remo, kayakistas y lanchas de excursiones que viajan diariamente entre Carvoeiro y Albufeira. Estas excursiones permiten explorar muchas calas tranquilas a las que sólo se puede acceder desde el mar. Los caminantes que recorren el sendero costero entre Benagil y Praia Marinha, un camino de dos horas, son premiados con vistas panorámicas fantásticas.
Praia Marinha: en muchas ocasiones, esta playa figuraba en los primeros lugares de las listas más diversas de playas de ensueño. Rocas imponentes, de hasta 30 metros de altura, protegen la playa del viento. En el extremo oeste de la playa se pueden explorar nadando grandes aberturas en las rocas y grutas. Con un poco de suerte, quien practica el snorkel puede descubrir caballitos de mar. Sin embargo, la playa muestra también los peligros del Algarve rocoso: en 1998 se desprendió aquí una pared rocosa cuyos restos siguen complicando el acceso a la parte occidental de la playa.
Praia do Martinhal: situada en el extremo suroeste del Algarve, esta playa es especialmente popular ente familias con hijos. Con su pendiente casi plana, hay un camino de madera para cochecitos, socorristas, varios restaurantes y un gran hotel especializado en recibir a familias con hijos. La ciudad de Sagres está a un tiro de piedra. En cabo de São Vicente se reúne todas las noches una multitud de bañistas portugueses y extranjeros para ver hundirse en el Atlántico el sol de color rojo.
Praia Odeceixe: difícilmente puede encontrarse una playa que presente tanta variedad como esta. En el norte, el río Seixe lleva agua dulce y arena a la playa creando una gran lengua de tierra que, cuando la marea está baja, también protege a los niños del oleaje generalmente fuerte en la parte oeste del Algarve. Mar adentro, los surfistas esperan la llegada de la ola perfecta. Uno también puede bañarse en el agua dulce o ir en canoa río arriba. Más al sur se amontonan en la playa empinadas rocas de pizarra que cercan la Praia das Adegas, una de las pocas playas nudistas de Portugal.
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Michael Juhran
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