Timerman y el “estilo” ordinario

Redacción

Por Redacción

El buen vicepresidente uruguayo, el economista Danilo Astori, se quejó –muy amargamente– de la situación actual de las relaciones bilaterales entre nuestro país y el suyo. Al hacerlo, sostuvo que nuestras relaciones con Uruguay “pasan por su peor momento comercial”, con “problemas serios” y que cada día “aparece una nueva dificultad”. Duro. Pero cierto, al menos para cualquier observador independiente. Ocurre que, respecto del Uruguay, desde el 2003 siempre le estamos buscando la quinta pata a la sota. Quejándonos y haciendo que, para el país hermano, en los hechos todo sea lo más difícil y enredado posible. Ofendidos aún porque –por falta de razones y exceso de exageración– no pudimos “parar” la construcción de las “pasteras” que ahora operan exitosamente en el país vecino. Pese a las constantes acusaciones (hasta el momento, sin fundamento concreto alguno) de que las pasteras “contaminan” las aguas de los ríos limítrofes. Mientras, de paso, nos hacemos absolutamente los distraídos respecto de las cada vez más reiteradas insinuaciones de que la contaminación de las aguas del río Uruguay podría provenir, en rigor, en buena medida, de las industrias instaladas en la zona de Gualeguaychú. De nuestro lado del río, entonces. En respuesta a la “queja” de Astori, Héctor Timerman, nuestro intemperante canciller, señaló que las relaciones bilaterales “pasan por su mejor momento”. Pese a que para bailar el tango hacen falta dos y nuestra contraparte se está quejando abierta y amargamente. Como conducta, la de siempre. Pero además Timerman se dio el “lujo” de señalar que es malo “usar la política exterior para el escenario interno”. Lo que es absolutamente insólito. Particularmente en su caso. Porque todos recordamos como –con una gigantesca pinza en sus manos– don Timerman embistió contra equipos militares norteamericanos, con una pícara sonrisa y frente a las cámaras de la televisión de nuestro país, buscando obviamente obtener rédito interno, en lo que terminó siendo un auténtico papelón mundial. El canciller, que es el gran responsable del cuestionable acuerdo suscripto con Irán, debiera ser más cortés y tolerante. No es quien más habla o más fuerte grita quien tiene razón. Ni aquí, ni en ningún lugar del mundo. Se trata nada menos que de cuidar nuestra imagen nacional. O lo que nos queda de ella, después de los incidentes, de todo tipo, que a Héctor Timerman pareciera gustarle protagonizar. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


El buen vicepresidente uruguayo, el economista Danilo Astori, se quejó –muy amargamente– de la situación actual de las relaciones bilaterales entre nuestro país y el suyo. Al hacerlo, sostuvo que nuestras relaciones con Uruguay “pasan por su peor momento comercial”, con “problemas serios” y que cada día “aparece una nueva dificultad”. Duro. Pero cierto, al menos para cualquier observador independiente. Ocurre que, respecto del Uruguay, desde el 2003 siempre le estamos buscando la quinta pata a la sota. Quejándonos y haciendo que, para el país hermano, en los hechos todo sea lo más difícil y enredado posible. Ofendidos aún porque –por falta de razones y exceso de exageración– no pudimos “parar” la construcción de las “pasteras” que ahora operan exitosamente en el país vecino. Pese a las constantes acusaciones (hasta el momento, sin fundamento concreto alguno) de que las pasteras “contaminan” las aguas de los ríos limítrofes. Mientras, de paso, nos hacemos absolutamente los distraídos respecto de las cada vez más reiteradas insinuaciones de que la contaminación de las aguas del río Uruguay podría provenir, en rigor, en buena medida, de las industrias instaladas en la zona de Gualeguaychú. De nuestro lado del río, entonces. En respuesta a la “queja” de Astori, Héctor Timerman, nuestro intemperante canciller, señaló que las relaciones bilaterales “pasan por su mejor momento”. Pese a que para bailar el tango hacen falta dos y nuestra contraparte se está quejando abierta y amargamente. Como conducta, la de siempre. Pero además Timerman se dio el “lujo” de señalar que es malo “usar la política exterior para el escenario interno”. Lo que es absolutamente insólito. Particularmente en su caso. Porque todos recordamos como –con una gigantesca pinza en sus manos– don Timerman embistió contra equipos militares norteamericanos, con una pícara sonrisa y frente a las cámaras de la televisión de nuestro país, buscando obviamente obtener rédito interno, en lo que terminó siendo un auténtico papelón mundial. El canciller, que es el gran responsable del cuestionable acuerdo suscripto con Irán, debiera ser más cortés y tolerante. No es quien más habla o más fuerte grita quien tiene razón. Ni aquí, ni en ningún lugar del mundo. Se trata nada menos que de cuidar nuestra imagen nacional. O lo que nos queda de ella, después de los incidentes, de todo tipo, que a Héctor Timerman pareciera gustarle protagonizar. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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